Rodrigo Karmy Bolton / La Nueva Constitución no es un régimen, sino el umbral para habitar el siglo

Política

1. En esta elección, ha quedado meridianamente claro que si la oligarquía de 200 años se ha venido abajo -intentando reconstituirse- no es porque mienta, sino porque su textura misma ha sido la mentira. Pero si no hay nada más que mentira es porque ella es puro simulacro. No hay más que eso. La destitución del 18 -O lo hizo prístino y evidente.

2. No basta «saber la verdad» para ganar la elección. De hecho, muchas veces «sabemos» algo, pero dejamos que ocurra o no podemos contrarrestarlo. El poder ideológico es así.

3. Es necesario potenciar el erotismo popular. En él se anudan lazos pues los cuerpos se abrazan para permanecer igualmente libres. No hay más libertad que en el abrazo, no en la soledad individual o en la masa poblacional (ambas formas técnicamente avanzadas), sino siempre en el erotismo abierto por la singularidad del encuentro.

4. La rabia no es odio. Este último e orienta a destruir a un otro para ocultar la injusticia (el fascismo); la primera se enfrenta directamente a la injusticia para destituirla. No ha habido más que «rabia» como clamor ciudadano de justicia. “Rabia” es la testificación de la injusticia en el instante en que el abuso institucionalizado prolifera y asedia. “Rabia” es una pasión práctica que no brota de una “mala voluntad” sino de las condiciones materiales; su acontecer práctico y cotidiano.

5. La oligarquía jamás podrá comprender al 18-O y cómo sus múltiples formas democráticas, se infiltran en la trama posterior de los acontecimientos. Para ella, todo se resume en la tautología de «violencia-anomia-violencia-anomia» que nada explica, ni nada complica.

6. Después de mucho tiempo (la última vez fue el 4 de septiembre de 1970), son los pueblos quienes tienen una propuesta y no la oligarquía. Propuesta -una Nueva Constitución- que irrumpe como fuego en el desgarro del presente.

7. No es con el futuro que ganaremos el futuro. Solo con los ojos puestos en las batallas del pasado no escrito podremos habitar el porvenir -no un futuro. Allende apelaba a la «confianza en nosotros» -designando con ello pasiones, sudores, fuerzas y luchas que, históricamente, nos han atravesado. Solo con la vista puesta en tal «confianza», con nuestros desaparecidos, nuestros países quebrados, con los miles de compañeres asesinados, pero a la vez, con nuestra victorias y alegrías, seremos capaces de abrazar la nueva época histórica.

8. El discurso oligárquico convierte a la revuelta popular del 18-O en el chivo expiatorio: fuente de todos los males de la República que la nueva estrategia de “acuerdos” tendrá que conjurar. Una nueva época de domesticación se nos viene. Ella tiene la ilusión de que será eficaz, pero eso es porque aún piensa que puede replicar la escena de 1988 de manera exacta y así desmovilizar a los pueblos.

9. Los ángeles están repartidos por montones. Los análisis “puristas” no dejan de proliferar. Curiosamente, los análisis del ultraizquierdismo y de la oligarquía comparten una concepción de la institucionalidad que parece tan “sagrada”, “fatal” e “inevitable”. En rigor, una metafísica de lo social incapaz de visualizar la variabilidad de los campos de fuerza. Los primeros, sostienen dicha posición acusando de “traición” al pueblo, los segundos denunciando a los “enemigos” del Estado. El reverso especular de ambas posiciones invisibiliza la disputa e hipertrofia el lugar de la institucionalidad como si fuera inexpugnable. En ellos, no hay analítica de la sublevación, no hay antagonismos, conflictos, todo deviene plano, angélico. El nihilismo se toma al pensamiento.

10. La Nueva Constitución no es un régimen, sino el umbral para habitar el siglo.

Imagen principal: Caiozzama


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