Inmediatamente después del fin de la Segunda Guerra Mundial, el historiador Emilio Roig de Leuchsenring publicó en La Habana un breve libro titulado Weyler en Cuba: un precursor de la barbarie fascista (Páginas, 1947) en el que establecía una conexión directa entre el fascismo político del siglo veinte y la sombra latente del general español Valeriano Weyler, quien comandó la intensa pacificación contra la insurrección independentista cubana de finales del siglo diecinueve. Es digno de elogio que Roig lograra, hacia el final del libro, capturar la realidad de lo que él llamó «weylerismo», una modalidad de guerra total e imperialista a gran escala contra poblaciones que no cesaron a pesar del derecho internacional y los diversos acuerdos de paz de los vencedores de la Segunda Guerra. Para Roig, la posicionalidad estructural de la política, incluso la de regímenes liberales-democráticos entre 1945 y 1947, seguía siendo maximalista, abarcando las condiciones de vida de las poblaciones y, por lo tanto, sirviendo de instrumento directo de la renta capitalista mediante la amplificación del campo de guerra. Lo que él denominó «weylerismo» o nueva barbarie fascista, supuso un salto cualitativo en la conducción bélica que entonces se materializaba en términos de control de la población en nombre del «orden»: “Todo lo que Weyler representó y practicó está vigente en la posguerra” [1].
La idea de “paz” (las Naciones Unidas se establecieron en el otoño de 1945 con la participación activa de Cuba, algo que Roig no podría haber ignorado) daba entrada a la continuación de nuevas formas de exterminio y ampliación de prácticas de la crueldad. De hecho, el modelo Weyler era, en gran medida, una forma administrativa de pacificación de la población mediante el campamento como nomos de la mera supervivencia. En sus memorias, el propio Valeriano Weyler justifica las “reconcentraciones” de la población campesina como una solución militar para responder a la actividad insurreccional, creando algo así como un espacio de exclusión dentro del territorio, incluso si esto llegase a desatar una hambruna entre los recluidos [2]. Como Roig no deja de repetir en su ensayo, la actualidad del mando weyleriano no es una imagen del pasado, sino algo que ya es parte esencial del mundo de hoy y, sin duda, del futuro.
Hoy vivimos el futuro histórico de Roig, y podemos afirmar con toda certeza que Weyler en Cuba: un precursor de la barbarie fascista (Páginas, 1947) ha cobrado una nueva vigencia. De hecho, hace apenas unos días, escuchamos a la Secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos afirmar que el Centro de Detención de Inmigrantes en los Everglades de Florida podría convertirse en un modelo para los centros de detención de todo el país gracias a su eficiencia espacial en cercanías de las pistas de aeropuertos, lo que facilita los vuelos de deportación y las extradiciones sin debido proceso. Como observó Stephen Bonsal ya en 1897 visitando la isla ocupada, las reconcentraciones en Cuba impulsadas por el mando militar de Weyler, se desplegaron cerca de emplazamientos estratégicos militares del ejército colonial [3].
No sorprende que, en el debate público actual sobre los campos de detención de inmigrantes en Estados Unidos, la discusión gire sobre la gestión sanitaria de dichos centros, y nunca en torno a las «localizaciones dislocantes» de estas zones d’attentes que se consolidan cerca de aeropuertos, puertos marítimos y puestos estratégicos del hinterland de las metrópolis estadounidenses [4]. Si el campo, o las reconcentraciones, no es más que una imagen cruda de la continua domesticación de la especie humana, como observó un gran escritor del siglo veinte, es muy posible que la actual metamorfosis del weylerismo haya triunfado de manera irreversible. Un triunfo que se constata en el carácter indolente y adormecido de la sociedad.
Notas
1. Emilio Roig de Leuchsenring. Weyler en Cuba: un precursor de la barbarie fascista (Páginas, 1947), 216.
2. Valeriano Weyler. Memorias de un general (Ediciones Destino, 2004), 257.
3. Stephen Bonsal. The real condition of Cuba today (Harper & Brothers Publishers, 1897), 112.
4. Giorgio Agamben. Homo sacer (Einaudi, 1995), 160.
Imagen principal: Cinthya Santos-Briones, Immigrants.

