Paola Chaparro / Disentir el mundo: género, ecología y cuerpos pensados desde una escritura feminista

Estética, Filosofía, Política

Síntomas de agotamiento de las formas en que hemos imaginado/habitado el mundo: el calor brutal, la escasez de recursos naturales, territorios apropiados y devastados, poblaciones desplazadas, las derechas mostrándose en su versión más extrema, los vientres controlados, las sentencias jurídicas teatralizándose en pantallas; cada una de estas escenas opera como una muestra no solamente de una época caótica sino de un desgaste, de una extenuación y, por tanto, de un límite que se ha alcanzado. Esta multiplicidad de escenas, de imágenes, de proyecciones sobre los cuerpos anidados en una retícula de afectos desbordados parece evidenciar el colapso de la arquitectura de la modernidad patriarcal y colonial que se instauró como el diseño político que organizó el mundo.

En Antropoceno como fin de diseño (2025), Alejandra Castillo nos presenta un análisis de las formas de desigualdad, vigilancia y despojo que emanaron del proyecto político moderno poniendo atención a la matriz excluyente que se instala a partir de una concepción de humanidad figurada en sujetos masculinos, blancos, letrados, heterosexuales y, particularmente, propietarios. De tal modo, el diseño político de la modernidad impone una forma patriarcal-capitalista-colonial la que hace imposible acoger la pluralidad de lo viviente.

El recorrido realizado a través de dicho ensayo no es una descripción de la catástrofe ni una lectura situada en el colapso por el que estamos atravesando, es otro el gesto, se trata de un desmantelamiento de la diversidad de capas de sentido superpuestas en la racionalidad política de la modernidad que van desde las violencias estructurales y la brutalidad policial, pasando por el desgaste ecológico hasta el desmantelamiento de los derechos; pero mostrando en cada una de estas capas el despliegue de operaciones que han invisibilizado afectos y memorias de todas las corporalidades no reconocidas en la corpo-política del ciudadano universal, racional, productivo y privilegiado.

Es así como en cada imagen dominante del mundo y de lo humano hay un relato que refuerza el diseño androcéntrico y elitista que ha pretendido configurar el ordenamiento jerárquico civilizatorio bajo el supuesto de una institucionalidad neutral como promesa de emancipación. Esa noción de un porvenir promisorio es desmontada precisamente por la evidencia del Antropoceno como exceso de nuestro habitar humano del mundo.

La lectura filosófica-política de Castillo evidencia las ficciones fundantes del diseño patriarcal-capitalista tensionando las nociones de política, ecología, cuerpo y democracia, permitiendo la irrupción de nuevos ensamblajes entre cuerpos, afectos y la reconfiguración de lo filial y de lo común. Al proponer la categoría de diseño para pensar lo político, esta pensadora nos propone que se trata de algo más que un modelo o sistema, se trata de una tecnología política que se encarga de ordenar el mundo bajo una racionalidad específica que va instalando lógicas sobre los cuerpos, los saberes, los territorios y las temporalidades, es decir, sobre lo viviente en su conjunto. Esto nos permite dilucidar los dispositivos de control contemporáneos instalados en la modernidad como son la ciudadanía, la familia, el trabajo productivo, la naturaleza, la educación, entre otros; a su vez, nos insta a observar que no solamente se trata de un conjunto de manifestaciones sociopolíticas sino de una retícula que es universalista, pero también localizada, microfísicamente instalada en cada territorio, sobre cada objeto, sobre cada subjetividad.

De esta manera, el diseño político de la modernidad se encargó de moldear, armar, capitalizar y apropiarse de cada cuerpo-objeto-mercancía. Las pautas analíticas que se instalan bajo la categoría de diseño político-civilizatorio lo que abre a nuestro entendimiento es comprender que se instaló desde un eje epistémico ocularcéntrico, por ende, se conformó en una práctica técnica a la vez que estética, representacional a la vez que operativa, una tecnología de visibilización que fue determinando qué cuerpos pueden ser vistos y de qué manera y cuáles han de ser excluidos, desfigurados e invisibilizados.

El diseño, entonces, operó como un filtro político que instaló los regímenes sobre los cuerpos, estableciendo su posibilidad de ser vistos, o, de ser excluidos desde la invisibilización de los mismos. Por tanto, este diseño fue excluyendo a todo aquello que no estuviera en su cuerpo-eje, es decir, a los cuerpos no masculinos, no blancos, no racionales, no productivos, organizando, de tal modo, los comportamientos, las percepciones y los deseos obligando a cada sujeto a actuar de acuerdo al mandato de ser visto en esta máquina-retícula organizadora de lo existente/visible.

La línea de pensamiento trazada por Castillo recorre momentos, intensidades y afecciones globales, pero se sitúa en una crítica desde los territorios que habitamos, expone los diseños de fronteras, los mitos sobre la propiedad, las prácticas extractivistas que se disfrazaron de progreso y la manera en que América Latina no fue propuesta como sujeto partícipe del diseño, sino más bien como un objeto que a modo de laboratorio constituyó el espacio para poner a prueba formas de gobierno, modelos, prácticas eugenésicas, ecocidios y modos de manifestar lo patriarcal en clave precarizada. Al situar la reflexión en estas latitudes lo que emerge es la comprensión de que el Antropoceno es más que un síntoma de desgaste ambiental es, sobre todo, la crisis de un proyecto civilizatorio nacido en Occidente, pero que converge y tiene sus resonancias en cada rincón del planeta, con facetas cruentas, generando despojos tanto de las tierras como de los cuerpos, los cuales entran en un vórtice de lo descartable. Lo que estamos presenciando como una resquebrajadura son los cimientos o las bases sobre las cuales se sostuvieron las narrativas que legitimaban el extractivismo, la neoesclavitud y la violencia sobre los cuerpos racializados y/o feminizados. Este mismo contexto es el que hace posible disentir sobre el orden epistémico y, por tanto, sobre el orden político-civilizatorio.

Ahora bien, lo que despliega Alejandra Castillo es la reubicación de la acumulación originaria para ampliar nuestra comprensión sobre los procesos económicos del capitalismo en el entendido que el binarismo sexo genérico ha constituido una pieza clave del entramado maquínico de la producción de mercancías, la reproducción de cuerpos y el establecimiento de una escisión entre cuerpos útiles, reproductivos y descartables. La lectura feminista elaborada por la autora es aguda, propone una genealogía de los cuerpos que han sido relegados bajo el esquema de la diferencia sexual en tanto cuerpos femeninos circunscritos al ámbito de la reproducción y los cuidados de los otros, y, por ende, escindidos de los espacios del disenso y la potencia política. Pero la lectura amplía la reflexión generando espacios disconformes con las políticas del reconocimiento, no apela a la igualdad como vector; por el contrario, apela a una política del desvío, al disenso que propone cuerpos sin diseño, al deseo como la fuerza que moviliza desde lo impropio, sin centro fijo, sin un destino que pueda ser trazado previamente, es el exceso de los cuerpos que genera vínculos no normalizados ni normalizables.

La lectura de Antropoceno como fin de diseño es ineludible para los tiempos que vivimos, pues lo que se confronta no son las responsabilidades sobre el agotamiento del planeta sino las posibilidades que se abren para disentir sobre los modos de organización que han conformado las políticas del habitar, es pensar lo común desde otras resonancias, apelar al disenso radical. En esos términos, no se propone un diseño alternativo, sino que es un texto que nos interpela en lo más profundo, de manera tal que apostemos por formas de vida que disloquen las coordenadas impuestas por la racionalidad del capital en torno al rendimiento, la producción, la reproducción y el incesante afán de posesión; es abrir espacio a lo que no se ha dejado cartografiar, a los afectos, los gestos, las miradas, la proximidad es encarnarse en el cuerpo, pero no desde lo individual, sino desde el entrelazamiento que permita una reconfiguración en común.

El Antropoceno es, por tanto, una gran grieta, es ese desgaste que se va ampliando como espacio para ser intervenido; es la apertura a las resistencias afectivas. La época del Antropoceno es un conjunto de síntomas que materialmente nos enfrentan con claridad a la maquinaria de un diseño que muestra su obsolescencia funcionando, aun, en su propia ruina. Es así como los cuerpos se convierten en la plataforma que ya no logra inscribir las exigencias de un mundo colapsado, se convierte, por ello, en un espacio de intervención, en un archivo vivo del cual emergen las memorias de violencias que se sostuvieron en el tiempo, pero también de potencia de desmantelación de lo diseñado heteropatriarcalmente.

En esos términos, Castillo apela a un feminismo disidente, no a un feminismo que intervenga el diseño para encontrar su espacio en clave de equidad, sino uno que opta por los márgenes. Un feminismo de cuerpos femeninos, feminizados, trans, disidentes, precarizados, racializados, migrantes. Un feminismo disidente cuya potencia desborda la lógica utilitaria permitiendo habitar espacios de lo no-diseñable en los que la creatividad del habitar se haga posible por la presencia en común.

En otras palabras, este ensayo propone poner en tensión las certezas que han delineado nuestro habitar y las prácticas que repetitivamente recrean nuestra cotidianidad como esa tecnopolítica que hemos de desmantelar en principio desde la reflexión de cada una de las escenas que la recrean, de cada una de las coordenadas que convergen y anidan los diseños que instalan la dominación, la exclusión y explotación de los cuerpos en los márgenes; pero, principalmente, el gesto en este recorrido busca articular la política con la filosofía y los afectos, instando a encarnar el disenso como forma de existir fuera de todo orden previamente diseñado.

Referencia

Castillo, Alejandra. Antropoceno como fin de diseño– 1a ed. – Adrogué Aires: La Cebra, 2025.

Paola Chaparro, académica de la Universidad Autónoma de Chihuahua, México.

Imagen principal: Tadashi Kawamata, Destruction n°49

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