Giorgio Agamben / ¿Dónde estamos?

Filosofía, Política

En el infierno. Cualquier discurso que no parta de esta conciencia carece simplemente de fundamento. Los círculos en los que nos encontramos no están dispuestos verticalmente, sino esparcidos por el mundo. Dondequiera que los hombres se asocian, producen infierno. Los círculos y los abismos están por todas partes a nuestro alrededor, y reconocemos, como en los caprichos de Goya, a los monstruos y demonios que los gobiernan.

¿Qué podemos hacer en este infierno? No tanto o no solo, como decía Italo, custodiar una parcela de bien, lo que en el infierno no es infierno. Porque también ella ha sido contaminada, en su totalidad o en parte; en cualquier caso, no te escaparás. Más bien, detente, calla, observa y, en el momento oportuno, habla, rompe el velo de mentiras sobre el que descansa el infierno. Porque el mismo infierno es una mentira, la mentira de las mentiras que impide el paso al no infierno, a lo que existe felizmente, simplemente, anárquicamente. Al nunca haber sido que el infierno cubre cada vez con su estado, como si no hubiera otra posibilidad fuera de los abismos y los círculos en los que ya te han inscrito necesariamente. Sé tú el punto, el umbral en el que el estado desaparece, en el que brota lo posible, la única realidad verdadera. El pensamiento no consiste en realizar lo posible, como te invitan a hacer los demonios, sino en hacer posible lo real, en encontrar una salida a la inevitabilidad de los hechos que la ideología dominante intenta imponer en todos los ámbitos, y sobre todo en la política. Mientras que en el infernal bullicio que te rodea todos tratan de realizar diabólicamente, técnicamente a cualquier precio lo posible, para ti cada estado, cada cosa, cada brizna de hierba, si los percibes en su verdad, vuelven a ser, silenciosamente, lúcidamente posibles.

Fuente: Quodlibet.it

Imagen principal: Frank Stella, Arundel Castle, 1967

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