Philippe Theophanidis / La guerra civil global: una introducción

Filosofía, Política

1. ¿Por qué “guerra civil global”? [1]

¿Por qué “guerra civil global” y por qué bajo la forma de una “introducción”? La motivación de esta inscripción es doble. En primer lugar, ella busca exponer el concepto de “guerra” como un problema. ¿Qué queremos decir cuando hablamos hoy de “guerra”? ¿Cómo puede el concepto conservar su relevancia mientras tratamos de entender lo que nos sucede a “nosotros”, esto es, lo que sucede con la manera en que vivimos juntos? En segundo lugar, la idea de “guerra civil global” sugiere de antemano que la guerra no es ya lo que era y que se ha vuelto una parte importante de nuestro estilo de vida, nuestra cultura. En vez de adentrarnos en las numerosas especificidades asociadas con la idea de “guerra civil global” propongo una simple cartografía.

2. Panorama de la estructura

Voy a empezar ofreciendo un breve contexto histórico para el fenómeno de la “guerra civil”. Luego, voy a mostrar cómo el siglo veinte ha sido testigo de una transformación cualitativa en la manera en que se experimentan la guerra y las posibilidades de la aniquilación. El concepto de “guerra civil global” emergió dentro de este contexto histórico específico. Además, voy a ofrecer una rápida genealogía del término y cómo éste se ha desarrollado desde el inicio de la Primera Guerra Mundial a las postrimerías del 11 de septiembre. Esto nos llevará a comentarios provenientes de una variedad de fuentes contemporáneas como Jean-Luc Nancy, Franco “Bifo” Berardi, y Giorgio Agamben.

Los conflictos civiles en realidad no suponen un nuevo fenómeno. De acuerdo con la interpretación compartida por Platón, los seres humanos que se reunieron por primera vez en ciudades se estaban dañando los unos a los otros: “se hicieron daño entre sí”. Esto era así porque al principio carecían del “arte cívico” o más precisamente de las artes de la política (politikin texhnin), las cuales incluyen el arte de la guerra (is meros polemiki) [2]. La historia de esos conflictos continúa hasta llegar a la stasis: una palabra que Tucídides empleaba para designar una confrontación interna a los miembros civiles de una determinada ciudad-estado (πόλις: polis). Tucídides específicamente vinculó la stasis a la guerra del Peloponeso en su famosa Historia de la guerra del Peloponeso [3].

Por su parte, la helenista francesa Nicole Loraux ha mostrado en un estudio importante que los modos conflictuales de interacción están íntimamente enraizados en la manera en que la antigüedad helénica concebía la política (1997) [4]. Loraux no argumenta meramente que los conflictos grupales letales eran parte de una naturaleza humana, una teoría que es aún hoy es objeto de debates [5]. Al contrario, Loraux muestra que los conflictos generalizados internos a los grupos humanos nacieron con la idea de la política. Es decir, muestra que la stasis o “guerra civil” no es lo opuesto de la política, sino que es constitutiva de ella. De manera que los conflictos antagónicos son inherentes a las formas de vida organizadas. Más tarde, en el primer siglo a.C., los romanos acuñaron la expresión “bellum civile” para nombrar esta condición [6]. Puede encontrarse en un informe escrito por Julio César alrededor del 40 a.C.: Commentarii de Bello Civili.

Me saltaré algunos momentos importantes y concluiré este breve panorama histórico con Thomas Hobbes, quien pensó en torno a la guerra como un estado de naturaleza. Desde su perspectiva, la forma natural de estar juntos implica luchas divisivas y podría fácilmente servir de insumo para una guerra de “todos contra todos”. El principio de autoridad soberana es traído como una forma de inmunizarnos contra el estado de naturaleza. Roberto Esposito ha argumentado convincentemente que la inmunización contra el conflicto y la muerte violenta funda el paradigma moderno de la filosofía política. En otras partes, Esposito ha puesto mayor énfasis en la importancia que una cierta tradición de la filosofía política italiana -empezando con Maquiavelo- otorga a la “inmanentización del antagonismo”: el hecho de que los conflictos sean constitutivos de los órdenes políticos [7]. Y con esto ya estamos: una breve historia de la existencia y de los conflictos, de la existencia como conflictos, y la política ya sea como constituida por esos conflictos o como una forma de evitarlos. Este es el horizonte general del problema que ya he comenzado a desplegar [8].

3. El siglo veinte y la posibilidad de la auto-aniquilación

El siglo veinte parece haber traído consigo este problema a niveles de intensidad sin precedentes. Junto con el deseo de una renovación de las formas adecuadas de unidad política, emerge un modo de coexistencia trágicamente caracterizado por expresiones masivas de violencia, conflictos y confrontación. Las catástrofes mortales que han sacudido al siglo pasado aún nos conmueven hoy. El mismo movimiento que junta a los seres humanos trae consigo el potencial de alimentar varias formas de vida política fundadas en la destrucción mutua. Desde esta perspectiva, está claro que el problema de relación a través de la confrontación, lejos de pertenecer a tiempos prehistóricos o antiguos, claramente permanece siendo un legado compartido: algo que nosotros heredamos como una herida abierta. En este punto, se vuelve posible entender por qué y cómo la categoría clásica de “guerra” debe ser revisada.

Una de las fortalezas del análisis de Michel Foucault es el habernos mostrado en la actualidad que las políticas de la vida paradójicamente son siempre susceptibles de ser transformadas en obras de muerte. Esta situación se ha vuelto posible porque la política y la guerra no son sino dos diferentes estrategias para codificar el poder de la biopolítica: estrategias donde una es “siempre susceptible de pasar a la otra” [9]. Los conflictos más mortales del siglo pasado han sido llevados a cabo en nombre de salvaguardar la integridad de la vida: la vida de una población, una nación, una comunidad: “Las guerras ya no se llevan a cabo en nombre de un soberano que debe ser defendido; se llevan a cabo en nombre de la existencia de todos; poblaciones enteras son movilizadas con el propósito de masacrar al por mayor, en nombre de las necesidades de la vida (o de la necesidad de la vida, dependiendo del original): las masacres se han vuelto vitales” [10].

En el curso del siglo veinte, desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial hasta las presentes discusiones acerca del así llamado “antropoceno”, la capacidad de la especie humana para destruirse completamente a sí misma ha sido y sigue siento un lugar común recurrente. En su ensayo de 1919, La crisis del espíritu, Paul Valéry ya había observado, “nosotros, las civilizaciones más tardías… también sabemos que somos mortales” [11]. Una década después, Freud concluía su ensayo sobre El malestar en la cultura insistiendo en que: “la pregunta fatídica para la especie humana me parece que es si, y hasta qué punto, su desarrollo cultural logrará dominar la perturbación de su vida común por parte del instinto humano de agresión y autodestrucción” [12]. Y luego de la bomba atómica en Hiroshima, preocupaciones semejantes fueron expresadas por varios autores, desde Albert Camus a Georges Bataille, de Günther Anders a Hannah Arendt, entre otros. Es tiempo de volver más específicamente a la emergencia de la idea de “guerra civil global”.

4. “Guerra civil global”: genealogía del concepto

En octubre de 2001, Giorgio Agamben dictó dos seminarios acerca de la guerra civil en la Universidad de Princeton. Usó parte de sus investigaciones en su obra Estado de Excepción, publicado por primera vez en italiano en 2003. Los seminarios mismos fueron recién publicados el año pasado bajo el título de Stasis: la guerra civil como un paradigma político. No puedo adentrarme en el intrincado análisis que ofrece, pero puedo comentar algunos de sus hallazgos. En Estado de excepción, Agamben sugiere que la expresión “guerra civil global” aparece en el mismo año -1963- en el libro de Carl Schmitt La teoría del partisano y en Sobre la revolución de Hannah Arendt [13]. Como otros ya han señalado, Hannah Arendt no se ocupa de la expresión “guerra civil global” en su libro; en cambio, escribió acerca de “un tipo de guerra civil que se libra en toda la tierra” [14]. La palabra que Schmitt empleó, y que se tiende a traducir como “guerra civil global” –Weltbürgerkrieg– aparece en un ensayo anterior, publicado en 1943 [15]. Schmitt debe haberla tomado de los Diarios de París de Ernst Jünger. En efecto, Jünger escribió acerca de una Weltbürgerkrieg en noviembre de 1942 para caracterizar la Segunda Guerra Mundial en curso [16]. Jünger escribió otras glosas muy pertinentes sobre la “guerra civil global” en su ensayo “Movilización total” publicado por primera vez en 1930.

Otros han trazado el uso de la expresión hasta 1914, ya que también fue usada para caracterizar a la Primera Guerra Mundial [17]. Habría un punto importante sobre la diferencia entre esas expresiones -especialmente “guerra mundial civil” y “guerra civil global” o “guerra civil internacional”-, tanto en inglés como en las otras lenguas, pero dejaremos esto a un lado por el momento [18]. Bastará con decir que la idea de una “guerra civil” que abarque todo el mundo emerge al principio mismo del siglo veinte. Para Schmitt, la expresión “guerra civil global” sirve para subrayar la crisis del principio del estado soberano. Marca el colapso de la distribución tradicional de los poderes y los riesgos asociados con la emergencia de conflictos armados que pueden pasar por alto el marco de las leyes internacionales. En tal contexto, la distinción tradicional propuesta por Schmitt entre amigos y enemigos, que permitió una cierta regulación de las relaciones antagónicas entre los estados soberanos, ya no se sostiene. En vez de ser agentes de regulación, los estados soberanos se han vueltos blancos de ataque [19].

Similarmente, en su ensayo, Sobre la revolución, Hannah Arendt establece que la distinción entre el ámbito de la guerra (que ha sido situada entre estados soberanos) y la esfera civil (interna a cada estado soberano) comenzó a desdibujarse con la Primera Guerra Mundial. Entre otras razones, ella se refiere al desarrollo de nuevos sistemas de armamento y a nuevas estrategias de guerra. Arendt puede haber estado pensando acerca de la emergencia de la guerrilla química y la práctica del bombardeo “indiscriminado” o “de área”, que culminó en la Segunda Guerra Mundial. Esto es lo que hizo que escribiera acerca de una “guerra total” y de “un tipo de guerra civil que se libra en toda la tierra”. Uno puede imaginar cómo aquellas condiciones siguen hasta ya avanzada la guerra fría. Así, en el “Mensaje anual al Congreso” que dio en enero de 1962, John F. Kennedy pudo deslizar esta observación: “Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, una guerra civil global ha dividido y atormentado a la humanidad” [20].

5. Articulaciones contemporáneas

En las líneas iniciales de Stasis, Agamben afirma que “se reconoce generalmente que carecemos completamente de una teoría de la guerra civil” [21]. Pero este no es el caso. Un profesor de ciencia política en la Universidad de Yale que ha escrito extensamente sobre el tema de la guerra civil, Stathis Kalyvas, sugiere por el contrario que “el estudio de la guerra civil por los politólogos ha estallado desde mediados de los noventa” [22]. Este interés ha aumentado aún más con el advenimiento de la “guerra global contra el terrorismo” y con los múltiples problemas que hace surgir (éticos, políticos, judiciales: piénsese en los ataques de drones). Hoy, la guerra en curso en Siria alimenta aún más la discusión: algunos oficiales de la ONU han reconocido que lo que está sucediendo ahí es una “guerra civil”, pero el tema sigue siendo objeto de debate. Muchos estudios interesantes han sido publicados y pueden ayudar a comprender mejor esta condición llamada “global”. En las postrimerías del 11 de septiembre y en continuidad con su trabajo sobre el problema de la “comunidad”, Jean-Luc Nancy escribió un ensayo titulado La comunidad enfrentada. Abre con algunas consideraciones sobre una guerra que difiere de las ideas clásicas compartidas por Carl von Clausewitz dos siglos antes. Escribió: “El presente estado del mundo no es una guerra de civilizaciones. Es una guerra civil: es la guerra interna de una ciudad cercada, de una civilidad, de una ‘urbanidad’, que está en proceso de expandirse hasta los mismos límites del mundo, y, a causa de esto, de extenderse hasta el extremo de sus propios conceptos” [23]. Desde esta perspectiva, la “guerra” se ha vuelto una condición co-existencial: nuestra condición compartida.

Escribiendo tan solo unos años más tarde, Agamben propuso un diagnóstico en su ensayo Estado de excepción. Trabajando en la estela del pensamiento de Carl Schmitt, Agamben sostiene que la “guerra civil global” es la expresión ejemplar del estado de crisis permanente en el cual nos encontramos: esto es, una situación en la que la excepción se ha vuelto la regla de la política contemporánea. Algo similar sostiene Peter Sloterdijk en su trilogía Esferas cuando habla de una “guerra de espuma”: “Lo que actualmente se ha proclamado confusamente en todos los medios de comunicación como la globalización del mundo es, en términos morfológicos, la guerra de espumas universalizada” [24]. Al hacerlo, Sloterdijk subraya la confusión entre “globalización” y “unidad”: la aldea puede haberse vuelto “global”, pero eso no significa que esté unida y que sea armoniosa. Y, por su parte, Franco Berardi había repetido un argumento análogo en su artículo “The Coming Global Civil War: Is There Any Way Out?” publicado hace tan solo algunos meses [25]. En él, Berardi se pregunta retóricamente si la guerra es, efectivamente, “global” como se suele describir. Y nos dice: “No existe ningún frente unificado a la vista, pero abundan micro-conflictos fragmentados y sorprendentes alianzas sin visión general estratégica alguna”. Aunque resultan extremadamente necesarios algunos desarrollos adicionales, estimo que por ahora el panorama nos va quedando más claro. Ofrezco los siguientes dos puntos como base para una discusión futura.

En primer lugar, la guerra puede muy bien ser “global”, pero esto no significa que sea la misma para todos. Ciertamente, no es experimentada de la misma manera en las ruinas de Alepo, en Gaza y en las calles de París. Solo tenemos que mirarnos entre nosotros, sentados en una conferencia, para reconocer esto. Así, la guerra puede ser global, pero un análisis cuidadoso sigue siendo necesario para delinear las maneras en que se está desarrollando concretamente. Hablar o escribir acerca de una “guerra civil global” no puede servir como un argumento de clausura: solo puede significar la elaboración pormenorizada de la discusión.

En segundo lugar, el desdibujamiento de la distinción entre la esfera de las actividades civiles y la de las actividades militares sugiere que una “guerra civil global” también desdibuja la categoría de los “conflictos armados”. Cuando la guerra está “en todas partes”, como se ha argumentado en otro lugar, lo que constituye un “arma” difuso y poco claro [26]. Este desdibujamiento permite erigir otra pregunta importante: ¿pueden los desastres ser incluidos en las maneras en que esta “guerra civil global” es experimentada? En 2005, las metáforas de guerra eran utilizadas por oficiales para describir los efectos del huracán Katrina en New Orleans. Y cuando el ex-primer ministro canadiense Stephen Harper visitó el sitio del desastre ferroviario de Lac-Mégantic en el verano de 2013, lo llamó una “zona de guerra”. Para precisar la observación un poco más podemos preguntarnos: ¿puede el impacto de nuestro estilo de vida -el uso de autos, la extracción de recursos naturales, el consumo de plástico – en nuestra condición co-existencial compartida ser entendida como una forma de guerra por otros medios?

*(Nota del traductor). Este ensayo inédito fue presentado en el taller “The Working Group on War and Culture,” Cultural Studies Association, que tuvo lugar en la Villanova University, 2016. He mantenido las referencias originales usadas por Theophanidis, salvo en aquellas en las que lo indico lo contrario. Traducción por Gerardo Muñoz para Ficción de la Razón, 2022.

Notas

1. Trabajo presentando en el marco del taller “The Working Group on War and Culture” que tuvo lugar en Villanova University, 2016.

2. Platón. Protagoras (LOEB, 1942), 132-133, 332b.

3. Jonathan J. Price. Thucydides and Internal War. Cambridge: Cambridge University Press, 2001).

4. Nicole Loraux. The Divided City: On Memory and Forgetting in Ancient Athens (Zone Books, 2006).

5. John Horgan. “Has a Bogus Theory of War Kept Obama from Being a Peace President?”, Scientific America, June 1st, 2016: http://blogs.scientificamerican.com/cross-check/has-abogus- theory-of-war-kept-obama-from-being-a-peace-president/>

6. Retomo ideas de “Worlds of Civil War: Globalizing Civil War in the Late Twentieth Century” borrador presentado en “Critical Analysis of Law Workshop, University of Toronto Faculty of Law, 2 de octubre, 2015. También ver, David Armitage, Civil War: A History in Ideas (Alfred A. Knopf, 2016).

7. Roberto Esposito. Communitas. The Origin and Destiny of Community (Stanford Universtiy Press, 2010).

8. Roberto Esposito. Living Thought: The Origins and Actuality of Italian Philosophy (Stanford University Press, 2012). 45-58.

9. Michel Foucault. The History of Sexuality (Pantheon Books, 1978), 83.

10. Ibid., 137.

11. «La Crise de l’esprit» apareció en inglés en The Athenaeum, mayo de 1919. La versión francesa en el mismo año en la publicación La Nouvelle Revue Francaise.

12.Traducción de James Strachey (1961), 92.

13. Giorgio Agamben. State of Exception (University of Chicago Press, 2003), 3.

14. Hannah Arendt. On Revolution (Penguin Books, 1963), 17.

15. Carl Schmitt. “Die letzte globale Linie”, en Staat, Großraum, Nomos: Arbeiten ausden Jahren (Duncker & Humblot, 1969), 441-452.

16. Enzo Traverso. Fire and Blood: The European Civil War, 1914-1945 (Verso, 2016).

17. Ver Armitage (2016), y Ninon Grangé “La guerre civile (mondiale?) et le dialogue Schmitt-Benjamin”, Astérion, Vol. 13, 2015: http://asterion.revues.org/2628.

18. Un buen punto de partida es The creation of the world or globalization (SUNY Press, 2007), de Jean Luc Nancy.

19. Tarik Kochi. “The Partisan : Carl Schmitt and Terrorism”, Law Critique, Vol. 17, no. 3, Noviembre, 2016. 267-295.

20. Mensaje Anual al Congreso sobre el estado de la nación. 11 de Enero de 1962: http://www.presidency.ucsb.edu/ws/?pid=9082

21. Giorgio Agamben. Stasis: Civil War as a Political Paradigm (Stanford University Press, 2015).

22. Ver, “Civil Wars”, en The Oxford Handbook of Comparative Politics (Oxford University Press. 2009). 417.

23. Jean Luc Nancy. The Confronted Community. Postcolonial Studies, Vol.6, No.1, 2003, 23.

24. Peter Sloterdijk. Spheres Volume I: Bubbles. Microspherology (Semiotexte, 2011), 71.

25. Franco Bifo Berardi. “The Coming Global Civil War: Is There Any Way Out?», e-flux, Issue 69, January 2016.

26. Derek Gregory. “The Everywhere War.” The Geographical Journal, 177.3, 2011, 238–250.


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