Rodrigo Karmy Bolton / El nudo del mundo

Filosofía, Política

Palestina es el nudo del mundo. El lugar en el que éste se ahorca, sitio baldío donde la respiración se corta. Si el reino de la fuerza se ha tomado el planeta, devorándolo de un zarpazo, es precisamente porque tal fuerza arrasa ante todo a Palestina. La cuestión de fondo es que Palestina porta consigo el genocidio consumado por décadas en virtud de la colonización sionista donde el derecho internacional ha quedado en suspenso hasta implosionar como ocurre en la actualidad.

Netanyahu viaja por Europa ahora. Pasea por varios países que le acogen con total normalidad, a pesar, que todos esos países se debían a la obligación de llevar al asesino a la Corte Penal Internacional. Hubiera sido Putin todo habría cambiado. Pero Israel goza de impunidad, lo sabemos. El punto no es solo eso sino, además, en virtud de la intensificación de la nakba bajo la forma genocida, en Israel tiene lugar la implosión del marco liberal clásico que triunfó en la Segunda Guerra Mundial, cuestión que se expresa en el permanente triunfo de la ultraderecha proveída del fundamentalismo religioso remitida a las capas militaristas israelíes, durante las últimas décadas.

Israel mismo se funda desde 1948 cuando las tropas aliadas ingresan a Europa y las Naciones Unidas prometen una paz duradera (la “paz perpetua” de Kant). Lo cierto es que ese momento -1945 en adelante- irrumpe desde ya con la expulsión de la población palestina de su Tierra y el inicio de la colonización. El acto criminal perpetrado, que permite el dominio del 78% del territorio palestino en desmedro de un 22% del mismo para la población nativa, así como la enorme producción de refugiados palestinos vigentes hasta la fecha, muestran que el nuevo orden internacional instaurado se realizó al precio de Palestina. por eso, si lo que hoy está en juego es, precisamente, la fuerza del capital global que ya no necesita del marco liberal instalado en el mundo de la postguerra porque apuesta por nuevas formas de acumulación y apropiación de la tierra, Palestina vuelve a aparecer como el nudo en el que el mundo está apresado.

¿Por qué? Porque en Palestina el ordenamiento liberal siempre significó devastación: liberalismo para Israel al precio de la expulsión de los palestinos, derechos para ciudadanos israelíes, segregación para los ciudadanos palestinos; progreso para los primeros, catástrofe para los segundos. La “compartimentalización” señalada en su momento por Fanon, instaurada por la colonización, en la que unos y otros viven solo al precio de la segregación institucionalizada (apartheid) constituye la realidad más profunda del vivir cotidiano palestino. Palestina es, en este sentido, el lugar en el que marco liberal se identifica enteramente con su reverso colonial.

A esta luz, Palestina vuelve. Nunca se fue, siempre estuvo aquí, a pesar de la invisibilización sionista y sus agencias mediáticas. Lo cierto, es que la mutación del capitalismo mundial implica un impulso autoritario por el cual se desprende de sus ropajes liberales para asumir formas neocorporativistas y financieras que, como bien entendió Marx, requieren de la fuerza policial y militar para apropiarse de la tierra. Es interesante que la actual coyuntura arancelaria en la que nos sitúa Trump se muestra lo que Marx nos había dicho tan claramente: los economistas pueden saber de economía, pero no entienden nada del funcionamiento del capitalismo. Trump ha dejado a nuestros expertos en economía fuera de juego. Como verdaderos dogmáticos que no pueden ver un aspecto mínimo de la realidad y que mucho menos pueden contemplar el ordenamiento del todo.

En este sentido, algunos se han apresurado a ver en las medidas trumpistas un “retorno” al mercantilismo del siglo XVII, como si la receta económica trumpista significara un “retroceso” al supuesto “progreso” de la historia1. Tesis liberal que, agónica, intenta sobrevivir a su brutal naufragio y donde ha sido precisamente el ordenamiento liberal el que llevaba consigo su propio colapso, su destrucción apocalíptica en cuanto, al mutar en neoliberalismo, enriqueció a una oligarquía militar-financiera que domina el planeta y que hoy, en medio de su crisis (la contradicción entre capital y trabajo, entre orden y fuerza, entre norma y vida, si se quiere) intenta buscar nuevos horizontes de acumulación.

En otros términos, el mismo orden liberal instaurado hacia el final de la Segunda Guerra Mundial y su intensificación neoliberal de finales de los años 70 ha sido las que nos ha llevado hasta el apocalipsis del presente. Pues ¿qué ha sido el neoliberalismo sino una máquina capaz de combinar la racionalidad del liberalismo clásico con la del fascismo histórico?

Por eso Palestina: ella fue el precio del sistema liberal, ella ha sido el lugar en el que el capital ha violado toda moral, todo orden, todo derecho. La fuerza del capital se ha acumulado intensamente por Israel durante 77 años de nakba y es hoy ese registro el que se amplifica y se transforma en mundo. No hay derechos para nadie, porque todo se transforma en Gaza: quien cuestione el sistema tributario trumpista puede ser destruido inmediatamente, sin más juicio que la desnudez soberana que declara al terrorismo como su enemigo.

Nada de esta mutación capitalista podría tener lugar sin Palestina, por tanto: es Palestina la que ha mostrado el fracaso de Israel como proyecto ético y político, es Palestina la que exhibe la hipocresía del derecho internacional, es Palestina la que expone el derrumbamiento del ordenamiento liberal. Por eso, sin el genocidio sobre Palestina no puede apuntalarse el trumpismo, sin la masacre permanente de la colonización sionista no puede desplegarse la nueva fase del capitalismo global.

Esta última requiere de la destrucción de las instituciones liberales, cuestión iniciada en 2001 con la instalación de la anómala “guerra contra el terrorismo” y desplegada hoy con toda normalidad (Netanyahu se pasea por el mundo sin ser encarcelado) sobre Palestina y otras zonas de resistencia global. Instituciones liberales que, por cierto, llevaban consigo la fuerza tanática del capital que al acrecentarse durante los años neoliberales desencadena el salto cualitativo en el que nos encontramos.

La fase autoritaria del capitalismo actual –el momento de su guerra civil planetaria, en cuanto momento crítico- no es, por tanto, una anomalía sino la revelación de su estructura misma tal como nos la enseñó la crítica de Marx. Pero el nudo de su nueva forma de acumulación asume el nombre de Palestina como su premisa histórica, condición sin la cual nada de esta mutación sería posible.

NOTAS

1 https://fen.uchile.cl/uploads/sala_prensa/1d956df114367a98d74b96e899fc002c.pdf

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