Abdennur Prado / Escuchar la voz de Hind Rajab

Cine, Filosofía, Política

La voz de Hind Rajab (Túnez 2025, dirigida por Kaouther Ben Hania) es una película que duele. Lo crucial es lo que el título nombra: la voz de una niña de seis años atrapada en un coche acribillado y rodeada de cadáveres. Atrapada por el brutalismo de la política, por el Estado genocida de Israel, por la potencia de las armas, por la insensibilidad del poder, por la trama de la geopolítica, por el supremacismo judío…

Lo secundario es el envoltorio: una película de suspense, centrada en los esfuerzos de los miembros de la Media Luna Roja Palestina por rescatar a la niña. Una película dramática que apela a nuestros sentimientos, cuya atmósfera densa nos atrapa y no deja otra salida que afrontar los hechos en su crudeza insoportable. La respuesta natural es una mezcla de frustración y de ternura.

Pero este envoltorio funciona como una metáfora de nuestra situación como espectadores; no solo de la película misma sino de los crímenes diarios del Estado de Israel. Hay un momento en que al coordinador Mahdi se le ocurre subir los audios a las redes, para despertar las conciencias y provocar una reacción… Pero Omar le dice gritando: las redes están llenas de imágenes de cadáveres de niños tirados en cunetas y eso no sirve para nada. Quienes cometen los crímenes no solo no se inmutan: incluso se sienten orgullosos. Los espectadores nos rasgamos las vestiduras, quizás lloremos algún día… y volvemos a nuestros quehaceres. En las redes Hind es una más.

Lo que ha hecho Kaouther Ben Hania es preservar su voz. No sólo lo que dice sino cómo lo dice: su tono, su belleza, su inocencia, su desconcierto, su desgarro… La película tampoco puede salvar su vida, pero sí conservar su voz y darle una nueva vida. Lo que nos muestra es hasta que punto la propia vida –la vida de una niña indefensa– se sitúa más allá lo viviente. Dice el Corán: «No digáis que están muertos». Por eso esta película no puede ser juzgada por su forma. Su razón de ser trasciende el envoltorio y la convierte en una obra única, que actúa como una revelación. Aparentemente se trata de una película dramática, pero si nos centramos en la voz nos damos cuenta de que es algo muy diferente. No se trata ni siquiera de cine de denuncia. Es incluso secundario que sea una película. Es un acto de amor. Se trata de preservar la voz de Hind.

Esa voz nos llama. Está dentro de nosotros, como un grito sordo de socorro que tiene sus raíces en el alma. Si no somos capaces de proteger la vida de una niña, el mundo está acabado. La voz de Hind nos muestra lo que nuestra impotencia significa. Estamos totalmente a merced del mal absoluto y apenas podemos hacer nada. Esta impotencia es fruto de nuestra lejanía con la voz. Incluso si la escuchamos, ya no nos moviliza. Estamos atrapados con ella. Nos desangramos y ni siquiera lo sabemos. Pueden matarnos cuando quieran y no pasaría nada. La avaricia y la brutalidad son los soberanos absolutos que se han enseñoreado sobre el mundo. Los amos del mundo pueden hacer lo que quieran en cualquier lugar con total impunidad. La humanidad está en sus manos, como una niña a punto de morir. Y cada día es asesinada, como nuestra alma atrapada en esta red de muerte. Nada puede pararlos.

La voz de Hind es la Voz de Al-lâh, a través de la cual se nos revela el estado del mundo y de nuestra propia alma. Que Al-lâh nos proteja y nos guíe.

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