En 1932 Ernst Jünger publica Der Arbeiter, El Trabajador (o, como quizá debería traducirse con mayor precisión, El Obrero —en Marx, Arbeiterklasse es «la clase obrera»—), obra en la que esta nueva figura de lo humano señalaba el nuevo orden del mundo. A la centralidad del trabajo corresponde el dominio de la técnica. Desarrollando conceptos que había expresado en el libro de dos años anterior, La movilización total, Jünger escribe: «la técnica es el modo en que la forma del obrero moviliza el mundo». El diagnóstico, que retomaba desde una perspectiva enteramente distinta los análisis de Marx, ejerció una influencia considerable tanto en la derecha como en la izquierda del espectro político.
Resulta, pues, tanto más sorprendente que esta decisiva figura de época haya desaparecido ya desde hace algunas décadas. La técnica sigue gobernando el mundo y ciertamente ha acrecentado por doquier su poder, pero ya no es «el modo en que la forma del obrero moviliza el mundo». Al contrario, en la forma de la inteligencia artificial, parece implicar antes bien el ocaso de la centralidad del trabajo que Jünger tenía en mente. En lugar de la servidumbre ligada a la explotación y a la movilización, la técnica, difuminando progresivamente las identidades de estamentos y clases, parece hoy orientarse hacia un inédito avasallamiento mediante una suerte de desmovilización general.
Fuente: Quodlibet.it
