Bajo los escombros de Gaza
una mano polvorienta y sangrante se asoma,
apenas se mueve,
pese a las toneladas de odio y crueldad que le aplastan,
que le recuerdan y le enrostran
la infame impunidad de sus verdugos sionistas
y el descaro de este genocidio cometido a plena luz del día.
Bajo los escombros de Gaza
también yace de una vez y para siempre
el cuento favorito de occidente
sobre los derechos humanos
y aquella prédica superflua
de las ‘lecciones aprendidas de la historia’,
balbuceadas con orgullo en pomposas cumbres internacionales,
entre protocolos sin alma
y la impúdica banalidad de la diplomacia global.
Bajo las ruinas de Gaza
yace la ruina moral
del paradigma occidental
y su identidad colonial descubierta
que camufló por décadas con su pantomima moderna;
los misiles que escupió el sionismo derribaron su fachada
y aquellos mínimos civilizatorios con prepotencia vociferados
hoy descansan silentes
pudriéndose bajo los restos de hospitales, hogares y escuelas.
En Gaza también han muerto los derechos humanos
de una sobredosis de crueldad y barbarie,
con tecnología de punta
auspiciada por las potencias del mundo
y operada por hordas de salvajes,
hijos de una sociedad podrida en su propia opulencia,
psicópatas en manada que se jactan del abuso ilimitado,
mientras en occidente miran hacia un lado por razones de estado.
Alimentaron y dieron rienda suelta a la bestia,
auspiciaron alegremente a esta máquina de muerte
y justificaron la aniquilación de todo un pueblo,
eso nunca podrán borrarlo.
Bajo los escombros de Gaza
yacen nuestros niños y hermanos,
víctimas y testigos del espanto.
Y los mitos que perecieron,
junto a la superioridad moral del occidente colonial
travestido de democracia moderna,
portador de principios vanos,
portavoz de la infamia,
coautor de este holocausto.
Mauricio Labarca Abdala, 01-04-2024


Y el mundo occidental observa y no dice nada y los asesinos financiados por el país más terrorista de la historia
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