Deconstruir las mitologías fascistas implica cuestionar la tradición logocéntrica y su entrelazamiento entre política, metafísica y tecnología. Sergio Villalobos Ruminott.
Si ajustamos una aproximación critica de la mentada cuestión fascista, tendríamos que pensar en hacerla coincidir con la idea de que la interrogación al orden del capital, tendría que ver con un cuestionamiento radical a la racionalidad moderna, que siempre involucra ya un principio de razón; una apelación normativa que pulsa siempre en toda filosofía de la historia, como filosofía de la historia del capital, en tanto que semblante destinal del desarrollo histórico. Quien quiera pensar el fascismo, no puede no pensar el régimen moderno de lo político, como instanciación arcóntica de los patrones de acumulación capitalista y su articulación colonial planetaria, que tiende a simplificar el ethos mismo del habitar el mundo y la pluralidad de lo viviente en simples poblaciones administradas; a una serie de datos y cuerpos gestionados, expuestos a la precariedad y la violencia equivalencial de la mercancía.
unos meses antes de su trágica muerte, Pasolini, que aparentemente había perdido toda esperanza, anticipó una configuración más flexible de una especie de fascismo centrado en la domesticación de la vida según una imagen simplificada del ser humano, que cumplía, no sin ironía, el proyecto de programación de la primera y más brutal máquina de guerra fascista de principios del siglo XX. Ahora, no obstante, el fascismo monumental de principios del siglo XX es reemplazado por una mutación más flexible, que por el mismo período llevó a Gilles Deleuze y Félix Guattari a hablar de microfascismo. Esta nueva forma de fascismo se caracterizó no por el principio de mando propio de su primera manifestación, sino por una serie de prácticas que ya no se ocupaban de disciplinar y reprimir las conductas sociales, sino que estaban orientadas a controlarlas de una manera más intensa e íntima. Deconstruyendo las mitologías fascistas. Sergio Villalobos Ruminott. Política común. 2024.
Así, entonces, la tarea de pensar las condiciones de posibilidad del surgimiento de los neo fascismos, según apunta Sergio Villalobos Ruminott, siguiendo una lectura atenta de lo que ya podríamos denominar como una potente tradición critica contemporánea que desde el desplazamiento deconstructivo derridiano, pasando por la saga de Antonio Scurati, las refutaciones de Pasolini, la analítica micro política de Deleuze y Guattari, hasta los ensayos “del fascismo de la ambigüedad” de la investigadora, Marcia Sá Cavalcante Schuback, describen al fascismo no como un golpe que interrumpe la normalización democrática, sino como agentes que se encuban en la propia lógica liberal y sus formas de mercantilización general de la vida. Se trataría de afinar las modalidades performáticas del pensamiento para dar con una compresión de los fenómenos políticos contemporáneos que no tropiecen con las figuras prescriptiva del análisis convencional y las categorías puras del pensamiento punitivo y totalizante, que impiden aprehender la complejidad irreductible del poder y sus distintos modos de mutación totalitaria, pues no se trataría en ningún caso de identificar una esencia o rasgo distintivo del fenómeno del fascismo, para dar con las claves monumentales de su desarticulación o destrucción, sino más bien el intentar una aproximación deconstructiva de la máquina mitológica moderna que anima la proliferación de las distintas modalidades y formas del “campo neofascista” contemporáneo, siempre ya atravesado por la inminente historicidad de su irrefutable deconstrucción, pues, se trataría no de situar al fascismo y sus tecnologías de operación en una lógica imperecedera e inagotable, como leyendo “un fascismo general”, perpetuo, univoco y eterno, dislocado de la historia; de los procesos sociopolítico que los producen, y las situaciones específicas de cada caso que hacen posible su aparición como fenómenos de inmunidad del capital, sino que se trata de pensarlos precisamente más allá de los aparatos conceptuales modernos y el campo policial performativo de la crítica, que hacen del dispositivo fascista un encuadre de la excepción en la escena general del teatro de la dominación productiva y la administración democrática del capital, pues, el desafío es precisamente pensarlos como siendo parte del continuum de esas mismas lógicas opresivas de la filosofía de la historia y la maquina mitológica del progreso capitalista, pues, parece ser que todas las mitologías fascistas son tecnologías de producción de subjetividad, capaz de experimentar el goce de su propia sumisión:
De alguna manera, el mayor truco del fascismo es su capacidad de impregnar la lógica misma de la subjetivación en nuestras sociedades, lo que no solo complica la noción homogénea y “excepcional” del fascismo, sino que cuestiona la pertinencia de identificarlo con una postura política claramente definida.
Así, una genealogía de las mitologías fascistas, como la que traza Sergio Villalobos Ruminott en su texto, tendría que pasar necesariamente por una dilucidación de la modernidad como articulación imperial de la maquina mitológica europea, entendida no como un bloque homogéneo y hegemónico propio de la ontología política moderna que ya siempre fuerza una signatura normativa y jerárquica entre filosofía y práctica, entre mito e historia, vale decir, como ajustando la comprensión de la acción creativa de la praxis a una aprehensión sustancialita y metafísica de lo realidad histórica y sus procesos socio políticos, cuando de lo que se trata es más bien, ahora ( y para el caso de una pensamiento planetario de la deconstrucción de las mitologías fascistas contemporáneas), de pensar el fascismo no sólo como régimen politico nacional-estatal- patriarcal, invariable e identificable con un relato excepcional y securitario ( antagónico a la democracia), premunido de un ejército alistado para proteger la ley y el orden de la historia de la explotación, sino que habría que pensarlos también como dispositivos diversos y especulares de la misma máquina mitológica sacrificial moderna de producción soberana de lo político, pero abastecidos ahora por la premisa de la libertad y el homos económicus de la intensificación del ethos neoliberal en curso, que responden a la dispersión y flexibilización de los procesos productivos y de “acumulación ampliada” del capital y sus nuevas formas de subjetivación, donde en todo hay valor, producción, apropiación, explotación y auto-explotación, en un escenario de facticidad capitalista que ya no necesita de ninguna filósofa del progreso de la historia para su consumación, pero donde los neofascismos operan ahora como vectores coyunturales y centrífugos que movilizan a las grandes corporaciones tecno-capitalistas y sus modos contemporáneos de “pacificación” y anexión, al margen de cualquier pacto social y jurídico moderno que apuntale su legitimación, pues destellan, ahora, a la luz de la pura “facticidad legal” de su autoafirmación . Se trataría de pensar un fascismo rizomatico-móvil, plural, descentrado, tecnológico, liminal, confuso y desplazante, pero que sigue actuando en el teatro de la aceleración intensificada de la soberanía del capital, bajo la plataforma de un “refundación neoliberal-sionista” del neofascismo actual, despreocupado de los parámetros jurídico normativos de la articulación moderna de lo político, pero a su vez mimetizado en el mismo telón performativo de la máquina tecno política de la devastación, ahora relacionada con la reproducción algorítmica del vínculo social y la mediación tecnológica de los patrones productivos de acumulación y exterminio, en la era de la “guerra colonial globalizada”.
Si los neofascismos operan hoy como mutaciones de la pura facticidad del capital, y devienen así en fascismos axiomáticos, coyunturales y contingentes, pero aún como vanguardia de las oligarquías globales y las grandes corporaciones tecnológicas del capital militar financiero, que proponen leer un nuevo nómos de apropiación del mundo; un nuevo núcleo epocal y geopolítico de reorganización de la fuerza para la expropiación de la tierra, en momentos de la transformación oligárquica de clase y la universalización de la guerra, que apuntala al bucle soberano de la máquina de la extinción general de la vida en el planeta, entonces habría que hostilizar su creciente proliferación, pensándolos como un campo de operaciones tecnológicas que urden una escena epocal en la interfaz cibernética del gobierno total mundo, y que operan como máquinas de control y “ jaulas de hierro” en una escena terrible de racialización y automatización del genocidio en curso.
“La deconstrucción de las mitologías fascistas, deben ser abordadas, según las condiciones específicas de cada caso, para evitar caer en las lógicas prescriptivas y normativas de los discursos generales contra el fascismo; discursos generales que terminan ignorando hasta qué punto el fascismo sigue siendo una condición de posibilidad que acecha a la propia democracia, la deconstrucción del fascismo, entonces, no es menos que la deconstrucción de la política misma; sus fundamentos, instituciones y prácticas”.
Para el caso de pensar el asedio neo fascista local y como efecto de la transformación oligárquica mundializada, podríamos invertir la cita; ya no el fascismo como condición que acecha la democracia, sino la propia “democracia procedimental”, de diseño guzmaniano, como límite del orden oligárquico del capital, sería la condición de posibilidad del neo-fascismo, en ese sentido nada podría ser pensado como critica, si no interrogamos la matriz moderna de la misma institucionalidad política democrática. Asediar las mitologías fascistas sería asediar, entonces, también los fundamentos modernos en las que están asentadas; interrogar la maquina mitológica del credo civilizatorio de la filosofía de la historia como nodo a partir del cual se entrelazan las diferentes maquinas fantasmales de la articulación Estado-capital y sus distintos modos oligárquicos de expropiación de la vida.
Así, entonces, podríamos pensar que “la máquina guzmaniana”, como forma introyectada de la racionalidad política autoritaria del golpe portaliano, (Karmy) que en Chile se abre paso a través del dispositivo oligárquico del peso de la noche- “el homo nationalis”, ( Balibar) y que a modo de paradigma del orden de la república, explicaría las distintas mutaciones que el ejercicio del poder y sus articulaciones reaccionarias han experimentado en el cuerpo político nacional como efecto del mito fundacional de “la fronda aristocrática”, pues los mitos y sus máquinas movilizadoras no envejecen, más bien aceleran el pulso de la dominación bajo el impulso intempestivo de su creencia. La máquina mitológica portaliana, prefigura la tradición política oligárquica de la república autoritaria de Chile y así también el pacto juristocrático guzmaniano; y lo conservado sigue siendo la figura del poder y la performatividad del capital, así, el acontecimiento intempestivo de la vanguardia oligárquica se juega en la yuxtaposición de la máquina mitológica como actualidad de los nombres Portales- Guzmán en la simultaneidad del mitologema autoritario que medra fuera del tiempo cronológico; como espacio en el que confluyen tiempos de diverso orden ( Thayer – Marchant); en paréntesis invertido- abierto- de la democracia, siendo esta siempre ya la excepcionalidad del régimen hecho regla.
Se trata, entonces, de pensar los movimientos fascistas como dispositivos inmunitarios del imaginario liberal moderno y como crítica a la metafísica política en tanto que arqueo teología y narrativa lineal de la historia que articula la filósofa de la historia del capital (Sergio Villalobos Ruminott) y que se expresa como nihilización o indiferenciación general en el horizonte de un capitalismo global axiomático. Se trata de pensar el carácter flexible y dinámico de los fascismos, a saber; su mutación a nivel global como forma axiomática de reestructuración y reajuste de las dinámicas de modernización y sus relacion de valor, producción y explotación, que coinciden con los giros y metamorfosis de los modos flexibles con que se mueve la racionalidad del capital y sus diversas formas de adaptación al interior de las relaciones de producción de la democracia capitalistas, pues el problema , dirá Dauve, siguiendo a Bordiga, no es el falso clivaje fascismo o democracia, propios de la tradición evolutiva de la historia y su régimen de “espacialización temporal” al interior de la ontología del capital, sino la relación de complicidad entre democracia y fascismo, como formas suplementarias de dominación civilizatoria, para dejar en claro que las alianza liberales, burguesas y progresistas que se han denominado heroicamente antifascista “son movimientos que evitan el fascismo sin destruir el capital”, dejando intactas las condiciones de su reaparición bajo otras formas o modos de expresión.
Así, los rostros del fascismos y “las culturas de derechas” se revelan justo en el vértice soberano y deseante de la violenta revolución del capital, pues, visto el desarrollo del capitalismo en perspectiva, y así lo muestra la instalación de la maquina mitológica guzmaniana y su relevo oligárquico en Chile, los fascismos emergen no como una anomalía o algo ajeno al despliegue de la modernidad y las “premisas metafísicas del capitalismo occidental”, sino como parte constitutiva de los modos fundacionales y totalitarios de la pax imperial europea y sus derivas republicanas de conservación del orden dominante en el mismo interior del progreso del capital y la razón histórica moderna.
Así, podríamos arriesgar una lectura del texto de Sergio Villalobos Ruminott, afirmando que, de lo que se trata en “Deconstruyendo las mitologías fascistas” es del desmontaje de la “legua franca” como “gramática” del orden imperial, que se autoafirma en virtud de la pre-comprensión entre ser y poder. Se trataría en rigor de una destrucción de la teo-onto-antropología, (Gonzalo Díaz Letelier), que articula todo el proyecto civilizatorio occidental y su interfaz humanista con todas sus máquinas de docilización y crianza: metafísica, política, estética, aparatos universitarios y tecnologías literarias y de la crítica, como formas frustradas de secularización del andamiaje teológico de administración y gobierno total de la existencia y de las distintas “formas de vida de la tierra”, ahora articuladas bajos modos tecno-planetarios y algorítmicos de dominación global cibernética. Pensar y develar la profunda conexión entre teología y tecnología como forma de domesticación fascista de la vida y desactivar el funcionamiento de la maquina mitológica de los neo fascismos contemporáneos pasa por el ejercicio genealógico de cavilar el umbral que nos permita imaginar el asedio a la matriz ontológica de la comprensión política como régimen y reino de la fuerza, para abrirnos a un pensamiento planetario de la “anarquía ontológica” y de la revuelta infrapolítica de la existencia, sin comandos soberanos de la sutura antropológica ni la recursividad opresiva de la maquina teológica, así entonces, frente al simulacro totalitario del golpe cibernético de la lengua del capital, donde se ha cobijado toda forma de fascismo, se trata de afirmar la vida en la “fisura de la diseminación”, en el exceso sagrado, sonoro y animal” que porta todo lo viviente, en la irrupción profana de una democracia sin soberanía, en una economía sin capital; en un comunismo polifónico y sin régimen moderno de lo político, donde ningún agente policial de la escatología fascista de la muerte logre neutralizar el libre alarido insurgente de la justicia de los pueblos.
