Uno de los problemas políticos fundamentales —si no el más urgente— es cómo pensar una multiplicidad (o una multitud) no numerable. Como concepto político, el pueblo solo tiene sentido a condición de no ser numerable; si se puede contar, entonces lo decisivo ya no es el pueblo como tal, sino una cantidad numérica, la llamada mayoría, en la que el pueblo se disuelve según el perverso dispositivo de las elecciones o de los plebiscitos. El pueblo —como también el género humano— no es un conjunto constituido por singularidades numerables: el carácter «popular» o «genérico» —es decir, el carácter político— debe pertenecer integralmente al singular como tal. Es lo que Marx intentó pensar con el concepto de Gattungswesen («ser genérico»), que define a cada hombre y no a una cantidad numerable. En tanto cada hombre «se refiere a sí mismo como al género presente y vivo», este no puede ser una suma numérica de individuos, sino que es una realidad esencial y plenamente presente en cada uno. Si el pueblo, como el ser genérico, se numera, se divide no solo en una mayoría y en una minoría, sino también en facciones, entre las cuales se establece necesariamente una guerra civil. Hobbes, en el Leviatán, intentó salir de esta aporía, hipotizando una multitud numerable, que llama multitudo disunita, la cual se constituye en unidad en el cuerpo del soberano; pero esto significa que el pueblo no tiene unidad sino aboliéndose en la persona artificial del soberano.
¿Cómo pensar, entonces, una multitud no numerable? Popularidad y politicidad no son propiedades definibles, que, como la unidad de raza para los nazis, puedan atribuirse a cada individuo. Resultan, más bien, de la ausencia de un elemento identitario común, que determinara su pertenencia a este o aquel conjunto, a esta o aquella clase, y lo hiciera como tal numerable. Como el proletariado según Marx, el pueblo no puede coincidir consigo mismo, es constitutivamente no-todo. Si se intenta asirlo como un todo, resiste a toda definición, y esta resistencia, este innumerable resto, es el pueblo, es el genuino elemento político.
Fuente: Quodlibet.it
