Monica Ferrando / La voz de la tierra

Filosofía

En Arcadia, Pan era una voz: la voz del viento entre las ramas, de los manantiales entre las rocas, de los llamados de los seres. Como la voz de la montaña que ofrece su ayuda, incluso la gran ciudad (Atenas) acabó escuchándolo. ¿Lo comprendió y lo valoró? Incluso Eco, la ninfa, era una voz. Impotente ante Narciso, cegada por su propia belleza incomprendida, era una voz fluida, pero fue relegada (o se retiró por sí misma) a la tierra. ¿Silenciosa? No.

Este trabajo nació de escuchar esa voz; las figuras emergieron de ella una tras otra, cada una en su propio espacio, cada una nutrida por su vientre, pero atadas a una modulación dictada por la tierra y su canto. Este es el mito —la historia— que las une.

Gerardo Muñoz / Arcadia y la edad de los poetas

Filosofía

La reconstrucción arqueológica que hace Monica Ferrando de la Arcadia en tanto que paradigma político olvidado de la morada en la tierra — y que se retira del nomos de la fuerza y ​​la usurpación de la politicidad moderna — encuentra una condición central e ineludible en la poesía y en la voz de los poetas. Dado que se sustenta en un nomoi tripartito ( ley del corazón, del canto y del prado) que es exceso de la autonomía de la polis y el mesòn, es la voz poética la que actúa como metaxis de transmisión de su energía mitopoética capaz de garantizar una relación distinta con el mundo; una relación no entregada a la producción y la depredación. En esa toma de distancia con respecto a la polis y la demanda de isonomía, Ferrando recurre una y otra vez a los poetas y a la poesía. Considérese, por ejemplo, este pasaje del último capítulo dedicado al paradigma político de Virgilio: “La poesía, pues, está llamada —desde su propio y doloroso presente— a aventurarse, cual nuevo Orfeo pero como un memore veggente [un vidente memorioso], en la oscuridad del pasado para dar nueva forma al amor, sin conformarse con su mera imagen. A recorrer los estratos de la experiencia humana que han configurado el mundo para remodelar, a su vez, un amor reducido a un fantasma exangüe y engañoso” [1]. El espacio prepolítico de Arcadia reside en la voz poética, cuya tarea fundamental consiste en transformar el ideal del triunfo y la victoria en encantamiento y fascinación de una erótica que nunca puede colapsar en la autonomización de la imagen [2].