Luis Ángel Campillos Morón / maninfecsto. la monstruosidad autista

Estética, Filosofía

preludio

Maninfecsto es un texto fragmentario, susurrante, tartamudo, desviado y testarudo. Los márgenes vibran y estallan. Los contornos de las letras se contonean, se desnudan y desaparecen. Emergen líneas después, de improviso. La raíz de manifestar alude a golpear (festus) con la mano (manus). Como cuando alguien golpea la mesa y manda callar. El sentido clásico del manifiesto supone precisamente eso, un golpe en la mesa-mundo, una llamada de atención y, en muchos casos, cierta amenaza. Pero no basta con mandar callar, evidentemente, pues ese es también ser el punto de inflexión hacia un nuevo orden autoritario. ¿Qué se quiere conseguir? ¿En qué sentido se pretende transformar el mundo? Alejándonos de cualquier forma de sistematización cerrada y opresiva, nos-otras hemos incluido ciertas anomalías. En primer lugar, en el propio término maninfecsto que trastorna el manifiesto clásico, una “n” para que pueda irrumpir el verbo infecstar, compuesto por infectar e infestar. La diferencia semántica entre estas dos acciones se basa en el criterio humano de la visibilidad. Infectan microorganismos como virus o bacterias, infestan macroorganismos como ratas. El primero sugiere una amenaza permanente, pues, a causa de los clásicos umbrales sensoriales humanos, no podemos percibir directamente estos seres minúsculos. El segundo resulta más evidente, salta a la vista, como es el caso de una plaga de langostas. “Este lugar está infestado de ratas”, decían los nazis. “Este lugar está infestado de palestinos”, dicen los sionistas. “Este lugar está infestado de inmigrantes, negros, transexuales…”, dicen Trump y sus esbirros. Sin embargo, no pueden decir, por lo menos todavía, que cierto lugar esté infestado de virus o bacterias. Por ello, convertirnos en estos seres minúsculos es clave. Devenir-minoritarios, en el sentido de Deleuze y Guattari. Debemos poder infectar el Sistema para que nuestros efectos devengan observables (mayúsculos), de ahí la importancia de la invisibilidad y el anonimato. Ahora bien, no solicitaremos derechos de propiedad de los logros obtenidos. Estos no son más que brechas, goteras, grietas, agujeros. No formaremos parte del espectáculo, no nos convertiremos en partido político. La impureza, la hibridación y la imperfección son nuestras señas no identitarias.

Mauro Salazar J. / Tribulaciones sin promesas. Fisuras del orden (Revueltas)

Filosofía, Política

Tribulación, esa cismática donde el gesto disidente se descubre ya escrito en la filigrana del reconocimiento que lo constituye. Tribulación, imposible separación entre la disidencia que habla y el archivo que habla en ella. Tribulaciòn, condenada a expresarse desde el umbral mismo que la instituye como legible, como reconocible, como perteneciente al orden de lo que puede ser pensado. Esa es la tribulación: no la pureza imposible de un afuera, sino la tensa filigrana donde cada negación del orden (escribas) se descubre ya anudada a los hilos que la sostienen.

Preludio

Este ensayo interroga cinco fracturas en la crítica contemporánea que exigen repensar cómo hablamos de Octubre (2019): La primera: la crítica reproduces la violencia epistémica que denuncia. Al instituir jerarquías de legibilidad (perspectivas que piensan el ser versus ciencias sociales sepultadas en el empirismo), clausura voces que resisten la lengua monopólica de la filosofía. Lo que aparece como liberación conceptual es captura. La segunda: la captura de nuestro lenguaje por el mercado académico. Las categorías disruptivas son metabolizadas, digeridas, vueltas funcionales a la reproducción del orden. La intelligentsia hace de la denuncia su modo de habitar el orden sin transformarlo. La tercera: no hay exterioridad. La imaginación intelectual está atravesada por la biopolítica del capital, inscrita en sus circuitos de rentabilización. La industria académica fabrica subjetividades críticas funcionales a su reproducción. Somos parte del aparato que criticamos. La cuarta: la genealogía de octubre exige preguntar cómo fue producida su subjetivación política. No fue espontánea. Emergió de dispositivos concretos (medios, símbolos, rituales, liderazgos) que inscriben todo acontecimiento en territorios ya colonizados. La crítica que ontologiza el acontecimiento reproduce el idealismo que combate. La quinta: la necesidad de duelo político estratégico. La tesis de que «el acontecimiento no ha cesado» es negación elaborada, no verdad ontológica. Requiere autocrítica sin ilusiones, ni conversiones (intersecciones sin punto medio).