No deberíamos enterrar a Dios en libros que prometen tierras ajenas. Mahmud Darwish.
Palestina baja fuego, es un texto de entrevistas “que condensa, a su vez, varios años de discusión y problematización acerca de la cuestión palestina”, e intenta proponer trazos de nuestro tiempo en el que prima el reino de la fuerza, y donde la tarea del pensamiento resulta ser la potencia del afuera, que logra activar las líneas de fuga del trabajo crítico en sintonía con la imaginación popular y la resistencia general de los distintos pueblos del mundo en solidaridad con Palestina, constantemente arrasada por la violencia y la matanza sionista, en lo que el autor denomina un devenir nakba del mundo:
“las entrevistas que aquí ofrecemos constituyen un intento por desactivar esta guerra al trazar una ética que pueda vincular tres temas que, habitualmente parecen enteramente escindidos: colonización israelí, fascismo y resistencias globales. Es precisamente el devenir nakba del mundo la singular fórmula que permite pensar esa imbricación en un escenario complejo donde la lengua del derecho ha terminado por ceder a su propio reverso: la lengua del exterminio”. Rodrigo Karmy. Palestina bajo fuego. Página 15.
Si se trata de pensar la cuestión del genocidio en gaza como el revés o más bien el fracaso del régimen liberal y la democracia del capital, una vez instalado el proyecto sionista del Estado de Israel como narrativa blanca del colonialismo europeo en medio oriente, entonces, la pregunta y el problema que nos plantea el texto de Rodrigo Karmy, Palestina bajo fuego, será como desactivar la máquina de guerra del exterminio imperial moderno, abriendo un campo de reflexión que medre fuera de la lengua necro política del genocidio orientalista, y abra un espacio politico de resistencia que anide más allá de las coordenadas sacrificiales del cartograma geopolítico dominante, que intenta reducir el problema palestino a una cuestión política identitaria, que ubica el conflicto de naturaleza colonial y de expansión acelerada del capital sobre la tierra, en un escenario de representación soberana del viejo antagonismo nómico del conflicto central, que atenuó por medios de una narrativa compensatoria la injusticia del régimen equivalencial, sin desarticularla, y que a su vez, insiste en el reparto del dominio del mundo en dos grandes polos de acumulación y reproducción de valor y mercancía. Respecto de las izquierdas euroatlánticas y euroasiáticas, Karmy plantea lo siguiente:
“El problema fundamental es que hoy las izquierdas –aquella euroatlántica y la euroasiática por así decir, la gubernamental y la soberanista podríamos también caracterizarlas– no están a la altura de la época y, peor aún, no hay izquierdas para palestina pues “Palestina misma es el resto del planeta”, el despojo, aquello que no cabe en los marcos de las representaciones habituales con los que pensamos la política”. Palestina bajo fuego. Página 29.
Así como el Estado de Chile en algún momento, se mostró al mundo como el experimento de la maquinaria gubernamental neoliberal, así Palestina y el genocidio en gaza se muestran hoy como el paradigma del mundo; el lugar donde las potencias occidentales y el Estado de Israel como vanguardia colonial del imperio, coordinan la intensidad del aparataje securitario y bélico de las corporaciones que sostienen el capital global financiero del planeta, y en cuyo núcleo yacen los fascismos contemporáneos de carácter cibernético y técnico de dominación general de la existencia. Palestina muestra al mundo en su condición de fragilidad frente a las nuevas arremetidas expansionistas y neocoloniales de repartición de la tierra que trazan las alianzas oligárquicas y militares mundiales y su guerra global planetaria de distribución y apropiación de los recursos de la tierra para nuevas formas de aceleración e intensificación de acumulación de capital y mercancía, donde la democracia liberal del pacto sionista, “que surgió del triunfo de los aliados después de la Segunda Guerra Mundial, se deja ver en su revés brutal de dominio y expansión, bajo la rúbrica de la guerra total contra los pueblos.
Si las arremetidas de los nuevos fascismos, y la instalación de los gobiernos de extrema derecha en las distintas latitudes del planeta, hoy tienen en su núcleo de operaciones el sionismo como referente de articulación de las distintas oligarquías planetarias de expropiación y violencia colonial territorial, y el hundimiento de los progresismos de la democracia liberal, como la contra cara de la pasificación capitalista, Palestina exhibe también la fractura de ese mundo, es decir, el sionismo y toda su política de muerte y de extinción de la vida, muestra la clausura de la tradición liberal democrática y su armadura jurídico institucional apuntalada en el proyecto moderno de civilización “occidental.” Palestina es más que un lugar en el mapa de la cartografía imperial dominante, más que una representación territorial e identitaria de los poderes de turno y “la hegemonía atlántica”, es una topología irreductible de resistencia al nuevo impulso avasallante de la razón capitalista; la “textura del mundo”; un espacio o “paradigma” en donde se muestra la brutalidad de la fase genocida del capitalismo caníbal y sin mascara, pero que hoy, en tanto que acelera su maquinaria del exterminio, exhibe también su propio colapso. Palestina, es el espejo que refleja la reproducción infinita y sin límite de la llamada acumulación primitiva; la del despojo, el robo, la expropiación , la fuerza y la violencia para el avance del capital por todos los confines de la tierra, hasta dejarnos sin tierra, sin posibilidad mundo para habitarlo, para reducirnos a simples poblaciones administradas; a cuerpos y vidas desnudas, expuestas a la precariedad y la masacre, En este sentido, Palestina es “el nudo del mundo”, o el mundo devenido Palestina para comparecer frente al genocidio, frente a la historia, con la dignidad de un pueblo que enfrenta al opresor, que no se victimiza, pues confronta el exterminio del fascismo- sionista con las armas que la lucha y la tradición de los oprimidos pone en sus manos para exigir justicia, así, Palestina y los combatientes gazaties son la potencia de los pueblos, el diferencial de combate que altera y desestabiliza, sin renuncia victimizante, el orden opresivo de la razón colonial contemporánea:
“todxs hemos devenido, de una u otra forma, bajo diversas gradaciones, Palestina. En cada gueto de una gran ciudad, en cada muro construido para que los pobres no crucen a los territorios millonarios, en cada checkpoint en realidad hay una Palestina que arde y que se reproduce en una miríada de lugares”. Palestina bajo fuego. Página 33.
Palestina bajo fuego, conversaciones en la era del genocidio, es un texto, un desplazamiento escritural que abre un espacio para el encuentro, la resistencia y el clinamen antagónico del ejercicio del pensar, intenta ser una instancia para reflexión conjunta respecto de los implosión imperial y la lucha histórica de los pueblos, una pregunta abierta en el medio de la guerra colonial globalizada con la que se mide políticamente el conatus solidario de la intifada popular planetaria, frente a la asfixia del genocidio en curso y el colapso de la maquina tecno-humanista sacrificial contemporáneo, así, Palestina bajo fuego, intenta pensar desde una ética de las formas de vida, sin hegemón nihilizante y sin forma- Estado o hegemonía que comande la vida y sus posibilidades plurales de desistencia, una afirmación singular de la existencia, des-marcada del sujeto univoco del sentido, pues, de lo que se trata es justamente de salir del espacio cerrado del esencialismo individual para pensar una salida al fascismo y sus dispositivos de fuerza desde lo abierto de la alteración común, que piense lo político más allá de la mathesis imperial de la dominación unificante.
Si el sionismo, es el núcleo ideológico del imperialismo atlántico, en tanto este yace en el pacto imperial de ofrecer tierra prometida a un “pueblo” históricamente expulsado de la “Europa aria”, a cambió de compartir el acceso a la palabra autentica- la palabra de Dios, propia de la revelación judía- para legitimar su fuerza gubernamental evangelizadora en territorios no europeos, entonces, sostiene karmy en el texto; Israel existiría antes de la fundación del propio Estado de Israel, pues este formaría parte del sueño imperial de occidente. En ese caso el Estado sionista de Israel no sería si no la metonimia- cebo de la razón imperial cristiana británica para penetrar vía colonización europea, los territorios aun no plenamente conquistados por la cadena expansiva del capitalismo imperial de occidente:
“El sionismo no es solo la ideología del Estado de Israel, sino que es el núcleo ideológico de la colonización europea en general”. Palestina bajo fuego. Página 36.
Así, desde el punto de vista escatológico de la razón imperial cristiana y su deriva dispensionalista, electiva, el sionismo como movimiento tecno-fascista de aceleración capitalista, una vez haya cumplido la misión teológica- soberana de instalar el Estado judío en Palestina, dará por realizada la misión, y esta será a la vez, el índice a través del cual se instalará la idea del triunfo del capital occidental en todo el planeta, en palabras de Karmy; “el Estado de Israel sería la fórmula de la expansión del capital sobre la tierra”, mediante el cual se intensifican los emplazamientos autoritarios y la sionización de los discursos oligárquicos, como dispositivos de totalización y expropiación general del mudo, haciendo coincidir punto por punto, capitalismo, tecnología, guerra, cibernética y territorio disponible para su conquista.
