Julio Cortés Morales / Convivencia vial. Breve guía práctica para usuarios de aceras y bicicletas en tiempos de gobiernos de emergencia

Política

La bici forma parte de la historia de cada uno de nosotros. Su aprendizaje remite a momentos particulares de la infancia y adolescencia. Gracias a ella, todos hemos descubierto un poco de nuestro propio cuerpo, de sus capacidades físicas, y hemos experimentado la libertad a la que está indisolublemente ligada” (Marc Augé, Elogio de la bicicleta).

“La bicicleta se ha transformado en una ideología” (Louis De Grange).

El joven trabajador en la motocicleta convierte el trabajo en Dios porque andar en moto le gusta. Su verdadera alegría al andar en moto consiste en que se emiten sonidos anales. Quedamos como tontos si llevamos las explicaciones demasiado al detalle” (Max Horkheimer en conversación con Theodor W. Adorno).

Presentación

Coincidiendo con los anuncios de instalación del primer gobierno abiertamente pinochetista del siglo XXI, los habitantes de la larga y angosta faja de tierra tuvimos que asimilar, además del bencinazo del ministro Quiroz, noticias relativas a limitaciones al Transantiago y negativa a la construcción de más ciclovías por parte del ministerio conducido por De Grange, y más recientemente diversos anuncios en seguridad que se concentran en el “vandalismo” y las “incivilidades” para así poder criminalizar de manera reforzada a los más pobres.

En medio de tanto anuncio de estos patriotas se me echó a perder mi tradicional bicicleta negra, y me demoré cerca de un mes en enviarla a un taller para ser reparada. En esas largas semanas recordé lo infernal del metro y los buses en horario punta, además de la tradición que tiene el Transantiago de hacer desfilar casi pegaditos a dos o tres buses del mismo recorrido, para luego dejar de pasar por cerca de media hora. Vi chóferes y pasajeros estresados, lanzazos y empujones, cuando no agarrones y turbazos. Desde el otro lado del vidrio de la micro miraba con envidia a los ciclistas que pedaleaban y avanzaban mucho más rápido que todos los vehículos motorizados juntos, y eso me motivó finalmente a enviar a al taller a la “flaca negra híbrida” (ese sería su nombre técnico), para poder seguir pedaleando en medio del cemento y el smog.

Además, recordé que antes del cambio de gobierno había estado trabajando en una pequeña guía de convivencia vial, tratando de explicar la normativa vigente y las “reglas de oro” del sentido común que un ciclista anticapitalista, antifascista y antiautoritario debería aplicar mientras se desplaza por la ciudad.

Antes de dejarlos con la guía, aprovecho de comentar los epígrafes seleccionados para encabezar esta columna. Marc Augé describe exactamente lo que fue la relación de mi generación y varias otras con el artefacto bicicleta. Tras aprender a caminar y hablar, se aprendía a pedalear. No recuerdo ningún niño/a que no haya tenido la experiencia. Pero hoy en día en la metrópolis quienes más se ven usando la bicicleta son adultos. Niños y niñas se ven bastante poco en el espacio público, pues están confinados en la escuela/liceo y luego en sus piezas consumiendo internet. En este contexto es que un “experto en transportes” como de Grange se permite decir una pelotudez tan grande como la que hemos referido, y que es solo una de tantas perlas que ha suministrado en su larga batalla personal, política y profesional contra los ciclistas y su “ideología”, que a grandes rasgos consistiría en lo contrario de los motoristas que describe Horkheimer, o sea, insistir en que aún tenemos espacios urbanos libres para poder transitar seguros y en silencio, dependiendo de nuestros propios ritmos, deseos y fuerzas.

Breve Guía Práctica

Quienes nos movemos por la ciudad ya sea como peatones, usuarios del transporte público, conductores de vehículos motorizados o bicicletas, podemos comprobar que todos los días se producen situaciones que afectan la “interacción respetuosa y solidaria entre todos los usuarios de la vía pública para compartir el espacio de forma segura” (definición de convivencia vial que suministra la Inteligencia Artificial en Google).

En efecto, ya es parte de la experiencia cotidiana de desplazamiento urbano el presenciar o protagonizar peleas y discusiones a gritos acerca de quien tiene la preferencia o por el mal uso de pistas exclusivas, ciclistas que andan a toda velocidad por la vereda o incluso contra el sentido del tránsito en las ciclovías de una sola dirección, micreros que no se detienen dónde deben, además de parejas de peatones que con nulo sentido de la solidaridad bloquean el paso en las escaleras mecánicas del metro justo a la hora en que muchos van atrasados al trabajo.

La mayoría de estos conflictos y problemas se solucionarían en base a buena fe y sentido común, pero como no son cualidades que abunden en estos tiempos, en Chile se dictó hace siete años la Ley 21.088, que “modifica la Ley de Tránsito para incorporar disposiciones sobre convivencia de los distintos medios de transporte”.

Aparte de una serie de definiciones y normas dispersas, lo verdaderamente novedoso y medular de la Ley de Convivencia Vial es la incorporación a la Ley de Tránsito del Título XX, que lleva por nombre “De las bicicletas y otros ciclos”. Los ciclos son definidos como un “vehículo no motorizado de una o más ruedas, propulsado exclusivamente por una o más personas situadas en él, tales como bicicletas y triciclos”. También se incluyen -por desgracia- los “scooters eléctricos”, que ciertamente no son de tracción humana y que por ser más veloces que una bicicleta y muy silenciosos suelen aparecer sorpresiva y peligrosamente por la izquierda de quien va tranquilo pedaleando. Pero claro: peor sería enviarlos al choque por aceras y calzadas.

Dado que como ciclista de tiempo parcial –pues básicamente uso la bicicleta para ir y venir de la casa al trabajo- constantemente me veo enfrascado en discusiones motivadas por hechos tales como si es obligatorio el uso de ciclovías, o por qué lado de la calle hay que andar, he decidido redactar esta breve guía con la intención de traducir las reglas que fija el legislador en criterios claros y fáciles de recordar que colaboren con un buen uso del espacio público resguardando la ya deteriorada salud física y mental de la nación. No se trata de ponerse leguleyo hasta para andar en bici, sino que de entender que hay algunas reglas básicas de las que depende una buena convivencia vial, y hasta es posible que algunas de ellas hayan quedado plasmadas en la Ley.

1.- ¿Es obligatorio para los ciclistas transitar por las ciclovías?

Me sincero confesando de entrada que yo pensaba que no. Pero la verdad es que el art. 222 de la nueva versión de Ley del Tránsito es muy claro: “Los ciclos deberán transitar por las ciclovías. A falta de éstas lo harán por la pista derecha de la calzada”. Así que por esta vía aprovecho de disculparme con el conductor de una camioneta que hace unos meses me interpeló por ir bajando por Avenida Bilbao hacia el centro por la pista izquierda de la calzada, a pesar de que en ciertos tramos de esa ruta existen ciclovías. La verdad es que fui un poco prepotente al decirle que yo era libre de ir entremedio de los autos por mi cuenta y riesgo, mientras balanceaba en mi mano derecha mi u-lock negro con stickers metaleros.

2.- ¿Las bicicletas deben circular siempre por la pista derecha de la calzada?

Esa es la regla general, pero la Ley contempla importantes excepciones en el artículo 222 letra a).

Así, cuando por la vía circulan buses por una pista de uso exclusivo, el ciclista no debe ir por la pista derecha sino que por la izquierda, tal como tuve ocasión de explicarle con gran amabilidad a un conductor que hace unas semanas me gritaba: “viejito, tenís que ir por la derecha”. Lo mejor es que luego de mi breve pero contundente asesoría legal en terreno el tipo me dijo: “disculpa, no tenía idea”.

Esta excepción a la regla general es siempre aplicable cuando se trate de “vías unidireccionales” en que exista una pista de uso exclusivo de buses ubicada al costado derecho de la calzada. Pero si se trata de “vías bidireccionales”, la bicicleta deberá ir por la pista izquierda “sólo en caso de existir bandejón central o mediana”. Lo cual parece totalmente razonable si de lo que se trata es de evitar incrustarse con vehículos que vienen desplazándose en sentido contrario.

Otra excepción a la obligación ciclística de transitar por la pista derecha es la que señalan los numerales 1 y 2 del Artículo 116 de la Ley del Tránsito: Cuando se adelante o sobrepase a un vehículo motorizado que va en el mismo sentido, y cuando el tránsito por la mitad derecha de una calzada “esté impedido por construcciones, reparaciones u otros accidentes que alteren la normal circulación”.

3.- ¿Pueden las bicicletas transitar por la vereda?

Esta es una de las preguntas más necesarias de responder, a juzgar por las caras de reproche que veo se dirigen cada día contra cada ciclista que osa andar por las veredas o aceras. La respuesta correcta es que sí: existen varios supuestos en que es posible. La regulación del artículo 222 letra b) es muy clara y agregaría que razonable, así que la reproduzco tal cual:

Los ciclos podrán circular excepcionalmente por aceras adecuando su velocidad a la de los peatones, y respetando en todo momento la preferencia de éstos, cuando no exista una ciclovía y sólo en los siguientes casos:

i. Tratándose de conductores menores de 14 años o adultos mayores.

ii. Tratándose de personas que circulen con niños menores de 7 años.

iii. Tratándose de personas con alguna discapacidad, como también aquéllas de movilidad reducida.

iv. Aun existiendo una ciclovía, cuando las condiciones de ésta o de la calzada, o las condiciones climáticas hagan peligroso continuar”.

Los supuestos para estas excepciones son a prueba de tontos, ¿o no? Pero echo de menos otra excepción que no veo consagrada, cual es la que se da cuando uno se ve obligado a andar por la vereda para no ir contra el tránsito en las calzadas de una sola dirección.

Posteriormente el legislador agrega: “el conductor del ciclo podrá utilizar excepcionalmente la acera, respetando siempre la prioridad del peatón y los vehículos que ingresen a las edificaciones o emerjan de éstas. El desplazamiento deberá efectuarlo a velocidad de peatón, alejado de las edificaciones o cierres, y si el flujo peatonal es muy alto deberá descender del ciclo”.

De estas normas me quedaría con la siguiente idea fuerza: cuando el ciclista se suba a la vereda, debe andar siempre “a velocidad de peatón”, y si el flujo peatonal es alto, no queda otra que bajarse del ciclo y caminar llevándolo bien afirmado y cuidando de no golpear ni estorbar a los transeúntes.

4.- ¿Cuál es el uso correcto de las bicicletas en los cruces peatonales?

Gran parte de los accidentes que he presenciado mientras camino o pedaleo por la ciudad se producen en lugares donde se superponen ciclovías con cruces peatonales.

En una ocasión en que un ciclista que a juzgar por su indumentaria se auto-percibía como profesional pasó a llevar a mi hijo mientras esperábamos para cruzar caminando por la Costanera del Río Mapocho, en vez de disculparse por venir a 25 kilómetros por hora -según él mismo señal, tras consultar un medidor de velocidad que tenía en su sofisticada bicicleta- el sujeto en cuestión nos reprochó el habernos detenido en “su” ciclovía. Lo cual me recordó inmediatamente la deplorable actitud del señor empresario que años atrás pretendía expulsar a unas mujeres que estaban paseando por el borde costero de “su lago” Ranco. Por suerte mi hijo es enorme y no quedó muy aporreado, y con el ciclista sólo nos insultamos a gritos pero no hubo violencia física.

Lo cierto es que según el artículo 222 letra d) “los peatones deberán cruzar las ciclovías por los lugares debidamente señalizados y no podrán permanecer ni caminar por ellas”, pero esta regla viene a continuación e la letra c), que dispone que “en el caso de tener que utilizar un cruce peatonal, el conductor del ciclo deberá detenerse antes del mismo y atravesarlo a velocidad reducida, respetando siempre la prioridad del peatón, a velocidad de peatón y si el flujo peatonal es muy alto deberá descender del ciclo”.

O sea, a estos efectos el cruce peatonal se rige por las mismas reglas que señalamos en la respuesta anterior. Así que insistimos: el ciclista siempre debe tener en mente que, tal como en el choque con un auto él es la parte débil, el peatón lo es en el impacto con un ciclista atropellador, por mucho que Alfred Jarry haya dicho hace más de un siglo que “el peatón no corre tantos riesgos como el ciclista o el chofer” porque “se expone a una simple caída desde su altura y no a una proyección fuera de un aparato veloz, ni a la rotura de ese precioso aparato” (“El peatón atropellador”, 15 de julio de 1901, incluido en Alfred Jarry, Soloquios, superloquios, soliloquios e interloquios de ‘patafísica, Logroño, Pepitas de Calabaza, 2003).

5.- Obligaciones adicionales de los ciclistas: frenos, visión y audición.

Terminando esta breve guía práctica, es importante señalar que dentro de los deberes señalados por ley a los ciclistas hay dos que me parecen realmente importantes si queremos salir con vida de esta sana y en principio aconsejable actividad humana inventada hace casi dos siglos:

-La bicicleta debe tener “al menos un sistema de freno que sea eficaz”.

-Al conducir hay que estar atento a las condiciones del tránsito y ¡no se deben utilizar elementos que dificulten los sentidos de visión y audición!

Estoy consciente de que muchos ciclistas jamás salen a pedalear sin enchufarse audífonos y música a todo volumen. Con lo cual se incapacitan para escuchar los sonidos de camiones o buses que se acercan, bocinazos, advertencias o incluso accidentes que se produzcan en las inmediaciones. Otros disfrutan de demostrar su habilidad para pedalear sin tener las manos puestas en el volante, pues prefieren llevarlas en sus teléfonos celulares para aprovechar de conversar y/o mirar tik tok. Por lo general, ambos tipos de ciclistas aprecian enormemente el andar sin casco y en contra del tránsito.

Lo peor es que conozco no pocos ciclistas que defienden dichos estilos de conducción como una forma de rebeldía “choriza” contra todo tipo de regulaciones estatales “cartuchas”, o que incluso dicen que “de algo hay que morirse”. Yo en cambio creo que por respeto a la música -que idealmente debe ser escuchada en serio y con total atención- a los sonidos del silencio y a la vida propia y de los demás, estas irresponsables prácticas debieran ser abolidas. Lo cual no se producirá abruptamente por efecto de leyes, decretos o multas, sino que como un avance de la conciencia humana que parece difícil (pero no imposible) en los tiempos que corren, tras medio siglo de producción de subjetividad neoliberal. En esta campaña por una conducción responsable y solidaria podría ser útil recordar una vieja y liviana canción del pop latino de los ochenta llamada “Himno de los conductores imprudentes”, cuyo coro decía más o menos así: “puré de huesos, puré de sesos, quiero puré, me encanta el puré, adoro el puré, me fascina el puré” (Los Tontos, 1986).

En el mes de julio del año 2021 se publicó el Reglamento de la Ley de Convivencia Vial, que se refiere a las ciclovías y el uso de elementos de seguridad en las bicicletas, al que remito para quien necesite información más detallada.

Para concluir, piénselo y recuerde: por algo se empieza, y autogestionarse el desplazamiento por la ciudad no es poco. El comunismo con minúsculas está en la suma de todos los pequeños grandes detalles.

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