Abdennur Prado / La ilustración. Una visión decolonial

Filosofía, Política

Nada me desengaña, el mundo me ha hechizado. Francisco de Quevedo

No entraremos a debatir sobre el sentido de la palabra «ilustración» –que, en castellano, por razones históricas, tiene un sentido vago. Por Ilustración entendemos el conocimiento teorético –con pretensiones de objetividad– al cual el entendimiento humano puede llegar por el ejercicio metódico y crítico de la razón, y el proyecto político de la educación del género humano a partir de ese conocimiento.

El ilustrado aspira a ponerlo todo bajo la luz de la razón, de modo que ninguna faceta de la existencia humana permanezca en la oscuridad. Exoterismo extremo que busca exponerlo todo –descubrirlo, mostrarlo, ilustrarlo, desvelarlo–, alcanzando al fin un conocimiento que llegue al dominio total de la naturaleza e ilumine intelectualmente al hombre, de forma que devenga verdaderamente humano, mediante el desarrollo ilimitado de sus capacidades.

Abdennur Prado / El tiempo de la revelación y la filosofía de la historia

Filosofía

El modelo básico de una hipotética “filosofía islámica de la historia” solo podría estar basado en el ciclo de la profecía: el Dador ha enviado sucesivos profetas a la humanidad, para recordar a los humanos un pacto primordial e interior a cada criatura. Pero este no es un pacto que la divinidad haya establecido con nadie en concreto en un momento concreto de la historia. De ahí que el Corán lo sitúe en el tiempo meta-histórico y lo haga extensivo a toda la humanidad:

Y cuando tu Sustentador sacó de las espaldas de los hijos de Adán
a su propia descendencia y les hizo que dieran testimonio:
¿Acaso no soy Yo vuestro Sustentador?
Contestaron: “Sí, lo atestiguamos”.
(Corán 7:172)

Abdennur Prado / La modernidad como perversión del cristianismo. A propósito de Últimas conversaciones con Iván Illich

Filosofía, Política

Durante décadas Iván Illich desarrolló una crítica radical de la industrialización y de la burocratización de la existencia, mostrando como la Modernidad había llevado al ser humano a ser esclavo de las herramientas; es decir, de todos aquellos medios de los que se ha dotado, para alcanzar unos objetivos que, finalmente, desconoce o han quedado fuera de su alcance. Particularmente sonadas fueron sus polémicas sobre la escolarizacion (La sociedad desescolarizada, 1971), sobre la energía y los transportes (Energía y equidad, 1974) y sobre la medicina institucionalizada (Némesis médica, 1975), además de su apuesta por lo que llamó La convivencialidad (1973) y El género vernáculo (1982). A causa de estas y otras obras, pasó por ser un crítico feroz de la industrialización, con un toque de arcaísmo y una dimensión ética que le daba su sello característico, pero que también resultaba incómodo para las ortodoxias de izquierdas y derechas, lo cual ha llevado a una exclusión sistemática de sus planeamientos en el ámbito académico.