Roque Farrán / ¡Es el disfrute, estúpido! Sobre la naturaleza del mal y la Ilustración afectiva

Filosofía, Política

Estamos en un tiempo enloquecedor y bastante sobregirado que no necesita más diagnósticos e interpretaciones sino proposiciones simples, claras y directas que interpelen a ejercitarnos en concreto para pensar lo que nos pasa. A la vez estamos sometidos a una guerra desigual por la atención que compele continuamente a recurrir a términos o expresiones que generen cierto enganche. Sin desconocerlo, no tenemos que sucumbir fácilmente a ello; de igual modo que la claridad expositiva no renuncia a la complejidad en la que se sostienen los enunciados para hacer cuerpo el pensamiento. Así pues, resulta habitual apelar a la expresión del título (la fórmula genérica sería: ¡Es X, estúpidx!) para remarcar algo obvio que no está siendo considerado en los análisis sobre la política y la sociedad, esto es: la eficacia determinante de un factor o práctica específica. Al principio fue la economía, en la génesis de nuestra modernidad, pero dada la desorientación actual se suele variar el término en cuestión, de acuerdo al gremio o profesión de quien enuncia, sin reparar que la misma expresión ya supone un tratamiento del otro bastante descuidado: un insulto o menoscabo a su inteligencia.

Nigredo / Notas preliminares sobre la revolución

Filosofía, Política

«Te decía: la insuficiencia de nuestro lenguaje es la medida de nuestra inercia en relación con las cosas; que no se pueden transformar cuando se ha perdido su sentido. Las conversaciones que he tenido me dan la impresión de que todo esto que encuentro y veo sea el pasado. […] Queda una facultad – la inteligencia – que no debe ser desertada, y un mundo por construir. Ahora, Nu, encontraremos otras palabras que reflejen los actos. Y, mientras tanto, me niego – después de este viaje a pesar de todo feliz – a lamentar esa mezquindad, este luto, que teniendo dimensiones insuperables, nos privaba de nuestras amarguras privadas, y las abolía». Danilo Montaldi París, ida y vuelta.

«La política revolucionaria era un modo quizás ilusorio de mantener la tragicidad de nuestra vida. Otras cosas son diferentes: por ej. las luchas en el lugar de trabajo, la rebelión capilar a los programas a la disciplina de la escuela, también estas son cosas hechas para no seguir adelante cada día del mismo modo y para arrancar algún día a la vida habitual, además de por otros motivos. Pero no es lo mismo, ya se sabe cuándo termina, como estar derrotados de antemano». Luisa Passerini, Diario de una militante.

En el texto siguiente trataré de esbozar algunas líneas de investigación y desarrollar algunas ideas aún embrionarias relativas al tema de la revolución. Estos elementos están principalmente ligados a un interrogante: la idea de «revolución» ¿es enteramente hija de la civilización capitalista en su gramática histórica, en su horizonte y régimen de temporalidad, o es posible un replanteamiento de tal concepto? ¿Se puede pensar la revolución fuera de lo que la ha caracterizado como «principio hegemónico»¹ moderno y por tanto – para usar las palabras de Jacques Camatte – como fuerza que integra² en la dinámica histórica del capital en cuanto totalidad, como «universal» que no deja ya nada (comunidad, área geográfica, esfera de la vida social) fuera de sí? ¿Se puede declinar la revolución fuera del triángulo que la liga a los conceptos de crisis y crítica³, en cuanto aceleradores del «fenómeno capital» y estímulos a su evolución, instancias de negatividad que son absorbidas llevando así al capital a actualizarse, a afirmar su comunidad universalmente y a superar todos los obstáculos que encuentra? Los ciclos revolucionarios que han caracterizado la historia contemporánea, sobre todo donde hayan obtenido victorias momentáneas, no dejarían ilusiones particulares en tal sentido, dado que han terminado por anexar a la modernización capitalista áreas geopolíticas que antes quedaban fuera.