Estamos en un tiempo enloquecedor y bastante sobregirado que no necesita más diagnósticos e interpretaciones sino proposiciones simples, claras y directas que interpelen a ejercitarnos en concreto para pensar lo que nos pasa. A la vez estamos sometidos a una guerra desigual por la atención que compele continuamente a recurrir a términos o expresiones que generen cierto enganche. Sin desconocerlo, no tenemos que sucumbir fácilmente a ello; de igual modo que la claridad expositiva no renuncia a la complejidad en la que se sostienen los enunciados para hacer cuerpo el pensamiento. Así pues, resulta habitual apelar a la expresión del título (la fórmula genérica sería: ¡Es X, estúpidx!) para remarcar algo obvio que no está siendo considerado en los análisis sobre la política y la sociedad, esto es: la eficacia determinante de un factor o práctica específica. Al principio fue la economía, en la génesis de nuestra modernidad, pero dada la desorientación actual se suele variar el término en cuestión, de acuerdo al gremio o profesión de quien enuncia, sin reparar que la misma expresión ya supone un tratamiento del otro bastante descuidado: un insulto o menoscabo a su inteligencia.
Conatus
Tariq Anwar / Cuerpo
Filosofía, LiteraturaTodavía, queridos amigos, debemos preguntarnos qué es un cuerpo. Un cuerpo sin órganos nos dice lo que puede un cuerpo, pero ese poder es el cuerpo. Cuerpo potencia, cuerpo que empuja. Bombeamiento de sangre que es resistencia a cada segundo. Conatus es cuerpo. Intensidad y movimiento perpetuo, que sólo la muerte trans-figura, para que sus potencias se alíen amistosamente a otros cuerpos. Qué puede un cuerpo es lo que es un cuerpo. No hay nada más, pero es mucho. Es tan excesivo que a cada instante el cuerpo quiere abandonarse tanto como conservarse. El cuerpo quiere viajar, desplazarse, tocar y amar con otros. Nada lo detiene, ni siquiera el mito fascista de la identidad o la quietud del orden. El fascismo fracasa porque no va con el mundo, no atiende a la fuerza de la vida, que es la mezcla de todo con todo, ni comprende qué significa verdaderamente estar vivo, es decir, vivir el cuerpo. Cuerpo que vive es potencia abierta, sólo limitada por su capacidad de relación. Cuerpo que muere es potencia disgregada, a la espera de nuevas relaciones. Frente a la extrañeza del otro que produce el fascismo (inmigrante, pobre, mapuche, negro), la potencia de la vida se alimenta sólo de la recepción, del mestizaje infinito, del amor al otro que se sumerge en el propio cuerpo para hacer aparecer un yo. Cuerpo es la potencia tal como la vivimos.
