Hind Joude / Dos poemas desde Gaza

Poesía

Traducción de Ignacio Gutiérrez de Terán Gómez-Benita

No queda azúcar en la ciudad (2023)

Quiero hacer un bizcocho pero no queda azúcar en la ciudad

ni sonrisas que se desborden de rostros fugaces

ni balcones asomados a los sueños

-las ventanas no han vuelto a su sitio desde la última guerra-.

Quiero cocer pan pero no queda trigo en los campos.

Sólo hay un espantapájaros hecho jirones

que aterra a los campesinos pero no asusta a los

cuervos.

Quiero cocer una luna

pero ningún horno puede albergar su redondez mayúscula.

Así que he decidido comerme mi propio corazón,

crudo, eso sí,

porque mi ciudad también se ha quedado sin lumbre.

Juan Manuel Rivas / Dispositivo para la memoria: «Pez Suelto» de David Aránguiz Mardones

Poesía

Por lo general, el primer poemario se convierte en la declaración de principios de alguien que ha encontrado una voz en la palabra. El texto poético como una fotografía captura un momento de la vida del poeta y lo deja plasmado en el verso. En el caso, de David Aránguiz Mardones (1990), su primera obra funciona más bien como un telón exquisito donde el creador vuelca todo su acervo cultural y poético recopilado por años tanto en la academia como en su labor de docente e investigador. De tal suerte, este quehacer muta en un depurado artefacto de resistencia, es así que, “Pez Suelto” (Libros del Pez Espiral, 2024) exhibe una pátina alegórica en sus versos que abraza a cada momento el concepto de sincretismo, pero no comulga con la civilidad del concepto sino al contrario reniega al oponerse al orden establecido en la historia de Chile: patriarcal, clerical, racista y clasista que se gestó con los años como un verdadero imbunche.

Ruba Khalid Al Faleet / Cuando el silencio mata de hambre

Poesía

No queda comida.

Solo el retumbar de los estómagos vacíos—

más fuerte que las bombas,

más implacable que los drones.

Nuestros cuerpos se han reducido a sombras.

Las costillas sobresalen como alas rotas,

como si nuestros pechos anhelaran escapar

de lo que nos hemos convertido.

Hend Jouda / Cinco poemas

Poesía

Estos cinco poemas son de Hend Jouda, una poeta de Gaza cuyos abuelos fueron desplazados de la aldea de Ashdod en 1948. Nacida en el campo de refugiados de Bureij en 1983, Jouda ha publicado tres colecciones: Alguien siempre se va (2013), No hay azúcar en la ciudad (2017), y Un dedo que logró sobrevivir (2024).

Descripción

Mi corazón está agrietado como un pistacho maduro

terco como una cáscara de coco

cicatrizado como un cactus

esquivo como un limón que rueda

وصف

مشقوقٌ قلبي

مثل حبة فستقٍ ناضجة

عنيدٌ

مثل قشرة جوز الهند

ممتلئٌ بالندوب

كثمرة صبار

مراوغٌ

كليمونةٍ تتدحرج

Javier Agüero Águila / Despertar oriental (El jardín de Baudelaire)

Filosofía, Poesía

Desperté pensando en Las flores del mal. No hay nada que pudiera, al menos de manera consciente, indicarme por qué esta fijación que estuvo ahí desde el primer momento de la madrugada, cuando abrí los ojos a las 4 a.m., me levanté, preparé el café y me puse a escribir. No recuerdo ni que Baudelaire, ni que las flores o que algo malvado se me haya aparecido en algún sueño, o tal vez simplemente no lo recuerdo.

La cuestión es que no pude sacudirme a Baudelaire de la cabeza y lo primero que hice después de mi rutina (a la que me aferro y me salva), es ponerme a leer Las flores del mal, frenéticamente, sin parar, sin dejarme tentar por la torpeza de analizar cada poema; solo sintiendo el navajazo de la palabra; la misma que es estremecida por la desmesura, por el mundo fuera de las prescripciones y el folclor de la época, por la expulsión de toda liturgia. Sobrecogido, claro, por el pálpito de una belleza insondable y condenada que no nos llevaría, en principio y si leemos a Baudelaire en serio, a nada “normal” (“Expón tu alma al peligro y puede que sobrevivas como poeta”, escribió alguna vez Jim Morrison).

Melissa Nungaray / Regocijo amurallado por las aspas del viento y otros poemas

Poesía

Regocijo amurallado por las aspas del viento,

nada es mío, nada es mío, deseo que no seas mío,

corazón colibrí, adonde no estás te veo y escucho,

aquí los ojos diluyen cicatrices, fronteras y rayos.

Somos la aurora que danza en la resonancia de la lluvia,

lodosa resonancia que se dice vuelo estelar de la memoria,

aquí la estrella se devora a sí misma en fulgor silente.

Ojo túnel en los retazos de la carne ángel:

a rose is a rose is a rose

Brotan racimos de cielo, llaves, versos espirales

en la concatenación de los espectros.

Ojo túnel en el corazón colibrí,

latidos ferroviarios de la noche,

cántame, oh luna, lo que seré.

Más allá del más allá pronunciado

estoy completa en mis partes divididas.

Y yo que no soy lo que digo

huyo de lo que me dice.

Y yo que soy lo que digo

digo lo que no digo que me dice.