Yanis Iqbal / Círculos y escaleras

Filosofía, Poesía

Me preguntas mientras contemplamos las estrellas

¿Cuál podría ser la forma del duelo?

te digo que el duelo es un círculo,

una escalera de caracol quizás

una que no tiene fin

pienso en cómo vuelvo en círculos

a ti cada vez también

cómo amar es también sufrir y llorar

Todo vuelve a ti de alguna manera

y así sucede entonces

mis ojos vuelven en círculos a ti

y pienso en todas las veces

que seguiré subiendo la escalera

y así sucede entonces

que «quizás» te digo

«el duelo es una escalera de caracol.»

— Aliya Akbar


El poema de Aliya Akbar abre con un deseo de darle al duelo un contorno, de permitirle tomar forma, de permitirle aparecer. El duelo llega aquí como algo que reclama forma, figura, un gesto de decir. La pregunta inicial ya sitúa el sentimiento dentro de la mediación. El duelo entra en el pensamiento a través de la geometría, a través de la analogía, a través de un intento compartido de nombrar. No hay apelación a la inmediatez aquí, ninguna fantasía del afecto como puro desbordamiento. El sentimiento aparece ya tocado por el lenguaje, ya transportado por la interpelación, ya plegado en la relación. Incluso la escena de contemplar las estrellas importa. Suspende la interioridad y dirige la mirada hacia afuera, hacia la distancia, hacia un cielo que recibe la mirada sin ceder posesión. El duelo surge en este intervalo, ni confesional ni crudo, sino contemplativo, pronunciado junto a otro.

Tariq Anwar / Hoy, la forma

Estética, Filosofía, Política

Aunque nos parezca una ambición desmedida —y en efecto lo es—, aunque se nos repita que “no estamos preparados” para pensarla y aunque sepamos de antemano que nuestro pensamiento llega siempre tarde a aquello que pretende comprender, lo único que hoy, cuando todo parece precipitarse, merece ser pensado es la forma. No la forma como ídolo último, no la forma de las formas que vendría a garantizarnos una verdad, sino la forma en el único sentido que no se deja capturar por una definición: como formación, como formándose. Y es en este punto donde la forma revela su vínculo inseparable con la imaginación y con el poder, con la vida y con la muerte, con el lugar y con la utopía.

Porque la forma no es un contorno quieto que delimita una sustancia: es el choque mismo de fuerzas que se delimitan al chocar. Intensidades, volúmenes, ritmos: lo que se expande y lo que se pliega; lo que se ama y lo que se muerde; lo que se sostiene y lo que se quiebra; lo que se vuelve abstracto y, por esa abstracción, queda subsumido en una figura que se pretende neutral. Si hay una ilusión constante del pensamiento occidental, es creer que primero existe “algo” y luego su forma; pero quizá ocurre lo contrario: sólo hay algo en la medida en que hay una cierta manera de formarse, un cierto estilo de aparecer, una cierta economía de lo visible y lo invisible.