Una imagen es un centro de tensiones. Cada imagen abriga fuerzas que la hacen vibrar. Cada imagen es desde siempre más que ella misma, puesto que deja fuera de la visión aquello que no está fuera de ella misma, su contexto, su entorno. Contextos y entornos físicos, materiales despojados de la visión, pero presentes como una carga fantasmal en la imagen. Sí hay una pericia propia de los medios de comunicación corporativos es la de saber precisamente qué dejar dentro y qué dejar fuera, apostando a que nunca nadie verá los fantasmas que cargan la imagen. Las imágenes de Gaza, llenas de cuerpos de niños mutilados, descabezados, quemados parecen un verdadero desafío para los medios. Con ellas no pueden recortar, abstraer, idealizar, porque la carne abierta por la máquina de muerte sionista, repetida millones de veces, desde diferentes ángulos, deja a las corporaciones la única decisión «razonable»: no usarlas o hacerlo sólo selectivamente para provocar un efecto emotivo singular, tan separado del contexto de sentido, que se convierte en su inverso, es decir, una imagen que se abstrae de su condición de aparición y se re-introduce como imagen explicativa o justificativa de los intereses de las propias corporaciones. Tal es el caso de una imagen que apareció hace unos días en el New York Times, donde un niño palestino mutilado por las bombas israelíes aparece en primera plana para contar una tragedia que tiene que ver con sobrevivir, con precariedad, pobreza, sufrimiento humano, sin mencionar una vez la palabra Israel, Estado que ha usado su ejército para mutilar a ese niño.
Genocidio
Mauro Salazar J. / Sobre Economía Política del Enemigo. Arqueologías de la guerra y del genocidio de Carlos del Valle Rojas
Filosofía, Políticaa la comunidad del recuerdo.
En un tiempo marcado por “mercancías mediáticas”, “identitarismos salvajes”, “morales excluyentes” y “metáforas del pánico”, inscritas en la democracia espectacularizada, el trabajo de Carlos del Valle se ha centrado en la industria cultural mediática y en los procesos de enemización desde la intensificación del enemigo. En tales exploraciones el autor ha mantenido una economía argumental balanceada, capaz de articular tonalmente, el registro del ensayo y la investigación crítica.
Pese a lo anterior existe una lección compartida que nos lleva a un escritor argentino, Arturo Jauretche. Hay que mirar el mundo de reojos -decía Jauretche- pues quién se queda exclusivamente en la plenitud (positividad) de los conceptos, tendrá una perspectiva universalista -homogénea- para abarcar y explicar las disyunciones del campo social. De allí que Economía política del Enemigo. Arqueologías de la guerra y del genocidio (2024), abrace el expediente de un ensayo-investigación que releva el estatuto expansivo de la enemización en sus “intersecciones”, “mediaciones” y “efectos de contaminación”. Aquí el enemigo -como dispositivo de época- es también, espectral y perdura en estado de latencia en el marco ampliado de “comunidades leviátanicas”.
Maurizio Lazzarato / ¿Por qué la guerra? La coyuntura económico-político-militar
Filosofía, PolíticaEl fracaso económico y político de EE.UU.
Está en marcha un proceso político y económico doble, contradictorio y complementario: el Estado y la política (estadounidense) afirman enérgicamente su soberanía mediante la guerra (incluida la guerra civil) y el genocidio. Mientras, al mismo tiempo, muestran su total subordinación al nuevo rostro que ha adquirido el poder económico tras la dramática crisis financiera de 2008, promoviendo una financiarización sin precedentes, tan ilusoria y peligrosa como la que produjo la crisis de las hipotecas subprime. La causa del desastre que nos llevó a la guerra se ha convertido en una nueva medicina para salir de la crisis: una situación que sólo puede ser presagio de otras catástrofes y guerras. El análisis de lo que ocurre en Estados Unidos, el corazón del poder capitalista, es crucial porque es precisamente de su seno, de su economía y de su estrategia de poder, de donde han partido todas las crisis y todas las guerras que han asolado y asolan el mundo.
Zachary Foster / Breve historia de la retórica genocida en Israel antes del 7 de octubre
PolíticaDurante casi un siglo, los líderes sionistas e israelíes han estado haciendo declaraciones genocidas sobre árabes y palestinos. Esto comenzó con la acusación de que los palestinos son ellos mismos genocidas y por lo tanto comparados con animales, nazis o Amalec. «No hay palestinos inocentes en Gaza», usando una frase que precede por mucho a octubre de 2023. Esta es una breve historia de la retórica genocida en Palestina e Israel antes del 7 de octubre.
Aldo Bombardiere Castro / Genocidio
Filosofía, PolíticaGenocidio
Hace unos días se cumplió un año del genocidio que Israel perpetra en Gaza. Con plena complicidad de las grandes potencias coloniales y desoyendo las innumerables resoluciones emanadas tanto de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, así como de los mandatos del Tribunal Internacional de Justicia y de las sentencias de la Corte Penal Internacional, el genocidio continúa siendo transmitido en tiempo real.
Asimismo, y en pleno ajuste con los criterios del espectáculo informativo contemporáneo, durante los últimos meses el irrefrenable ímpetu genocida del sionismo ha desplegado su criminalidad a otras latitudes de la región de Asia occidental y central. Como si Israel devastadora consignase en su frente la advertencia de “lo peor siempre puede ser peor”, la sed expansiva de la ideología sionista poco a poco va desatando diversas intensidades de criminalidad contra los pueblos -y también los gobiernos- que solidarizan con la digna resistencia expresada por el pueblo palestino. Los territorios de Yemen, Líbano, Irán, Siria e Irak, hoy se encuentran asolados ya no sólo por los múltiples dispositivos imperiales ejecutados por y desde occidente, sino por la herrumbe militarista de un sionismo que cada vez se distingue menos y se mimetiza más con el término genocidio.
Javier Agüero Águila / La paz no existe
Filosofía, PolíticaLa paz no es el antónimo de la guerra, por el contrario, es su mímesis. El espacio en blanco (su sangría) que la antecede.
¿Qué paz? ¿hay diferentes formas de paz o la inmensidad de su significado se abrevia en su puro singular? ¿Desde qué lugar hablamos en el momento en que nos dirigimos a ella? ¿es posible ir directo a la paz, sin desvíos, sin permutar nada, sin conceder la más mínima alteración de nuestra pulsión pacifista? O, por el contrario ¿estamos determinados a destruir todo a nuestro paso mientras nos enrolamos en su búsqueda frenética? La paz no existe, nunca, es una esterilidad histórica y culturalmente falsa; se trataría de que en su nombre todo lo que la humanidad ha perseguido no es más que la expansión y subordinación de un grupo humano por sobre otro. La paz no existe, no es, y toda su gramática y tradición que deviene de un cierto eco judeo-cristiano no se correlaciona en nada con la constatación histórica del sometimiento que urge y exige.
