Durante estos días, el espectáculo mediático ha gozado con la «humanidad» de los miles de refugiados sirios, kurdos y demases que «invaden» las calles europeas. Nos ha dicho, en el tono de ese snobismo cristiano, que «todos deberíamos ayudar», nos ha repetido hasta el cansancio «que tragedia más grande» y lo más cultos han insistido en la necesidad de que la abstracta «comunidad internacional» esté a «la altura» de las circunstancias. Los presidentes de Francia y Reino Unido han dicho que «ayudarán», pero ninguna voz se ha escuchado denunciando la dimensión política del problema: si hay refugiados es porque hay guerra.
Mes: septiembre 2015
Federico Galende / Migraciones
FilosofíaEl otro día (fue en el muro de facebook de una amiga) me encontré con uno de esos típicos cortos de Scola que tienen siempre algo de simplón o emotivo, un aire sentimental que juega a ser deliberadamente anticuado y que en efecto parece venir de otra era del cine. En la primera escena del film se ve a un grupo de soldados nazis armados hasta los dientes, se ven camiones, se ve a los soldados subiendo a culatazos a esos camiones a varias familias de judíos que acaban de ser desalojadas del barrio en el que viven.
Pilar Herráiz Oliva / Aristóteles en París: averroísmo y condenas a la nueva filosofía
FilosofíaDaniel Link / Leer lo viviente: Roland Barthes y la filología
Arte, Filosofía, LiteraturaLas salidas del texto
¿Cómo entrar en la obra de Barthes? Es un rizoma, una madriguera. Entro, desde el momento en que escribo esa frase, por una entrada diminuta, la entrada del fragmento y el detalle. Roland Barthes, en Argentina, nos desvió definitivamente de la ruta filológica que hubiéramos debido transitar obligatoriamente. Entiéndase: nos obligó a abrazar la felicidad del desvío, para volver a ese camino con mil recuerdos de juegos (de lenguaje y de vida).
