Cada cierto tiempo, digamos sin plazos fijos, se produce el retorno. Las cosas vuelven a ser como fueron, las miradas y los gestos se repiten, las manos que alguna vez se separaron vuelven a unirse y aquellas que se juntaron de nuevo se separan. No se trata de un retorno a lo uno, sino a lo mismo. Por eso es muchas veces imperceptible a la razón. El retorno de lo mismo se siente, se percibe espectralmente. Para el pensamiento es su condición de posibilidad, de modo que no puede habitarlo más que como un anti-pensamiento. Negatividad que es medio. Como el mar infinito en que nacimos hace millones de años y que ahora creemos dominar con el cálculo y la venganza. Pero ya dijo William Blake “El rugido de los leones, el aullido de los lobos, la ira del tempestuoso mar y la espada destructiva son porciones de eternidad demasiado grandes para el ojo humano”.
Literatura
Juan Manuel Rivas / Cómo abordar un artefacto mágico: los poemas como designios. Reseña sobre “Poemancias”, de Micaela Mendoza y Adrell Romero
LiteraturaComo definir la crispación de la marea cuando el viento dibuja su suave ondulación o como cincelar la madera reblandecida por la humedad del tiempo siniestro. Hay cosas que no se pueden describir tan fácilmente. “Poemancias” (2020, Editorial Perro Negro: Bolivia), de las poetas y transmutadoras Micaela Mendoza, boliviana, y Adrell Romero, mexicana, es a todas luces un libro oracular, un poemario de alcances proféticos y que funciona como tarot, donde cada carta unge al poema al lugar que siempre ha debido tener: un designio procedente de las profundidades del alma. Si bien el concepto de la obra transita por las mancias propias del devenir mágico, también quedan de manifiesto temas propios del mundo conocido de las autoras. Es extravagante señalar que este proyecto comenzó por vía mántica, pero así lo expresa una de sus autoras, Micaela Mendoza, quien habita las alturas de Bolivia y agrega que este juego de puertas se inició a través de una conexión astral con Adrell, la otra autora, quien vive en México: “Comenzamos a tirar las cartas a distancia y a hacer rituales y después a realizar el estudio de los símbolos y de ahí fueron saliendo los poemas”. Asimismo, se unió a esta aventura la diseñadora y taromante Carla Spinoza, quien proveyó de surrealismo y arte al proyecto. Según agrega Mendoza “el proceso fue detallado, largo, contemplativo y lleno de ceremoniosidad, pero el resultado vale la pena puesto que hace su ciclo vital en las manos de cada persona, es un oráculo literario finalmente”, sentencia la poeta.
Alexis Donoso G. / Señales que precederán al fin del mundo de Yuri Herrera
LiteraturaLa tendencia a reducir esta novela, por un lado, a cumbre de la literatura de frontera, y por otro, a dos temas fundamentales del subgénero narconovela como son la migración y el narcotráfico, no aporta para extraer un mayor rendimiento de la misma en cuanto a la obtención de significados distintos, al contrario, empobrece el proceso de análisis entrampando y clausurando sus posibilidades de interpretación. Por tanto, es necesario ofrecer una lectura distinta que pueda aportar una salida hacia nuevos sentidos que enriquezcan de este modo la experiencia de la lectura de lo que Yuri Herrera (Actopan, 1970) propone y describe.
Guillermo Enrique Fernández / En torno a la lectura de A la caza del animal que no se oculta de Ramón Guzmán Rallimán
LiteraturaEstamos como lectores y lectoras a la caza del animal que no se oculta, la palabra se transforma por una letra en casa, una casa para siempre, no sabemos si entramos a la casa o es la casa de la cual no hemos podido salir y no lo sabíamos, o no queríamos reconocer como casa. Una casa que no cobija, sino que es inhóspita, como el mundo, la historia.
Tariq Anwar / El fuego del poeta
Literatura, Música, PoesíaEl poeta está incendiado. El fuego proviene de su propia materia. Es una palabra que ha sido imagen, que ha devenido palabra, que será imagen. Eso es el fuego del poeta, su incapacidad de separar la imagen de la palabra, de desafectarse de la materia en que se da forma y crea. El fuego quema, duele, porque hace extraña mimesis del mundo. Es el mundo derritiéndose para abrir nuevos mundos. El poeta absorbe las cosas, y al hacerlo se inflama, porque las cosas para él son combustible para una nueva imagen-palabra. No es grato ser poeta. Yo, por lo menos, los compadezco. Compadezco su agonía, su unión profunda con el lugar en que todo se mezcla. Compadezco su mirada aterrada frente a un mundo que cada vez más cree poder vivir sin afectarse, afectarse sin vivir.
Miguel Ángel Hermosilla / La escritura ingobernable de Gabriela mistral
Filosofía, Literatura, PoesíaGabriela mistral se construye como sujeto por debajo de los poderes y saberes oficiales. La imaginación mistraliana es profundamente material y su poesía no acepta las abstracciones en el lenguaje, por lo tanto caracterizar su imaginación creadora exige plantearse desde la inmanencia a-nárquica de lo duro y lo seco.
Mistral se construye como “sujeto constelado” no en relación con lo trascendente y lo espiritual, sino con lo material, con lo no humano, en cierta “economía de la presencia, sin metafísica de la presencia”. De los cuatros elemento; aire, agua, tierra y fuego, privilegia en primer lugar la tierra; la lucha se da en la tierra, (Desolación, P. 147). Según Deleuze, la tierra es el punto donde se concentra toda la energía del mundo. La búsqueda de la energía, la fuerza y la potencia de lo duro es una búsqueda del aferrarse no a un principio ontológico, originario y totalizador de lo múltiple; (expulsa toda teología), ni al hombre (expulsa toda antropología), sino en el rizoma de los elementos, en una no persona. La imaginación mistraliana se construye desde lo que está sobre la tierra y en la tierra, privilegiando los objetos duros y fuertes, contemplando, no obstante, que hay una paradoja latente en lo duro y lo fuerte: se desgarran, se rompen, se trizan, se hacen polvo. No hay materia ligada a la tierra que no se quiebre y fragmente. El devenir de todo lo duro es la disolución; ¡su desolación!; la belleza de la finitud, pero a la vez, lo duro, lo terrenal, es lo único que somos capaces de palpar, experimentar, conocer y habitar, por eso, todas las partes del cuerpo que tengan contacto con la tierra son importantes; los pies, las rodillas, la manos y los brazos, pues, nos devuelven en su mediación defectuosa la “desposesión” constitutiva de nuestro protésico estar en el mundo.
