Dionisio Espejo Paredes / Anatomía de la «incorrección política» en la era digital. Pensar una Nueva Ética Pública

Filosofía, Política

1. Introducción

Son muchos los que han decretado el fin del imperio woke. Parece algo así como el canto de liberación frente a una época de opresión y censura. Lo que se presenta como valentía y libertad de expresión es, en realidad, la nostalgia por una impunidad perdida: el derecho a humillar a los más débiles sin consecuencias. Este discurso de «incorrección» es, en esencia, un populismo reaccionario. Instrumentaliza el malestar social para atacar a minorías (migrantes, mujeres, colectivos LGTBIQ+) mientras protege los privilegios de las élites tradicionales. No construye alternativas; solo cultiva el resentimiento. Por ello, es el germen de un neototalitarismo que, disfrazado de rebelión, amenaza los derechos de todos.

Aquí, frente al falso dilema entre callar (censura) o decir cualquier cosa (libertad), se propone una libertad responsable. La frontera ética no está entre lo «correcto» e «incorrecto», sino entre la crítica legítima y el ataque a la dignidad humana frente al imperio del más agresivo. Desde una perspectiva antropológica, la civilización se basa en la renuncia a ciertas pulsiones destructivas. La incorrección agresiva representa una regresión a un estado pre contractual y prepolítico donde impera la ley del más fuerte. Demoler todos los tabúes no conduce a la libertad, sino a la ley de la jungla discursiva. Incluso podríamos decir como Adorno y Horkheimer que las pasiones privadas se vuelven a convertir en virtudes públicas (Dialéctica de la Ilustración) como en la era totalitaria.

Rodrigo Karmy Bolton / El sionismo es un “wokismo”. Greta Thunberg y Palestina

Filosofía, Política

1.- En el año 2023 la filósofa Susan Nieman publicó un célebre libro titulado Left is no woke en el que critica fuertemente el advenimiento de una izquierda que ha perdido su sentido de universalidad y ha pasado a defender única y exclusivamente identidades particulares. Frente al supuesto “irracionalismo” prevalente en filosofía y, en particular en la izquierda, donde autores como Carl Schmitt o Michel Foucault destacan, Nieman reivindica la ilustración del siglo XVIII que, en sus palabras: “Si continuamos malinterpretando la Ilustración, será difícil que apelemos a sus recursos.” (p. 149) Recursos en los que se despliega el “progreso, justicia y solidaridad” y donde no abunda el particularismo “tribalista” que Nieman denuncia con fuerza a lo largo de su libro. Demás está decir que su libro no se caracteriza por lecturas finas (ni de Heidegger, Schmitt, Foucault o del propio Adorno) a los que considera como pivotes del “irracionalismo” prevalente y la deriva de la izquierda hacia el “wokismo”, esto es, la tendencia identitarista que, siendo originalmente una veta de la derecha, habría sido asumida por la izquierda.