Imagino la muerte sin antes ni después. Un evento que nunca ocurrió ni ocurrirá. Un tiempo de pliegues o burbujas en las que dejo de sentir sin jamás saber cuando sentía y cuando no. Por violenta que sea, la muerte es un libro en el que todavía después de ser acabado restan los créditos y el colofón. Imagino el adormecimiento, la falta de oxígeno que nubla el cerebro. No hay un evento-muerte, sino solo sus movimientos dándose dese que nací. Movimientos que son también mi vida, cómo no. No se trata de una incrustación, un otro, un objeto que me atraviesa, sino de mí mismo siendo. La muerte no me es ajena, sino propia. No necesito tener una pulsión hacia ella, sino que ella es mi pulsión. Lo más íntegro, lo más propio cuyo avance es la disolución del yo. Pero…
Gaza
Nicolás Ried Soto / “Palestina”, la palabra. El concepto de crítica de Judith Butler
Filosofía, Política1. De los cuentos conocidos hasta ahora, no hay uno donde Franz Kafka haya escrito la palabra “Palestina”. Esa palabra, sin embargo, no está ausente en su obra: en la primera carta que le envía a Felice Bauer, a quien conoció en casa de Max Brod el año 1912, Kafka rememora su encuentro y confirma la promesa mutua de viajar a Palestina. En la carta se presenta nuevamente y le recuerda el movimiento de sus manos: primero, le pasó fotografías de un viaje; luego, sus manos cogieron las de ella; finalmente, esas mismas manos son las que escribieron la carta. En una misiva posterior, Kafka vuelve al asunto de Palestina y le escribe a Felice: «Surgió el tema del viaje a Palestina, y entonces me tendió usted la mano, o más bien fui yo quien la atrajo, en virtud de una inspiración».
Mauricio Amar / La imagen y el dolor. Sobre la anestesia de los sentidos en la época del genocidio
Filosofía, PolíticaUna imagen es un centro de tensiones. Cada imagen abriga fuerzas que la hacen vibrar. Cada imagen es desde siempre más que ella misma, puesto que deja fuera de la visión aquello que no está fuera de ella misma, su contexto, su entorno. Contextos y entornos físicos, materiales despojados de la visión, pero presentes como una carga fantasmal en la imagen. Sí hay una pericia propia de los medios de comunicación corporativos es la de saber precisamente qué dejar dentro y qué dejar fuera, apostando a que nunca nadie verá los fantasmas que cargan la imagen. Las imágenes de Gaza, llenas de cuerpos de niños mutilados, descabezados, quemados parecen un verdadero desafío para los medios. Con ellas no pueden recortar, abstraer, idealizar, porque la carne abierta por la máquina de muerte sionista, repetida millones de veces, desde diferentes ángulos, deja a las corporaciones la única decisión «razonable»: no usarlas o hacerlo sólo selectivamente para provocar un efecto emotivo singular, tan separado del contexto de sentido, que se convierte en su inverso, es decir, una imagen que se abstrae de su condición de aparición y se re-introduce como imagen explicativa o justificativa de los intereses de las propias corporaciones. Tal es el caso de una imagen que apareció hace unos días en el New York Times, donde un niño palestino mutilado por las bombas israelíes aparece en primera plana para contar una tragedia que tiene que ver con sobrevivir, con precariedad, pobreza, sufrimiento humano, sin mencionar una vez la palabra Israel, Estado que ha usado su ejército para mutilar a ese niño.
Zachary Foster / Breve historia de la retórica genocida en Israel antes del 7 de octubre
PolíticaDurante casi un siglo, los líderes sionistas e israelíes han estado haciendo declaraciones genocidas sobre árabes y palestinos. Esto comenzó con la acusación de que los palestinos son ellos mismos genocidas y por lo tanto comparados con animales, nazis o Amalec. «No hay palestinos inocentes en Gaza», usando una frase que precede por mucho a octubre de 2023. Esta es una breve historia de la retórica genocida en Palestina e Israel antes del 7 de octubre.
Aldo Bombardiere Castro / Genocidio
Filosofía, PolíticaGenocidio
Hace unos días se cumplió un año del genocidio que Israel perpetra en Gaza. Con plena complicidad de las grandes potencias coloniales y desoyendo las innumerables resoluciones emanadas tanto de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, así como de los mandatos del Tribunal Internacional de Justicia y de las sentencias de la Corte Penal Internacional, el genocidio continúa siendo transmitido en tiempo real.
Asimismo, y en pleno ajuste con los criterios del espectáculo informativo contemporáneo, durante los últimos meses el irrefrenable ímpetu genocida del sionismo ha desplegado su criminalidad a otras latitudes de la región de Asia occidental y central. Como si Israel devastadora consignase en su frente la advertencia de “lo peor siempre puede ser peor”, la sed expansiva de la ideología sionista poco a poco va desatando diversas intensidades de criminalidad contra los pueblos -y también los gobiernos- que solidarizan con la digna resistencia expresada por el pueblo palestino. Los territorios de Yemen, Líbano, Irán, Siria e Irak, hoy se encuentran asolados ya no sólo por los múltiples dispositivos imperiales ejecutados por y desde occidente, sino por la herrumbe militarista de un sionismo que cada vez se distingue menos y se mimetiza más con el término genocidio.
Sophia Goodfriend / El teatro de la seguridad israelí
PolíticaDespués de detonar miles de buscapersonas portados por miembros de Hezbolá en un ataque que tomó por sorpresa a gran parte del mundo, Israel ha lanzado ahora un sangriento asalto aéreo y terrestre contra el Líbano. Desde el 23 de septiembre, los ataques aéreos israelíes han matado a más de 1,000 personas, incluidos cientos de mujeres y niños, en lo que se ha descrito como uno de los bombardeos aéreos más intensos de la historia moderna. Más de 1 millón de personas están desplazadas en todo el país. Y a pesar de haber asesinado al líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, la agresión de Israel no muestra signos de disminuir.
