En uno de los últimos números de Princeton Alumni Weekly que llega a mi buzón mensualmente aparecía una breve nota sobre el desplome de la participación activa de estudiantes graduados de Princeton en las donaciones anuales de esa institución [1]. Al menos desde la pandemia, si no antes, la contribución de los egresados vive un marcado declive que se ha vuelto una nueva tendencia en las métricas institucionales. Y una tendencia de la época, añadiremos nosotros, puesto que hasta aquí el artículo no llega. En una época marcada por la stagnation o declive; fenómeno que Marx vinculó a la caída de la tasa de ganancias en la crisis interna de la acumulación, ahora se expresa también al interior del aparato universitario norteamericano. Desde la crisis financiera del 2008, las universidades (aunque mucho más las públicas), se vieron a la esquina de un colapso, lo que llevó a una reestructuración fiscal sin precedentes, aferrándose y dependiendo aún más de los esquemas bursátiles federales a dos bandas. Las universidades privadas, por su parte, aprovecharon para ampliar sus assets y fondos financieros de inversión en una “global mission” que ahora ha entrado en directa confrontación ante el auge neonacionalista que pone en cuestión, función unitaria del poder ejecutivo mediante, la rentabilidad de un cuerpo estudiantil de active clients.
Palantir
Alberto Toscano / Diseñado para dominar
PolíticaUna nueva campaña de reclutamiento apareció en los campus universitarios de élite de Estados Unidos este abril. En escuelas como Cornell y UPenn, carteles en paradas de autobús con un fondo negro severo comenzaban con una advertencia ominosa: «Ha llegado un momento decisivo para Occidente» — antes de acusar que la mayoría de las empresas tecnológicas fallan en considerar el «propósito nacional» al decidir «qué debería construirse.»
Por el contrario, Palantir, el contratista de defensa de análisis de datos detrás de los carteles, declaró que no solo construye productos tecnológicos «para asegurar el futuro de América,» sino «para dominar.»
El mensaje implícito de los anuncios hace eco de la convicción del liderazgo de Palantir, incluyendo al fundador Peter Thiel y al CEO Alex Karp, de que el verdadero mandato de Silicon Valley es cimentar la supremacía militar de Estados Unidos y Occidente — una nostalgia reaccionaria por la fusión de la Guerra Fría entre estado, ingeniería y capital.
