Esta nota no pretende ser sino un apéndice al texto sobre el colapso de la universidad norteamericana, al que Rodrigo Karmy le ha replicado incorporando otras escenas. Lo que recorre implícitamente ambos textos es lo que podemos llamar la ruina del verosímil universitario. Dicho en forma de tesis: el colapso de la universidad supone el fin efectivo de su verosímil. Así, cuando Karmy habla de la desaparición del “papel” en el momento pandémico, lo que se ventila no es solo solo el quiasmo entre la hoja y el lápiz – y lo que esto implica para la memoria y la mano del ser humano – sino también el fin del “papel” que la universidad encarnó durante siglos en la constitución performática del guión modernista.
Universidad
Rodrigo Karmy Bolton / La Universidad (norteamericanizada chilena) ya ha colapsado
Filosofía, Política1.- No hay papel.
Quisiera seguir el hilo de la profunda columna de Gerardo Muñoz titulada La Universidad norteamericana ya ha colapsado, a partir de una experiencia biográfica que, me parece interesante de problematizar a propósito del colapso en curso. En el año 2020, en plena pandemia, mientras la universidad se había reducido a una pantalla, muchas veces con estudiantes que no eran más que pantallas negras premunidos de alguno que otro nombre, y con el pánico diario de que las vacunas se estaban probando y entonces nuestros múltiples dispositivos inmunitarios nos ofrecían algo más que limpieza cotidiana, sino que parecían asegurarnos una vida eterna, ocurrió una escena del todo singular. Pertenecía yo al decanato de esa época y, un día, se nos citó a una reunión de Consejo de Facultad que, entre los puntos que se debían discutir, era la exposición del encargado de la vicerrectoría de asuntos digitales que, hasta donde recuerdo y a propósito de la demanda pánica que impulsó la pandemia- nos venía a presentar una modernización de los sistemas digitales de la universidad, tan urgente como necesario.
Gerardo Muñoz / La universidad norteamericana ya ha colapsado
Filosofía, PolíticaEn uno de los últimos números de Princeton Alumni Weekly que llega a mi buzón mensualmente aparecía una breve nota sobre el desplome de la participación activa de estudiantes graduados de Princeton en las donaciones anuales de esa institución [1]. Al menos desde la pandemia, si no antes, la contribución de los egresados vive un marcado declive que se ha vuelto una nueva tendencia en las métricas institucionales. Y una tendencia de la época, añadiremos nosotros, puesto que hasta aquí el artículo no llega. En una época marcada por la stagnation o declive; fenómeno que Marx vinculó a la caída de la tasa de ganancias en la crisis interna de la acumulación, ahora se expresa también al interior del aparato universitario norteamericano. Desde la crisis financiera del 2008, las universidades (aunque mucho más las públicas), se vieron a la esquina de un colapso, lo que llevó a una reestructuración fiscal sin precedentes, aferrándose y dependiendo aún más de los esquemas bursátiles federales a dos bandas. Las universidades privadas, por su parte, aprovecharon para ampliar sus assets y fondos financieros de inversión en una “global mission” que ahora ha entrado en directa confrontación ante el auge neonacionalista que pone en cuestión, función unitaria del poder ejecutivo mediante, la rentabilidad de un cuerpo estudiantil de active clients.
Mahmoud Khalil / Carta a Columbia
Política[Nota introductoria: La más reciente carta de Mahmoud Khalil dirigida a la Universidad de Columbia es su segunda declaración escrita – la primera carta fue redactada oralmente desde la prisión de Louisiana tras su arresto y desplazamiento por ICE – publicada el 4 de Abril en el Columbia Spectator y que ahora ponemos a disposición en traducción al castellano. La carta de Khalil habla por sí sola, y no requiere la mayor elucidación sobre los hechos que denuncia con un tono ecuánime y decidido. Sin embargo, lo más llamativo de la carta de Khalil es la manera en que aborda con total claridad un hecho fundamental de comprensión: esto es, que la persecución profiláctica contra los estudiantes afines a la causa Palestina en la universidad norteamericana no ha originado a partir de una fuerza exterior que se inmiscuye sobre la autonomía institucional; más bien, la embestida contra los estudiantes se ha ejercido desde una fuerza social generalizada de delación de la que participan no solo rectores y administradores de la institución, sino también un sector del estudiantado y del faculty. Esto quiere decir que la abdicación de la universidad constituye un proceso interno a sus estructuras, avalado por la propia racionalidad administrativa, gerencial, y ponderada. Ha sido sólo en su última instancia que la universidad ha incentivado la coacción del gobierno federal de su ascendente giro de aniquilación. En este sentido, y como lo demuestra el propio Khalil, el barómetro de la persecución tiene lugar de la interioridad a la interioridad, suturando toda posibilidad de un afuera o disidencia. Quizás este sea el punto de bifurcación del colapso universitario actual con respecto a la secuencia de las protestas estudiantiles de los 60s: pues hoy la superación de los límites de la autonomía mediante la fuerza de diversos actores sociales optimizan el imperativo de una moral pública que promete una paz perpetua imperial sin perturbaciones de la palabra o de la verdad. Desde el Agrícola de Tácito sabemos que este ha sido el horizonte de toda energía imperial: “Los ladrones del mundo dan a la rapiña, a la matanza y al robo el nombre engañoso de imperio, y donde crean un desierto lo llaman paz” (auferre, trucidare, rapare, falsos nominibus imperium, atque, ubi solitudinem, face, pacem appellant). Contra la agónica paz del ‘time, place and manner’ sobre la que ahora se hunde la universidad contemporánea socialmente indiferenciada y tecnológicamente subsumida, el testimonio de Khalil insiste en el uso de la palabra contra una guerra ecocida – una guerra contra la proliferación de los espacios y de los entornos, no a otra cosa apunta Palestina- sobre la que ya es imposible callar. — Gerardo Muñoz]
A Columbia, institución que sentó las bases para mi secuestro, y a su alumnado, que no debe renunciar a su responsabilidad de resistir la represión dirijo las siguientes palabras:
Desde mi secuestro el 8 de marzo, la intimidación y el secuestro de estudiantes internacionales que defienden a Palestina no han hecho más que acelerarse. El 9 de marzo, Yunseo Chung tuvo que presentar una demanda y, finalmente, solicitar una orden judicial que impidiera al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) detenerla por su actividad de protesta. Luego, el 11 de marzo, Ranjani Srinivasan decidió cruzar la frontera a Canadá creyendo que esta universidad podía entregarla a ICE en cualquier momento. Y más allá del campus de Columbia, Leqaa Kordia, el doctor Badar Khan Suri y Rümeysa Öztürk han sido secuestrados por el Estado. La situación me recuerda curiosamente a cuando huí de la brutalidad del régimen de Bashar al-Assad en Siria y busqué refugio en el Líbano. La lógica utilizada por el gobierno federal para atacarme a mí y a mis compañeros es un calco directo del manual de represión desplegado por la Universidad de Columbia sobre la cuestión Palestina.
Gerardo Muñoz / El aflorcerer por la palabra
Filosofía, PolíticaPlenario sobre Mahmoud Khalil en Manhattan en la noche del sábado 22 de Marzo. Se me ocurre describirla, al vuelo, como una experiencia agridulce y detallista, aunque con eso decimos poco. Sabemos que el detalle expone la tentación de invocar plenamente a la figura ausente. Si al mundo hoy le falta la especie humana en su conjunto, aquí nos falta un hombre: falta Mahmoud Khalil entre nosotros. Este era el pathos subyacente a las previsibles consignas que todos sabemos. Buscar y anotar el detalle que reverbera entre nosotros, eso pensé desde el fondo y ahora lo sigo pensando. Hace unos meses solo cierto milieu del Upper West metropolitano sabía de Mahmoud Khalil, o había podido escuchar su voz durante las acampadas propalestinas en Columbia University. En su capacidad de detalle que ha astillado la totalización en la que nos encontramos, el nombre de Mahmoud Khalil nos da entrada a todo lo que nos falta. Divagar es promover una enunciación de pequeñas ruinas: falta Mahmoud Khalil, falta Palestina, faltan esos otros, recordados en la carta de Khalil, que pueblan los oscuros calabozos a la espera de una deportación sin proceso en el país de la “Originalist Constitution”.
Marcy Newman / Cómo las universidades israelíes son un brazo del colonialismo de asentamientos
PolíticaSobre Towers of Ivory and Steel:How Israeli Universities Deny Palestinian Freedom de Maya Wind, Verso Press.
Poco a poco, las legislaturas estatales de todo Estados Unidos están interviniendo en prácticas universitarias como la titularidad y la DEI (diversidad, equidad e inclusión). Recientemente, la Cámara de Representantes de Indiana ha intentado legislar la «diversidad intelectual» exigiendo que los académicos compartan una variedad de perspectivas que puedan ser evaluadas cuando se sometan a examen. A nivel nacional, las instituciones de élite han sido objeto de críticas si su administración no es suficientemente sionista.
La intromisión del gobierno en la vaca sagrada de la libertad académica es precisamente la forma en que el gobierno israelí interviene en las vidas de profesores y estudiantes. La diferencia es que, en Israel, esa injerencia está integrada en el sistema. Por eso, Towers of Ivory and Steel: How Israeli Universities Deny Palestinian Freedom (Torres de marfil y acero: cómo las universidades israelíes niegan la libertad a los palestinos), de Maya Wind, es una herramienta fundamental para cualquier persona relacionada con la vida académica: estudiantes, profesores o personal. También es un texto que las personas implicadas en el movimiento de boicot, desinversión y sanciones (BDS) encontrarán esencial: su análisis sistemático, su historia y sus datos sólidos son la munición que necesitamos para combatir a quienes asumen erróneamente que boicotear las instituciones académicas israelíes socava la libertad académica.
