Mauricio Amar / Utopía

Filosofía, Política

El mundo que conocíamos se disuelve a gran velocidad sin que en el horizonte veamos esperanzas de un mundo más justo. La guerra a gran escala ha despertado nuevamente y, como deberíamos saberlo todos, la guerra es siempre el juego del capital. Como siempre, se trata de conseguir recursos para territorios del centro productivo de los últimos doscientos años que, sin embargo, debido a su propio proceso de aceleración del capitalismo, ahora devienen relativamente descentrados y con una hegemonía cuestionada. La promesa del mundo capitalista es hoy que no hay futuro, cuestión que, aunque no todos lo comprenden, hasta la deriva fascista de Europa lo intuye. Que no haya futuro significa que para la mayor parte del planeta lo que se avecina es la vida en territorios hostiles a ella, la propagación de diversas y desconocidas enfermedades pandémicas, enfrentamientos cada vez más intensos por asegurar los recursos naturales, lo que va de la mano con grandes oleadas migratorias y la instalación sobre los propios recursos de las corporaciones que hoy controlan los datos y la banca, que serán las únicas con capacidad militar. Esa imagen ciberpunk del mundo la imaginamos muchos, pero nuestra imaginación se ha construido con las películas y novelas de una industria cultural ligada a la propia acumulación de capital ¿podemos imaginar de otro modo? 

Tariq Anwar / Utopía

Política

Decir que el mundo está cambiando ya es obviedad. Que nadie sabe exactamente hacia donde se dirige ese cambio es otra más. Predecir el futuro me resulta siempre algo incómodo, porque a lo sumo uno puede ver procesos a tiempo real que parecen articularse o descomponerse. El fortalecimiento de los BRICS y su propuesta de desdolarizar, el rol de la inversión China en África y América Latina, el retorno de Estados Unidos a Sudamérica a propósito del caso Venezuela, el nihilismo estadounidense leído por Emmanuel Todd, los procesos de descolonización en África al sur del Sahel, la aceleración de la forma genocida de Israel sobre los palestinos, el avance de las derechas extremas al estilo Bolsonaro, Milei, Trump o Meloni, el desarrollo de la IA a un nuevo nivel. Un recuento inexacto y poco exhaustivo de cosas que se me vienen rápidamente a la cabeza. Luego pienso, mierda, todo esto en un horizonte de fin de mundo por una crisis climática que agudizamos a cada momento con nuestros propios actos, quizá ya con nuestra mera existencia. Hasta aquí todo mal ¿no? Es decir, qué se puede hacer con esto. Es un esperpento de mundo. El único destino de todo esto es una carretera del tipo Cormac McCarthy, aunque quizá esta no es otra cosa que la consumación del sueño americano, en la que los Abu Ghraib se vuelven indistinguibles de la risotada en la cara de Ronald McDonald.  

Luciano Carniglia / De Catástrofes y Utopías. Apuntes para un pensamiento de la relación entre hombre, naturaleza y técnica a la luz del problema de la alienación en Marx y Simondon

Filosofía

En la actualidad, algunas de las voces críticas que buscan afinar la comprensión del fenómeno técnico como uno de los horizontes de sentido determinantes de nuestra contemporaneidad, atribuyen al humanismo, en sus diversas variantes, su profunda incomprensión. Ya Heidegger en su Carta sobre el humanismo advertía acerca de la inevitabilidad de una cada vez más creciente tecnificación de la vida. La imposibilidad del hombre de reconocerse en un mundo totalmente tecnificado, esto es, en esa naturaleza a la cual ha logrado reducir a la servidumbre y que lo enfrenta incluso a la posibilidad de su aniquilación por medio del peligro atómico, se encontraba ya implícita, como un destino, en la forma en que el humanismo pensaba la humanitas del homo.