El neoliberalismo que conocimos durante las últimas cuatro décadas ha cesado. Ni continuidad, ni radicalización, pasaje a otra fase de acumulación de capital. Conviene nombrar con precisión, porque el diagnóstico errado autoriza respuestas erradas. La fase actual del capital es «anárquica» en sentido técnico, no metafórico. El término, recuperado aquí de la tradición Hayek-Rothbard que las nuevas derechas leen sin pudor académico, designa una operación específica: el mercado prescinde del Estado mediador, del parlamento deliberante, del partido articulado, del aparato pedagógico legitimador. Opera directamente, por velocidad, sin sintaxis. La política devino administración del flujo. Ya no condición de su legitimación.
Derechas
Paloma Castillo / Faltan palabras para nombrar qué quiere el otro. Legitimidad y dispersión ideológica: discusiones en Pensar las Derechas
Filosofía, PolíticaEl pasado viernes 15 de mayo participé en el seminario Pensar las derechas, organizado por el CEPIB de la Universidad de Valparaíso. Quiero rescatar para la reflexión algo de la discusión que se dio en la mesa en que estuvimos Ismael Puga y yo, pues es parte de las cosas que me preocupan intensamente.
En mi último proyecto FONDECYT sobre sufrimiento social y actitudes hacia el estallido realizamos una encuesta levantada en las cincuenta y dos comunas de la Región Metropolitana, con cinco mil casos. En esa encuesta el 36,2% de las personas a las que les preguntamos por su posición política eligió la categoría “Ninguno”. Ni izquierda, ni centro, ni derecha. Ninguno. Y ese 36,2% es la categoría modal: hay más personas que dicen “Ninguno” que personas que se identifican con la izquierda, el centro o la derecha consideradas por separado.
Mauro Salazar J. / Utra-derecha y emergencia. La pastoral del pánico
PolíticaLa «emergencia» llega siempre tarde: nombra lo que ya ocurrió, promete lo que aún no ocurre, y en ese intervalo entre el diagnóstico y la medida habita, cómodamente, el poder. La «emergencia» no es el nombre de una crisis: es la crisis del nombre que se hace pasar por su solución.
La «emergencia» es una forma de gobierno antes de ser una descripción de la realidad: nombra lo que ya ocurrió, promete lo que aún no ocurre, y en ese intervalo entre el diagnóstico y la medida habita, cómodamente, el poder. La «emergencia» no es el nombre de una crisis: es la crisis del nombre que se hace pasar por su solución. «Gobernar es comunicar»: la frase ha sido repetida con tanta convicción durante tantos meses que ya nadie recuerda que es una metáfora y no una definición. Lo que la metáfora produce, cuando se la toma en serio, es la inversión silenciosa de la política en espectáculo: ya no se gobierna para comunicar lo que se hace, sino que se comunica para producir la impresión de que se gobierna. La diferencia parece técnica; en el fondo es la diferencia entre la política como acción sobre el mundo y la política como administración de su imagen. Que esa diferencia haya dejado de parecer importante es el dato más revelador del momento que vivimos, y también el más cómodo para quienes gobiernan.
