Gerardo Muñoz / Algunas notas sobre Naza (2026)

Cine, Estética, Filosofía, Política

El documental Naza (2026), dirigido por Yuval Abraham and Rachel Szor que en estos días podía verse en el Festival de Cine de Nueva York introduce un concepto al léxico de la devastación en curso: “naza”, una abreviación de “nezek agavi” o daños colaterales a causa de los bombeardeos teledirigidos del ejército israelí sobre la población de Gaza. Si bien la noción de “daño colateral” no es ajena a las normas del derecho internacional de conflictos, la novedad de la noción de la naza es que ahora se limita al objetivo mismo del acto bélico. En varios de los testimonios – todos ellos grabados desde tejados del centro de Tel Aviv – queda claro que esta nueva fuerza tecnológica no busca simplemente aniquilar a un ciudadano específico, sino hacerse cargo de una “naza”, como si la vida humana sólo pudiera ser pensada como paquetes, tal y como lo determina la propia eficacia de su funcionamiento letal.

Gerardo Muñoz / Rehacer el tejido del mundo. Sobre Nuestra Tierra (2025) de Lucrecia Martel

Cine, Filosofía, Política

Desde el primer plano de Nuestra Tierra (2025) Lucrecia Martel no vacila en advertirnos que su filme versa del mundo como problema. Vemos un satélite flotando fuera del planeta Tierra, mientras que un canto gregoriano de banda sonora inviste al artefacto de ángel en ascenso, con sus dos rejillas metálicas como si fueran alas. Como mucho, el satélite es el objeto que confirma que ya no vivimos ante la revelación de Dios, y quizás por esto mismo el planeta en su totalidad aparezca como una gran planicie gélida al servicio de una mirada que se extiende desde su interioridad. La nueva política del cielo tiene a la tierra como un mero almacén administrado. Esta es la aspiración de la depredación, ya sea en manos de la cibernética de Palantir (el palantír en la saga Lord of the Rings es, en efecto, es la bola de cristal que tiene el superpoder de ver desde lejos), o la doctrina imperial china Tianxia. En Nuestra Tierra (2025) Martel trabaja la hipótesis de la configuración objetual del mundo como olvido perpetuo de su suelo, y desde la cual es posible constituir el tejido insondable de experiencias libres y tenues. Para Martel, lo “nuestro” de la Tierra no es una forma de restitución de un humanismo que ve en los territorios el cubículo para la producción autosuficiente; sino que es allí donde las estrías conjuran un mundo sensible de las palabras de las almas.