En un increíble libro sobre la poética en el mundo árabe clásico, Lara Harb introduce un concepto estético que no está cartografiado por la distinción entre lo bello o lo sublime. Se trata de lo asombroso. Si lo bello, desde Kant, por supuesto, remite a una experiencia que se produce al apreciar la armonía y proporción en una forma o una obra de arte, y lo sublime, en cambio, a la experiencia de encontrarse frente a la inmensidad y la majestad de algo, como una montaña o un océano; lo asombroso refiere a una experiencia de extrañeza que, sin embargo, nos inunda y mueve el alma. Extraño e inquietante es aquello que proviene de fuera, como una palabra de una lengua que no es la nuestra o una asociación, relación, entre ideas que la disposición de la trama de la comunicación no habría podido predecir. El asombro en la poesía árabe se revela como una posibilidad inscrita en todo discurso, pero especialmente en aquellos que se excluyen de participar de una relación entre lo verdadero y lo falso. En una zona de desactivación de esos dos polos, surge la variación, el desplazamiento originario –un clinamen – de la palabra que nos recuerda constantemente el gesto poético. En el límite de la lengua una inoperosidad acecha a toda fórmula comunicativa. Pero es un límite constitutivo que la comunicación lucha constantemente por clausurar. La poesía no se pone en búsqueda de ese límite, sino que lo manifiesta en la lengua, asombrando.
Estética
Edilberto Afanador y Sandra Edgar / Los tres cuerpos en “La fotografía y el otro” de Diego Lizarazo
Estética, Filosofía, PolíticaDe tanto en tanto la fotografía inspira un conocimiento que aporta paradigmas nuevos para entender la imagen y su repercusión en la cultura y la sociedad. No es difícil inscribir el ensayo de Diego Lizarazo “La fotografía y el otro” (Lizarazo, 2022) en una serie en la que estarían el clásico libro de Roland Barthes “La cámara lúcida” (1980), el libro de Susan Sontag “Sobre la fotografía”, y “Para una filosofía de la fotografía” (1983) de Vilém Flusser. El hecho de que la obra de Lizarazo, en esta serie tan conspicua, sea de un latinoamericano, no es algo que deba pasarse por alto. Más allá de los varios diálogos que el autor haya establecido con las autoridades que forman esta lista; además de que la semiótica, la filosofía y la estética sean campos de referencia para el autor, Lizarazo se diferencia de las perspectivas previas, en que la fotografía de la que habla surge de los contextos de violencia propios de sociedades colonizadas (o poscoloniales, pero con marcas coloniales), asoladas por el capitalismo salvaje y por la guerra. Ni siquiera Susan Sontag, con su especial sensibilidad por las luchas del tercer mundo, podría hablar con la claridad, la solvencia y el sentido que Lizarazo expone al respecto. Con gran agudeza, en el texto de Lizarazo, la fotografía exhibe sus posibilidades éticas y políticas. Al igual que fuese planteado por Butler en “Marcos de Guerra” Lizarazo muestra que en la fotografía hay una condición política, pero a diferencia de ella, en “La fotografía y el otro” no solo estamos ante la política de los aparatos visuales de la guerra que extienden, clasifican y encuadran a sus enemigos según las voluntades del poder, sino ante la posibilidad de contra-aparatos de liberación. Butler tiene presentes las fotografías de Abu Ghraib, en las que el personal militar y paramilitar norteamericano realizó actos de tortura sobre los prisioneros, planteando que tales imágenes expresaban la visión del Departamento de Defensa sobre sus enemigos. Es decir, que la política de guerra norteamericana consideraba que sus enemigos no eran humanos y por ello justificaba dicho trato, y que sus cuerpos, minorizados, no eran merecedores de llanto. Las fotografías de Abu Ghraib encarnaban, con su encuadre, la visión norteamericana sobre el mundo árabe. Butler señaló de esta forma que la imagen funcionaba como una herramienta para definir y calificar a los otros, y para justificar la violencia que se ejerció sobre ellos (Butler, 2009). En su libro Lizarazo presenta la producción visual de otra clase de fotografía, la que realizan fotógrafas y fotógrafos de México, Colombia y Argentina, con la que muestran la experiencia de sufrimiento que las víctimas y sus familias han vivido en medio de procesos de represión de las fuerzas del Estado o de los para-poderes del narcotráfico, frecuentemente aliados con militares y políticos de la región. La mirada fotográfica tiene en estas imágenes, otra naturaleza, no radica en la interpretación de los cuerpos de los otros como recurso para su control político o para su comercialización, sino como una alteridad que nos compromete:
Mauro Salazar J. / Homero Expósito en el fetiche de un afiche
Estética, Filosofía, PolíticaSiempre debía vestirme con pieles, por supuesto; en la ausencia de pieles los placeres de Leopold estaban desprovistos de sabor…. Deleuze, G. (1967). Présentation de Sacher-Masoch.
No hay dioses hegelianos en la sintomatología poética que abraza Homero Expósito. Solo hay devenir en un mundo de ideologías sexuales donde el fetiche -del afiche- viene a conjurar la penosa ausencia del sujeto significante. La prosa distópica de Afiches (1956) desnuda la representación concebida como velo, espejo y pantallazo. Todo abunda en develar el frenesí donde las artes plebeyas son liberadas en los consumos de la indistinción, o bien, en disolver los compromisos ontológicos en la reificación de las mercancías. Guy Debord y los heraldos de nuestra parroquia. En Maquillaje el poeta de zárate diagrama desde un soneto barroco (siglo XVI) una zona abismante cuyo eco es el juego de las máscaras. En un viaje de ida y vuelta, somos transportados al barroco, “Porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo, ni es azul. Lástima grande que no sea verdad tanta belleza” (1559-1663). Con ello, alude “a una mujer que se afeitaba y estaba hermosa”. Un fragmento atribuido a Bartolomé Leonardo de Argensola, y su hermano, Lupercio Leonardo de Argensola, cronista del reino de Aragón. La trampa que ausculta la belleza, en connivencia con los ministerios del amor, desnuda la relación entre copia y simulacro. Un efecto de la cosmética que, al mismo tiempo, retoca y trastoca lo real. En el límite de la herida narcisista, existe un cauteloso engaño del sentido, que nos lleva a pensar en la pulsión de simulación, ya que crea una ilusión que aparenta una presencia verosímil (“lo real”). Comparecemos a la decadencia de la mentira. Tras la muerte completamente inesperada de un amigo, Expósito exclamó,“¡No hay derecho a morirse a los 21 años!”.
Mauro Salazar J. / Goyeneche y Expósito. Sin fe, ni maquillaje
Estética, Filosofía, Música“Porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo, ni es azul. Lástima grande que no sea verdad tanta belleza”. Lupercio de Argensola (1559-1663).
La elasticidad del “contrato tímbrico” de Roberto Goyeneche hace de su voz (glotis) un “medio y una “mediación” en la producción de sentidos y figuraciones de lenguaje. Una máquina especular que, en los años 70’, detonó agenciamientos semánticos y expresivos en temporalidades que combinan pulsaciones, articulaciones, momentos intersticiales y dinámicas rítmicas.
Gerardo Muñoz / La mano de Olympia
Estética, FilosofíaUna tarde en compañía de Olympia (1863) de Edouard Manet. No es un secreto a voces que se trata de la tela que inaugura la modernidad pictórica, y por lo tanto es una forma de desfiguración premeditada (effacement) del triunfo epocal en el que seguimos alojados. Nuestra proximidad con ella es de tal grado que se vuelve dura la tarea de imaginar el efecto hostil que llegó a suscitar en el Salón de 1865 en París. Aquella historia ha sido ampliamente documentada por las mejores plumas de la historiografía de arte. Si bien no nos interpela directamente a los espectadores, el gran cuadro de Manet registra un umbral en la autopercepción simbólica del arcano moderno. Escribo arcano con énfasis para recordar la temprana descripción de Paul Valéry, quien escribía sobre el cuadro lo siguiente: “[Olympia] recoge el poder público y la presencia de un arcano miserable de la Sociedad, lo impuro par excellence desde una postura que desde una cándida ignorancia no conoce vergüenza ni pudor. En su absoluta desnudez, [Manet] nos recuerda de los remanentes del barbarismo primitivo y de la animalidad ritual que subyace a la rutina de la prostitución en las grandes metrópolis” [1]. Y si todo arcano es fundamento y origen, entonces Olympia es el develamiento de un patetismo corpóreo que pone en evidencia la aurora del nuevo mundo social y su recaída a la domesticación de la propia mirada hacia el mundo. Para Valéry esto suponía la antesala del horror de un colapso civilizatorio; para nosotros, quienes vivimos en el fin de la secuencia moderna, es la entrada al mundo de la legibilidad y del intercambio adaptado a la fuerza abstracta del ascenso del ser social.
Mauro Salazar J. / El estallido social de las emociones. Gramáticas de la democracia sentimental
Estética, Filosofía, PolíticaSobre la Conferencia de Mauro Basaure. Doctorado en Comunicación UFRO-UACh
“Quién entre aquí que abandoné toda esperanza” Inferno. Dante
El trabajo de Mauro Basaure cultiva la contemporaneidad de la sociología política de Luc Boltanski*. Existe aquí un diálogo sostenido con el pensamiento crítico. Desde las ciencias sociales, Frankfurt y la afirmatividad de la teoría hegemónica. Luego Mouffe, entre las pasiones y la deriva del agonismo crítico-liberal de los intelectuales “K”. El autor discurre sigilosamente en los tumultos no monolíticos del realismo. Realismo de la filosofía política y empiria elevada al nivel de teoría sociológica.
