En el obituario para su amado, Franz Kafka, Milena Jesenká retrató a un gnóstico moderno, a un escritor cuya visión era el kénoma moderno, el vacío cósmico al que hemos sido arrojados.
En el obituario para su amado, Franz Kafka, Milena Jesenká retrató a un gnóstico moderno, a un escritor cuya visión era el kénoma moderno, el vacío cósmico al que hemos sido arrojados.
Si bien este libro que tenemos entre manos es el resultado de esa tesis, hay que decir también que es un resultado muy mejorado. Y no me refiero al aspecto conceptual, ya que el autor tiene acostumbrados a sus lectores a análisis finos, precisos y, al mismo tiempo, originales y creativos. Me refiero a que este texto no es la simple publicación de una tesis, sino de un texto elaborado para ser publicado. Esta última característica es destacable porque hace al libro en sí mismo en lo que refiere a su claridad expositiva. Se trata de un libro absolutamente claro desde la estructura hasta la escritura, pero que, no obstante ello, no pierde calidad conceptual.
La situación coyuntural de la globalización exige productividad intelectual. Durante más de veinte años la globalización ha sido el concepto geopolítico y económico que más teorizaciones ha producido en el debate de las ciencias humanas. Mucho se ha escrito sobre la globalización como sistema mundial (Wallerstein), como choque de civilizaciones (Huntington), y como el fin de la historia (Fukuyama) entendido como la etapa culminativa del eurocentrismo, en que la modernidad totaliza el modelo de civilización: la globalización como americanización del mundo; globalización como momento histórico en que el libre mercado unifica el mundo y el estado benefactor colapsa; globalización en este sentido como guerra global (Galli). Sin duda, hay un esfuerzo enorme por conceptualizar el fenómeno de un nuevo orden mundial que apenas entendemos, y que sigue siendo una tarea pendiente que la reflexión no logra resolver del todo. Esto se debe a que los conceptos que la modernidad ha creado para explicar el estado y el nuevo orden del mundo ahora resultan insuficientes y limitados para comprender el momento actual.
1.- “Nosotros los fascistas somos los verdaderos anarquistas” decía uno de los cuatro ministros reunidos en un lejano castillo de Saló, los 120 días de Sodoma, célebre film del director Pier Paolo Pasolini realizado en 1975. Inspirado en los hechos de la República socialista de Saló, reducto de la italia fascista durante el régimen de Musollini en la Segunda Guerra Mundial, Saló no problematiza tan sólo al régimen fascista italiano sino, ante todo, a su presente: el escenario de post-guerra será, para Pasolini, no aquél que ha vencido al fascismo, sino aquél que lo ha consumado en la forma del capitalismo mundializado. Este último será la formulación de la verdadera anarquía, aquella que, en su libertad, decide cada vez sobre la excepción, realizando así, la performance de la soberanía y la expansión imperialista de su derecho sistemático de muerte.
El trabajo de Michel Foucault sobre el análisis del poder político y los modos de subjetivación ética es considerado como un referente indispensable para constituir una nueva orientación crítica en la filosofía ética y política en el siglo XX. En esta perspectiva, se señala la importancia de la “analítica del poder” de los años setenta como una herramienta metodológica necesaria para explicitar la inteligibilidad de los mecanismos de poder al interior de una sociedad determinada y se llama la atención, además, sobre la manera como el filósofo en los años ochenta puso en evidencia el rol que juegan los individuos en su propia constitución como sujetos de una conducta moral. Así, el trabajo de Foucault es concebido en una doble perspectiva que sin embargo no deja de ser problemática, particularmente cuando se trata de examinar el llamado “giro ético” que sufrió su producción intelectual.