La reflexión sobre el genocidio en curso en Gaza abre un enjambre de posibilidades verbales y de toma de palabra. Así como el Shemá Israel recita: «habla de ello en casa, / cuando camines por la calle, / cuando te acuestes y te levantes», en los días en que las imágenes de la masacre superan la censura sionista y nos alcanzan, así se plantea a la persona el problema de qué palabras usar, cuándo hablar de ello. Este artículo nace del sentido de impotencia que percibe su autor para decir otra cosa que no sea esto, frente al violento mutismo que el horror del exterminio instila, o busca implícitamente imponer, en quienes lo presencian. Nace imaginando que tanto este sentido de impotencia como este sentido de imposición tienen hoy una naturaleza compartida – colectiva.
Poesía
Ruba Khalid Al Faleet / Cuando el silencio mata de hambre
PoesíaNo queda comida.
Solo el retumbar de los estómagos vacíos—
más fuerte que las bombas,
más implacable que los drones.
Nuestros cuerpos se han reducido a sombras.
Las costillas sobresalen como alas rotas,
como si nuestros pechos anhelaran escapar
de lo que nos hemos convertido.
Javier Agüero Águila / Violeta Parra y el tiempo de la flor maldita
Estética, FilosofíaFalta solo detenerse en un verso, uno solo, para que se nos revele la desproporción del mundo de Violeta Parra.
En el poema “Con mi litigio de amor”, aparecido en el libroDécimas, autobiografía en verso, (1957 y 1958), Violeta describe siempre la tesitura existencial como un invariable reflejo del mal:
“Mis venas son un infierno que arden con fuego mortal”
El verso es de una ira poética que quiebra; una gleba maldita en toda su magnitud y sin referente. Como lo decía su hermano Nicanor en una entrevista: “[…] ella no fue una estudiosa de la literatura […] No sé si conoció la palabra Rimbaud, la palabra Baudelaire […]”1. Sin embargo, si le hacemos frente al vibrato liminal que destilan estas palabras y que deambulan en la desesperación quemante del infierno, sabremos que Violeta nunca necesitó de fuegos ajenos, de clamores excéntricos o querellas prestadas.
Hend Jouda / Cinco poemas
PoesíaEstos cinco poemas son de Hend Jouda, una poeta de Gaza cuyos abuelos fueron desplazados de la aldea de Ashdod en 1948. Nacida en el campo de refugiados de Bureij en 1983, Jouda ha publicado tres colecciones: Alguien siempre se va (2013), No hay azúcar en la ciudad (2017), y Un dedo que logró sobrevivir (2024).
Descripción
Mi corazón está agrietado como un pistacho maduro
terco como una cáscara de coco
cicatrizado como un cactus
esquivo como un limón que rueda
وصف
مشقوقٌ قلبي
مثل حبة فستقٍ ناضجة
عنيدٌ
مثل قشرة جوز الهند
ممتلئٌ بالندوب
كثمرة صبار
مراوغٌ
كليمونةٍ تتدحرج
Melissa Nungaray / Regocijo amurallado por las aspas del viento y otros poemas
PoesíaRegocijo amurallado por las aspas del viento,
nada es mío, nada es mío, deseo que no seas mío,
corazón colibrí, adonde no estás te veo y escucho,
aquí los ojos diluyen cicatrices, fronteras y rayos.
Somos la aurora que danza en la resonancia de la lluvia,
lodosa resonancia que se dice vuelo estelar de la memoria,
aquí la estrella se devora a sí misma en fulgor silente.
Ojo túnel en los retazos de la carne ángel:
a rose is a rose is a rose…
Brotan racimos de cielo, llaves, versos espirales
en la concatenación de los espectros.
Ojo túnel en el corazón colibrí,
latidos ferroviarios de la noche,
cántame, oh luna, lo que seré.
Más allá del más allá pronunciado
estoy completa en mis partes divididas.
Y yo que no soy lo que digo
huyo de lo que me dice.
Y yo que soy lo que digo
digo lo que no digo que me dice.
Rodrigo Verdugo / Poemas de Anuncio, XIII Parte
Poesía258
Bajo una dorada gloria
el mar es besado por muertos
polen que se disputan los dioses,
semen que se disputan los barcos.
Me estrello contra tu templo
antes que un cóndor ciego
conquiste a una golondrina.
El mar besa dioses
que lo van besando
y la suma de todos esos besos
son el oleaje que al atardecer
contemplarán todas
las parejas que vendrán.
