Cuando Nietzsche, hace casi ciento cincuenta años, formuló su diagnóstico sobre la muerte de Dios, pensó que este acontecimiento sin precedentes cambiaría fundamentalmente la existencia de los hombres sobre la tierra. «¿Hacia dónde vamos ahora? – escribió- ¿no es la nuestra una continua caída a pique? […] ¿Sigue habiendo un alto y un bajo? ¿No vagamos por una nada infinita?». Y Kirilov, el personaje de los Demonios, cuyas palabras Nietzsche había meditado detenidamente, pensaba en la muerte de Dios con el mismo sentido pathos y extraía de ella como consecuencia necesaria la emancipación de una voluntad sin más límites y, al mismo tiempo, sin sentido y suicida: «Si Dios está ahí, yo soy Dios… Si Dios está ahí, toda voluntad es suya y yo no puedo escapar a su voluntad. Si Dios no está, toda la voluntad es mía y me veo obligado a afirmar mi libre albedrío… Me veo obligado a pegarme un tiro, porque la expresión más plena de mi libre albedrío es matarme».
Mauricio Labarca Abdala / Bajo los escombros de Gaza
PoesíaBajo los escombros de Gaza
una mano polvorienta y sangrante se asoma,
apenas se mueve,
pese a las toneladas de odio y crueldad que le aplastan,
que le recuerdan y le enrostran
la infame impunidad de sus verdugos sionistas
y el descaro de este genocidio cometido a plena luz del día.
Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: Donar-se
FilosofíaPese al ruido de la ciudad, advierto la oxidada circularidad de sus pasos. Me levanto del sofá y camino hacia el balcón. Desde allí la veo. La bicicleta tiembla tal cual lo hacen sus manos empuñadas al volante. Antes de estacionarse alza sus ojos, asiente levemente con la cabeza y levanta su mano en señal de saludo. Aunque no entiendo lo que dice, respondo casi por inercia: levanto ligeramente mi mano hasta sentirme ridículo e infantil. Noto que ladea la bicicleta apoyándola contra la reja del jardín y, con una lentitud muda pero dolorosa, interna su curvado cuerpo en el edificio. Ahí la pierdo de vista. Algo en ella me recuerda a mi madre. O quizás a mi abuela, quien fuera el primer cadáver que vi cuando, a la edad de cinco años, mi madre me alzó en brazos para obligarme a besar el cristal del ataúd: “tienes que desearle esos lindos sueños que ella te deseaba cada noche”, me dijo ella, mientras mi beso caía a la altura de los párpados mal cerrados de mi abuela. Los golpes de la puerta interrumpen ese recuerdo. Me apresuro a abrirla. Veo el rostro de la mensajera, su uniforme de la empresa de correo, ambos más ajados que nunca. Con todo, ella sonríe. Yo también lo hago. Entonces procede a entregarme los envíos. Extiende las cartas más pequeñas sobre la encomienda más grande, pero, retardando el ritmo, deja una pequeña carta para el final, y la coloca en mi mano realizando una exagerada parábola en el aire, como si con ese gesto buscara dibujar la prolongación de su sonrisa. Es un regalo, me dice sin hablar. Y mientras intento descrifrar el nombre del remitente, mientras me obsesiono por saber a cuál rostro refieren esos signos ininteligibles escritos por una mano temblorosa, el rostro de la anciana desaparece de mis pensamientos. Cuando lo noto, ya todo parece demasiado tarde. Ella se ha ido y, desde el balcón, sólo logro ver, a lo lejos, cómo el meta de su bicicleta refleja los primeros rayos del amanecer.
T. J. Clark / Sobre la ira
Estética, Filosofía, PolíticaCreo que nuestro vocabulario de la ira –todo nuestro paisaje interior de indignación– está empobrecido, principalmente porque se formó en una cultura aristocrática guerrera y ha sido muy poco reconstruido desde entonces. Es decir, la cultura aristocrática descrita en los dos primeros libros de la Ilíada: los gritos, los lloriqueos y la ira egoísta de los pequeños jefes que se pelean por esclavas sexuales y armas capturadas. Me parece que el poema de Homero es despiadado en su presentación de los asesinos: puede serlo, porque confía en que sus oyentes los admirarán en su mayoría. Incluso puede hacer que Tersites diga la verdad sobre el “debate” hasta el momento (“me tomaste el pedazo de culo y por lo tanto mueren miles”) y termine siendo azotado con un cetro por hacerlo. Tersites, el poema permite a algunos oyentes tener esperanza, es la voz de un posible (decentemente feo) futuro.
Misleading Structures & Warmth / Barren Reflections
Música, SonidoViernes de sonidos en Ficción de la razón. Escuchemos el disco Barren Reflections de los compositores Dovydas Vasiliauskas (Misleading Structures) and Agustín Mena (Warmth). De tipo Ambient, el viaje sonoro nos lleva a pensar en paisajes fríos, árticos con drones de larga duración.
Mauro Salazar J. / Nelly Richard. Escrituras de extra-muros
Estética, Filosofía, PolíticaIntervención, Doctorado en Comunicación. Julio de 20241.
A la memoria de German Bravo, por cuando falla lo que él llamó la suave enseñanza del carácter insuturable de la pregunta por el sentido. La insubordinación de los signos, 1994.
En Tiempos y modos. Política, crítica y estética (Paidós, 2024), Nelly Richard (Sorbonne, París III) recoge textos que fueron escritos entre enero 2020 y noviembre 2023 sobre la emergencia de sucesos y procesos de especial relevancia social y política en Chile: la revuelta de octubre 2019; el Plebiscito Nacional 2020; el proceso de la Convención Constituyente y el triunfo del Rechazo en septiembre 2022; la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado en septiembre 2023. La precipitación de estos sucesos y procesos muy complejos en su formación y devenir, arma el corpus sobresaltado, en el que intervienen los textos de este libro que se ubican bajo el signo de la crítica cultural: signos, operaciones y tramas. El plural de los “tiempos” (momentos y eventos) y de los “modos” (configuraciones de habla), subraya las distintas situaciones y posiciones que se combinan irregularmente en estos ensayos sobre alteraciones políticas, disensos críticos y búsquedas estéticas. Estos enunciados, y otros, serán expuestos en el marco del Doctorado en Comunicación (Universidad de la Frontera).
