Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: Filosofar la filosofía

Filosofía

Physis y Kosmos

Suele decirse que «la física está en todo». Tal proposición resulta innegable. Si concebimos el todo como un conjunto absoluto cuya característica esencial consiste en reunir la totalidad extensiva de los entes intramundanos materialmente constituidos, la física, en cuanto ciencia que estudia las leyes universales que rigen sobre el decurso material de los fenómenos empíricos, ha de expresar su dominio sobre todos y cada uno de aquellos entes. Así, el objeto de estudio de la física, el reino de lo físico, manteniendo su connotación etimológica originaria, esto es, el sentido de la noción de “naturaleza”, propia de la physis griega, no tan sólo representa, sino que constituye materialmente la objetualidad fenoménica de los entes circunscritos bajo la idea de naturaleza.

Aldo Bombardiere Castro / Tercera divagación acerca de la máquina: Tragedia-aporía

Filosofía

En nuestra primera divagación acerca de la máquina buscamos una imagen primigenia que fuera suscitada por la noción de máquina. Acto seguido, en la segunda divagación realizamos el movimiento contrario, es decir, reflexionamos acerca de la noción de máquina despertada por su imagen primigenia. En contraste, esta tercera divagación estará consagrada a radicalizar históricamente el concepto y uso de la máquina. Para ello, tomaremos el caso de la explícita aparición de la máquina en el contexto de la tragedia griega.

Tragedia

La génesis de la tragedia, en cuanto origen, sólo puede ser pensado porque aquella tragedia vital que algún día inflamó los escenarios de la Grecia antigua ha llegó a su fin. Nunca puede haber cabal pensamiento sobre lo pensado sin que aquello pensado haya sido, o esté siendo, asesinado y, de algún modo, resucitado. Pensar radicalmente es un entierro o una agonía: un asumir y un invocar, el acto de exponer nuestra vida para hablar con un mar de espectros. En las inmediaciones de este saber aporético se concentra la fatalidad de la tragedia y la maravillosa profundidad de su enigma. Pero algunos se han quedado sólo con la muerte de la tragedia: la han asesinado para levantar un trasmundo a sus espaldas, detrás de la conmoción de las gradas e inalcanzablemente más arriba de las calamidades del escenario. La luminosidad de un trasmundo parece constituir la tragedia de la tragedia: su destino histórico; es decir, una peripecia y epifanía en la narración de la historia universal.

Aldo Bombardiere Castro / Segunda divagación acerca de la máquina: noción-esperanza

Estética, Filosofía, Política

Si en el texto anterior, Primera divagación acerca de la máquina: imagen-musgo, nos interrogamos por la imagen primigenia que nos despierta la noción de máquina, ahora elaboraremos esa misma pregunta, empero, en términos invertidos.

En efecto, ya no empezando por lo más cercano, por la imagen, sino terminando por lo más lejano, ¿cuál es la primera noción que nos despierta la imagen de una máquina, sino aquella marcada por la planificación, esto es, por el poder administrativo de diseñar, calcular, pronosticar, producir, reproducir y distribuir porciones de lo real, bajo cuyo marco el mundo ha de reducirse al planisferio de su desmundanización?

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: Pensamiento adverbial

Filosofía

El lugar es aquí. Frente a la interrogación del dónde, lo más genuino consiste en responder con otro adverbio, pero ya no espacial, sino de tiempo: el lugar habita el mientras. Porque jamás un lugar podrá quedar apresado en un sustantivo. Más que sustantivos, simples agotadores de espacio en la presunta certeza de creer ser lo que son, el uso de la imaginación reverbera en los modos, en la caricia palmar con la que, de improviso, dicha palma desata la vibración de los entes. Por eso, imaginar nunca puede reducirse a la substancia reproductiva de lo imaginado por la imaginación. Mucho más poliforme que la economía de trasvasije estático -tan propia de la filosofía analítica- entre “objeto de contenido” y “continente subjetivo”, la manera en que habitamos este mundo es adverbial, gerúndica, circunstancial: desde el desde de lo siendo.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: sobre decir “no”

Filosofía

Decir “no” nada tiene que ver con negar algo, un “x”, de manera tajante y absoluta; tan tajante que lo aniquiles. Lejos de la connotación destructiva o limitante que habitualmente le atribuimos a la negación, el acto de negar se vincula, previamente a sí mismo, con una positividad material que da lugar a la consecuente negación: aquello que será negado preexiste (y también subsistirá) al “no” que lo excluye. La negación, por ende, reside y detona en el reino de lo a posteriori: siempre constituye una reacción. Por ende, el “no” de la negación se distancia esencialmente de lo inconcebible, de lo impensable y de lo inefable. La negación, por lo mismo, no sólo cuenta con un estatuto derivado, secundario y reactivo; también, su naturaleza difiere sustancialmente del nihilismo. Sólo somos capaces de hablar de “x” en la medida que a ésta la dotamos de un mínimo grado de existencia, exista contra la cual la negación encuentra su propio fracaso: la misma prexistencia y persistencia existencial de lo negado por la negación trasluce el sentido pre-originario de todo lo existente.

Aldo Bombardiere Castro / Tercera divagación en torno a la muerte: lo definitivo y la indecisión

Filosofía

Lo hemos dicho y lo sabemos. Ya lo hemos dicho y desde antes, desde siempre, lo sabemos. Se trata, eso sí, de un saber extraño, de un incontrastable e irrefutable único saber: el saber de muerte. En efecto, lo sabemos a ciencia cierta, sabemos que moriremos, con absoluta necesidad, e ignorando en qué consista, ignorando la esencia quiditativa de la muerte, sabemos que vamos a morir.

La muerte, así, resulta un objeto incognoscible dentro de los marcos teóricos de cualquier epistemología, ya sea desde la ingenua tiranía de los hechos enarbolada por el positivismo hasta, por contraparte, el intimismo ideativo de una consciencia constituyente, pilar inamovible de la fenomenología. En ambos casos, y en cualquier otra epistemología, el contenido de la muerte es inaccesible. Y, sin embargo, sabemos que su advenimiento es inminente e ineludible. Lo sabemos gracias a un tipo de certidumbre aún más radical que aquellas derivadas del principio de falsación que estructura a la región de la cientificidad: la vivencia de nuestra muerte no ha de ser sometida a comprobación alguna; más bien, se reafirma cada vez que lloramos a nuestros muertos, envueltos por un hálito cuyo aura declina entre la noche.