Conviene reflexionar sobre un hecho tan increíble que se intenta a toda costa apartarlo, y es que el Estado que se declara el más poderoso del mundo lleva años gobernado por hombres que son técnicamente dementes. No se trata de dar así una forma extrema a un juicio político: que Trump —como sin duda Biden antes que él— deba ser considerado demente en el sentido patológico del término es una evidencia ya compartida por muchos psiquiatras, y que cualquiera que observe su modo de expresarse no puede dejar de compartir.Va de suyo que lo que aquí nos interesa no es el caso clínico de los individuos llamados Trump y Biden; más bien, la pregunta que no podemos dejar de plantearnos es: ¿cuál es el significado histórico del hecho de que un país como Estados Unidos —que en cierto modo está al frente de todo Occidente— sea gobernado por un enfermo mental? ¿Qué radical decadencia espiritual y moral, antes aún que política, puede haber conducido a una consecuencia extrema semejante?Que el destino de Occidente estuviera marcado por el nihilismo es algo que Nietzsche ya había diagnosticado hace más de un siglo junto con la muerte de Dios; pero que el nihilismo tuviera que adoptar la forma de la demencia no era algo descontado. Quizá sea de algún modo por compasión y piedad por lo que Dios, que quiere perder a Occidente, lo conduce a su fin no en la conciencia y la responsabilidad, sino en la inconsciencia y la locura.
Nihilismo
Giorgio Agamben / Creer y no creer
Filosofía, PolíticaEn 1973, escribiendo La convivialità, Illich preveía que la catástrofe del sistema industrial se convertiría en una crisis que inaugurararía una nueva época. «La parálisis sinérgica del sistema que lo alimentaba provocará el colapso general del modo de producción industrial… En muy poco tiempo la población perderá la confianza no solo en las instituciones dominantes, sino también en aquellas específicamente encargadas de gestionar la crisis. El poder, propio de las instituciones actuales, de definir valores (como la educación, la velocidad de movimiento, la salud, el bienestar, la información, etc.) se disolverá de golpe cuando se haga evidente su carácter ilusorio. Un acontecimiento imprevisible y quizás de poca importancia detonará la crisis, como el pánico de Wall Street que llevó a la Gran Depresión… De un día para otro, importantes instituciones perderán toda respetabilidad, cualquier legitimidad, junto con la reputación de servir al bien público».
Stefano Bottero / Recitar lo inútil. Herencia del pensamiento y de la palabra nihilista en los días del genocidio palestino
Filosofía, PolíticaLa reflexión sobre el genocidio en curso en Gaza abre un enjambre de posibilidades verbales y de toma de palabra. Así como el Shemá Israel recita: «habla de ello en casa, / cuando camines por la calle, / cuando te acuestes y te levantes», en los días en que las imágenes de la masacre superan la censura sionista y nos alcanzan, así se plantea a la persona el problema de qué palabras usar, cuándo hablar de ello. Este artículo nace del sentido de impotencia que percibe su autor para decir otra cosa que no sea esto, frente al violento mutismo que el horror del exterminio instila, o busca implícitamente imponer, en quienes lo presencian. Nace imaginando que tanto este sentido de impotencia como este sentido de imposición tienen hoy una naturaleza compartida – colectiva.
Sergio Villalobos-Ruminott / Arquitectura y nihilismo. Notas sobre neoliberalismo y devastación
Filosofía, PolíticaEn una intervención reciente que retoma una sostenida insistencia, Eyal Weizman (2017) presenta la arquitectura forense (Forensic Architecture) como una posibilidad paradigmática de interrogar la disposición material de las construcciones urbanas atendiendo, en el juego múltiple de sus marcas y cicatrices, a las mutaciones de la soberanía, la violencia y las formas brutales de violación de los derechos humanos que se dibujarían en las superficies de tales construcciones. Así, más allá de la utilidad policial de las ciencias forenses, inclinadas a producir un saber sobre el cadáver, la arquitectura forense interrogaría la disposición espacial de la violencia escrita en las paredes y cimientos de las construcciones, para mostrarlas no solo como una obra de arte, sino como una inseminación que puede ser interrogada para que delate el secreto de su propia constitución.
