Obviamente para mi es emocionante participar en el lanzamiento del nuevo libro de Idris, ahora en su edición norteamericana, The revolt eclipses whatever the world has to offer (Semiotexte, 2025). Ya no me corresponde decir mucho más en torno al libro, pues me encargué de traducir y preparar la edición en español —con una ligera variación de algunos textos — que titulé, luego de conversaciones con los editores y el autor, Escritos desde la tierra baldía (Irrupción ediciones, 2025). Hace aproximadamente un mes y medio lanzamos el libro en Santiago de Chile, y sabemos que Chile, al menos desde el 2019, ha vivido un largo ‘Noviembre’ tras una serie de Convenciones Constitucionales fallidas y el aplanamiento brutal del timbre de la revuelta incluso por el coro del progresismo local. En cualquier caso, el título de la actual edición estadounidense tiene una afinidad directa con Chile, no solo por la inscripción de la revuelta de 2019, sino más superficialmente con una conversación que tuve con Idris en los meses posteriores a la revuelta de George Floyd, publicada en la ya inexistente Revista Disenso, una publicación que algunos compañeros chilenos sustentaron tras los ecos del estallido social. Esto significa que casi cinco años nos separan de su publicación, y quizás sea un buen momento de mirar en perspectiva. Pero, antes que todo, debemos agradecer a Idris este ejercicio valioso de reflexión que ha hecho que todo sea un poco más llevadero e inspirador, a pesar de las continuas derrotas e impasses. Y las que no paran de llegar. Por lo que simplemente quiero transmitir varios puntos que quizás puedan preparar el terreno para una conversación sobre los problemas que el libro nos propone, aunque no es mi intención pretender agotarlos.
Filosofía política
Rodrigo Karmy / El encuentro
Filosofía, PolíticaLa derrota ya no es inminente. Es un hecho. Aún no se asume, pero es real. No se trata de “derrotismo” como de “realismo” mínimo para abordar lo que viene. La derrota se consumó el 4 de septiembre de 2022 con el triunfo del Rechazo sobre el nuevo texto Constitucional y, desde ahí, dejó a un gobierno trunco que, en virtud de aquella derrota, se mimetizó con la racionalidad política de los últimos 30 años. Una derrota “constituyente” que solo la derecha puede dar “salida”. “Salida” que será “entrada” a un nuevo ciclo político donde la mínima democracia liberal –si la hubo- y el devenir del capital ya no calzarán más. Pero, a diferencia de lo que sueña la derecha, cuyo triunfo supuestamente coincide con la expansión trumpista sobre el continente y la descarada intervención sobre Venezuela, esta nueva derecha, recomposición de la UDI en la forma de “Republicanos”, constituirá la vanguardia no de la hegemonía estadounidense que viene, sino del nuevo orden chino que ya está. Eso significa: el triunfalismo del kastismo, en rigor, es engañoso porque no constituye el triunfo estadounidense sobre la región, sino el de su despedida final situando definitivamente a la silenciosa China a la cabeza del planeta. Kast es chino. Y no le importa porque sea estadounidense o chino es equivalente, es capital.
Mauro Salazar J. / La Máquina Metropolitana. La inhallable vida de Santiago
Filosofía, PolíticaContra esta glosa gris —tú, revenida, profeso felicidad, vitalidad, no de otra forma posible: alegría donde la planta no sabe sino crecer en sus espinas, sus verdores, sus resurrecciones sin memoria. Brota fertilidad de la grieta donde la vida no pregunta «¿por qué?» simplemente afectos. A ti, f. c.
Pórtico. En una misiva circulada, publicitada, decimos, como si la publicidad fuera asunto de comunicación transparente y no ya de espectáculo político, Margaret Thatcher («The Prime Minister británica», aunque qué significa ser Prime en un ordenamiento sin verdadera comunidad es pregunta que la misiva nunca formula) escribe al profesor Friedrich von Hayek el 17 de febrero de 1982. Y ocurre algo particularmente inquietante aquí: Thatcher reconoce los «éxitos de la experiencia chilena» en cuanto a «reducir la participación del Estado chileno en la economía». Dice esto, lo enuncia y respalda. Pero entonces, y aquí la paradoja se condensa de forma casi perfecta, le recuerda enfáticamente (enfáticamente, subraya el énfasis) al profesor von Hayek lo siguiente: «Estoy segura de que usted estará de acuerdo que, en Gran Bretaña, con nuestras instituciones democráticas y la necesidad de alcanzar un alto grado de consenso, alguna de las medidas adoptadas en Chile es bastante inaceptables».
¿Qué ha ocurrido en este movimiento? Diremos: la imposibilidad de la comunidad ha sido revelada. Gran Bretaña posee, según Thatcher, «nuestras instituciones democráticas» (¿nuestras? ¿de quién? ¿de la comunidad británica?). Y posee, además, «la necesidad de alcanzar un alto grado de consenso» (necesidad que, para Chile, aparentemente, no existe, o que existe de forma tan reducida que es prescindible).
Marcos Stábile / Texturas de la revuelta o cómo atar sin nudos en la catástrofe. Sobre Destitución y separación de Michele Garau
Filosofía, PolíticaPasado un tiempo de cualquier explosión, sus ecos se escuchan únicamente lejos de su epicentro. Los del estallido argentino de 2001 parecen encontrar, en la actualidad, cajas de resonancia más amplias, más sensibles a su música, en las corrientes del pensamiento de la destitución desprendidas de la tradición autonomista italiana y francesa, que en el territorio que fue su escenario, configurado hoy como nódulo regional del neorreacionarismo en auge. Algunas revueltas, como los profetas, balbucean en una lengua extemporánea, intempestiva, y a esos temblores del lenguaje les suele caber, igual que a los profetas, el naufragio, el destierro.
Mauro Salazar J. / Mientras el Acero Responde. Notas sobre la anestesia progresista
Filosofía, PolíticaLa palabra «malestar»—anestesia dulce—cierra la boca que quería gritar antagonismo. El gobierno respira tranquilo: hablamos de sentimientos mientras mueren los cuerpos pacificados en los nombres que nos enseñaron a sentir como seres. El orden no mata: domestica, nombra, administra el dolor que genera. O. P.
En horas donde nuestro mundanal tupido solo sabe de «sífilis moral» más que malaise. En días donde Eduardo Frei abraza lo que siempre abrazó: la muerte del padre. Y aquí ocurre lo irónico, lo que la Democracia Cristiana no previó: el propio Frei Ruiz-Tagle, cual «parricida», transgrede a Piñera, «cómplices pasivos», y no porque sea más honesto en su compromiso con el orden. La ironía es que la radicalidad neoliberal termina siendo más «verdadera» que el simulacro democrático (transitológos). En un paisaje empapado de palabras aporofóbicas, donde el anticomunismo es aire que se respira sin notarlo, la palabra «malestar» surge como amniótico, líquido anestésico. Aparece mansamente, como quien se disculpa por existir. Y en esa docilidad reside su verdadero poder.
La paradoja es fundamental: el malestar es aquello que el orden produce. Es respuesta corporal a la explotación, a la precarización, a la insoportabilidad. Es otrocidio hecho sentimiento. Pero el orden ha cometido un acto de prestidigitación singular: ha tomado esa verdad corporal y la ha traducido, en una palabra —«malestar»—que sirve precisamente para anestesiarla. El significante devora al significado. Aquello que debería ser antagonismo radical es diferido, postergado en la palabra «malestar». La verdad no desaparece, sino que asedia el presente como lo que fue excluido. Y en esa devoración, el antagonismo desaparece.
Mauro Salazar J. / La paradoja de la gente. El orden policial
Filosofía, Política» La democracia es siempre aporía: la posibilidad de la democracia coincide con su imposibilidad». J.D.
¿Qué es exactamente «la gente» que Franco Parisi invoca? No es el pueblo de la historia, de los antagonismos irresolubles. No es la ciudadanía de derechos ya inscritos, sino disidencia potencial devenida en orden policial convocando a Jacques Rancière. Admitamos una construcción que rehúye elites urbanas y se presenta como descubrimiento, cuando lo que estaba ahí debe ser transformado, reinventado para poder aparecer como «la gente». Y aquí comienza la verdadera ironía, el acto de hacer aparecer nuevas subjetividades es simultáneamente el acto de clausurar las posibilidades de que esos sujetos cuestionen la escena de su propia aparición (emergencia). El PDG introduce un concepto que es problemático, y conviene detenerse aquí, en esta problematicidad que no es meramente teórica, sino que tiene toda la densidad de una operación política concreta. Reemplaza «el pueblo» por «la gente común y corriente». Esto no es simple variación semántica, sino una operación fundamental de redistribución de lo sensible (según Rancière): una transformación de quién puede aparecer, quién puede ser visto, quién cuenta como sujeto que tiene derecho a hablar. «La gente» en el PDG es literalmente (debe insistirse en ese literalmente) una invención política. Es un sujeto que no existía previamente en la política chilena de la manera en que el PDG la construye. Un modo donde aparecen cuerpos gestiónales, bajo una «hegemonía de la negación».
