Giorgio Agamben / Estado y terror

Filosofía, Política

¿Qué es un Estado que, ignorando toda forma de derecho, asesina metódicamente o secuestra a los jefes de los Estados que declara arbitrariamente enemigos? Y sin embargo, esto es lo que sucede con la aprobación o el silencio turbado de los países europeos. Esto significa que vivimos en un tiempo en el que el Estado ha arrojado sus máscaras jurídicas y actúa ya conforme a su verdadera naturaleza, que no es, en último análisis, sino el terror. Es probable, no obstante, que esta situación extrema lo sea literalmente, es decir, que la deposición de las máscaras coincida con aquel fin de la forma Estado sin el cual una nueva política no será posible.

Giorgio Agamben / La política en el tiempo de la imposibilidad de la política

Filosofía, Política

En la séptima carta, Platón vincula su decisión de consagrarse a la filosofía a las desastrosas condiciones políticas de la ciudad en la que vivía. Tras haber intentado de todas las formas participar en la vida pública, escribe, al final se dio cuenta de que todas las ciudades estaban políticamente corrompidas (kakos politeuontai) y se sintió entonces obligado a abandonar la política y a dedicarse a la filosofía.

Francisco de León / Miradas cotidianas

Estética, Filosofía, Política

Si bien en un importante texto titulado Storytelling, Christian Salmon había estudiado analizado el uso de técnicas narrativas surgidas de lo discursos empresariales y de management para apuntalar y hasta controlar la opinión pública a través de lo que llama “universos narrativos” (que en mucho se parecen a aquellos empleados para posicionar una marca en el mercado), en su más reciente La era del enfrentamiento, afirma que a partir de la aparición de los nuevos medios, controlados por las temibles GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft) se ha llegado a un punto en el cual se vuelve imposible narrar, pues dichas en estas empresas han creado un entorno que le quita la complejidad al mundo, a nuestra experiencia, más bien, del mismo, pues nos arrebatan las pasiones, controlan los deseos, y, sobre todo, indican los caminos que hay que seguir, los recorridos y claves necesarios para interactuar con la realidad y con los otros. Se trata de un hábitat del que desaparece la intimidad y al que se le asignan una serie de formatos y fórmulas bajo las cuales se presentará cualquier dejo de la propia subjetividad. Se trata de un reino, lo define Salmon, en el que no existen los relatos:

Javier Agüero Águila / Universidad y régimen: las humanidades en la era del autoritarismo

Filosofía

Es importante, tal vez hoy más que nunca, alertar sobre el porvenir de la universidad –luego de las humanidades– en relación a la democracia. Esto, porque hay preguntas que están pulsando desde hace mucho pero que hoy, justo hoy, adquieren un sentido de urgencia mayor: ¿Cómo pensar la universidad chilena en el contexto de un autoritarismo que se apresta a entrar en régimen? ¿Seremos capaces de defenderla de sí misma y (en un ejercicio crítico que vaya más allá de la crítica de la crítica) asumirla como la siempre ulterior potencia de resistencia ahí donde las ultraderechas han encontrado su órbita y sedimento? ¿Una universidad sin condición es la condición de las humanidades y las humanidades la razón misma de la universidad?1 En suma ¿Cuánto se podrá defender la universidad estatal –no las privadas que disponen de ingentes recursos y cuyos programas son flexibles a no importa cual forma de gobierno– hasta ver, tal como ha sido en otros tiempos de represión, sus humanidades intervenidas e incluso arrasadas?

Tariq Anwar / Sin nombres

Filosofía, Política

Lo que hoy se nos presenta como “incomprensible” no es, quizá, un exceso de complejidad, sino un defecto de nombres. No porque falten palabras —nunca hubo tantas—, sino porque las palabras circulan como monedas gastadas: todavía compran algo, pero ya no sabemos bien qué. Decir “los fascistas han vuelto” es verdadero y, al mismo tiempo, insuficiente. Es verdadero porque reconocemos gestos, tonos, técnicas de intimidación, el placer de la humillación pública y la promesa de una identidad compacta. Es insuficiente porque el fenómeno se ha vuelto menos un partido que una atmósfera; menos una doctrina que una disposición afectiva y administrativa que puede alojarse, sin contradicción aparente, en instituciones “democráticas”, en mercados desregulados y en plataformas que se dicen neutrales. Lo inquietante no es que regrese lo viejo, sino que lo viejo regrese como si nunca se hubiera ido: como si “fascismo” fuese el nombre tardío de una continuidad. La dificultad de nombrar no afecta sólo a las derechas. También la palabra “izquierda” parece haber perdido su referente, como esas señales en el camino que siguen en pie cuando ya no existe la carretera. Vemos revueltas, protestas, levantamientos, agrupaciones civiles de intereses precisos —a veces admirablemente precisos— y, sin embargo, dudamos: ¿es esto “la izquierda”? Sí, porque ahí está el conflicto; no, porque falta la imaginación que transforme el conflicto en mundo. Durante décadas, los partidos que hablaban en nombre de los trabajadores se especializaron en gestionar lo existente. Y gestionar lo existente no es una actividad neutral: es una pedagogía de la impotencia. Cuando una organización se acostumbra a administrar lo dado, su “realismo” se convierte en la coartada perfecta para que otros inventen —aunque sea con materiales tóxicos— las formas del deseo político.

Mauricio Amar / Fetichismo, fascismo, máquinas

Filosofía, Política

La reaparición del fascismo, por supuesto con formas de organización y violencia nuevas y ropajes quizá más coloridos, no trata tanto de la transformación del mundo, sino de su aceleración hacia la destrucción completa. Lo que Marx indicaba en el capital como fetichismo de la mercancía, debe volver a estar sobre la mesa en tanto no refiere simplemente al proceso de ocultación de los procesos que hacen posible la forma mercancía, sino a una forma en la que los humanos se constituyen, se subjetivan y relacionan entre sí y con el mundo como «cosas». Norbert Lenoir dirá que «el fetichismo es en un sentido la constitución de un mundo, de un medio en el que los humanos actúan y piensan» (Lenoir, 2018, p. 63). Este actuar y pensar se constituye como realidad objetiva de la misma manera en que circulan las mercancías. Hay algo de endurecimiento en este proceso o peor, de mutilación de aquello que es fundamentalmente sensible en toda relación. El fetichismo es, en este sentido, el modo de aparecer del mundo en la época del capitalismo y su expansión e intensidad no conocen límites.