Carlos del Valle R. y Mauro Salazar J. / Genealogía de un laissez faire Oligarquizante

Filosofía, Política

La tradición no es una cosa que se recibe, sino que se gana con esfuerzo; encierra el sentimiento de la historia, es un sentimiento de la historia en el que se unen el tiempo y aquello que trasciende al tiempo, y es lo que hace que el hombre [sea] tradicional” TS Eliot, 1919.

Luego del orden fáctico implementado bajo la “modernización pinochetista”, el conservadurismo de la vieja república -1938/1973- no puede ser imputado desde un continuum con las premisas que inspiraron el programa encabezado por los Chicagos Boys (1976). No existe una relación evidente entre pensamiento conservador y partidos de derechas. De otro modo, abundan mixturas e indicios de conservadurismo libidinal, centrista o de izquierdas. También existe revolución conservadora.

Fabián Rojas Pineda / Benjamin y Fanon: de la violencia opresora a la violencia transformadora

Filosofía, Política

El presente artículo tiene como objetivo reflexionar a partir de las principales ideas filosóficas de Walter Benjamin y Frantz Fanon sobre el problema de la violencia política para luego mostrar las diferencias y posibles relaciones en los planteamientos de los autores. En un primer momento se mostrarán las denuncias hechas por los dos autores al sistema político moderno en cuanto a que la apariencia pacífica de las relaciones sociales se fundamenta en relaciones mediadas por la violencia. Luego, se analizarán los principales planteamientos acerca de la violencia divina y de la violencia revolucionaria o contraviolencia en cada uno de los filósofos. Por último, se aportarán algunas conclusiones que contrasten las propuestas de este diálogo y permitan trazarlímites y posibilidades en la lucha política que cada autor en su particularidad está presentando.

Giorgio Agamben / Teatro y política

Filosofía, Política

Es al menos singular que no nos cuestionemos el hecho, no menos inesperado que inquietante, de que el papel de líder político sea cada vez más a menudo asumido por actores: es el caso de Zelensky en Ucrania, pero lo mismo ocurrió en Italia con Grillo (eminencia gris del Movimiento 5 estrellas) e incluso antes en los Estados Unidos con Reagan. Es ciertamente posible ver en este fenómeno una prueba del declive de la figura del político profesional y de la creciente influencia de los medios de comunicación y la propaganda en todos los aspectos de la vida social; pero es evidente en cualquier caso que lo que está ocurriendo implica una transformación de la relación entre política y verdad sobre la que hay que reflexionar. Que la política tuviera que ver con la mentira es, de hecho, obvio; pero esto simplemente significaba que el político, para alcanzar objetivos que consideraba desde su punto de vista verdaderos, podía sin demasiados escrúpulos decir lo falso.

Mauro Salazar J. / El Silencio, un residuo ético de la comunicación

Filosofía, Política

a Rodrigo Karmy, quién nos conminó a pensar la revuelta del pensamiento, sin el demiurgo de los indicadores.

Una de la materias que la ensayista Manuela de Barros (París 8) ha interrogado en catálogos y textos críticos es el silencio. En la era del Antropoceno se trata de una noción mucho más expansiva y fructífera que su reducción a la ausencia de sonido. Como teórica de las artes, ha descifrado su polisemia -desmasificando sus usos- que van desde un monasterio en contraste con el bullicioso urbano o los efectos vitriólicos de la industria del espectáculo. “Trotsky gritó después de un discurso vitriólico: ‘¡Matemos a los burgueses!’.

Giorgio Agamben / Los años treinta están ante nosotros

Filosofía, Política

En noviembre de 1990, Gérard Granel, una de las mentes más lúcidas de la filosofía europea del momento, pronunció en la New School for Social Research de Nueva York una conferencia cuyo título, ciertamente significativo, no dejó de suscitar algunas reacciones escandalizadas entre los bienpensantes: Los años treinta están ante nosotros. Si el análisis realizado por Granel era genuinamente filosófico, sus implicaciones políticas eran, en efecto, inmediatamente perceptibles, ya que de lo que se trataba, en el sintagma cronológico aparentemente anodino, era pura y simplemente del fascismo en Italia, del nazismo en Alemania y del estalinismo en la Unión Soviética, es decir, de las tres tentativas políticas radicales de «destruir y sustituir por un «nuevo orden» aquel en el que Europa se había reconocido hasta entonces». Granel tuvo buen oficio al mostrar cómo la clase intelectual y política europea había estado tan ciega ante esta triple novedad como lo estuvo -en los años noventa como hoy- ante su inquietante, aunque cambiado, resurgimiento. Cuesta creer que Leon Blum, líder de los socialistas franceses, pudiera declarar, comentando las elecciones alemanas de julio de 1932, que, frente a los representantes de la vieja Alemania, «Hitler es el símbolo del espíritu de cambio, de renovación y de revolución» y que, por tanto, la victoria de von Schleicher le parecería «más desoladora aún que la de Hitler». Y cómo juzgar la sensibilidad política de Georges Bataille y André Breton, quienes, ante las protestas por la ocupación alemana de Renania, pudieron escribir sin pudor: «preferimos en todo caso la brutalidad antidiplomática de Hitler, más pacífica, por lo demás, que la excitación babosa de diplomáticos y políticos». La tesis de este ensayo, cuya lectura recomiendo vivamente, es que lo que define el proceso histórico en curso, tanto en los años treinta como en los noventa en los que escribió, es la propia primacía de lo infinito sobre lo finito, que, en nombre de un despliegue que se pretende absolutamente ilimitado, pretende abolir en todas las esferas -económica, científica, cultural- las barreras éticas, políticas y religiosas que hasta entonces lo habían contenido de alguna manera. Y al mismo tiempo, a través de los ejemplos del fascismo, el nazismo y el estalinismo, Granel mostró cómo semejante proceso de infinitización y movilización total de todos los aspectos de la vida social sólo puede conducir a la autodestrucción.

Gustavo Yañez González / Sobre Sociología de la masacre. La producción social de la violencia de Manuel Guerrero

Filosofía, Política

Guerrero Antequera ofrece una analítica para sondear cómo se produce socialmente la violencia política, en particular la que emana desde el Estado o lo que el sociólogo denomina «detentores del poder», hacia grupos con menor capacidad de fuerza.

Una distinción conceptual que atraviesa parte importante del manuscrito es la que queda establecida entre «violencia eliminacionista» y «violencia disuasoria». La primera tiene como objetivo la destrucción (hasta la extinción) del grupo categorizado como rival. La segunda utiliza la violencia para controlar el modo de actuar del enemigo. Así, la violencia que busca eliminar el enemigo es concebida como un fin en sí mismo, pero en el caso de la de tipo disuasoria constituye un medio para el fin que es el control. De este modo, según la apuesta ofrecida por Guerrero, el Golpe de Estado cívico-militar de 1973 en Chile y lo que de ahí en adelante aconteció, desplegó una mixtura entre ambos tipos de violencia. Por un lado, se intentó eliminar a los grupos que el régimen dictatorial concibió como representantes del amplio espectro izquierdista que amenazaban con impedir el retorno al orden (el de un Estado burgués), esa intención de retornar a un mundo pre marxista que la Junta Militar indicaba como la finalidad de su violencia. Por otro lado, empleó una serie de estratagemas (como los bandos radiales, por ejemplo) para disuadir a la población no izquierdista de abstenerse de realizar acciones en favor de los grupos alzados que intentaban elaborar una respuesta al Golpe de Estado.