En 1969 el caricaturista palestino Naji al-Ali publica en el diario kuwaití Al-Siyasa una viñeta que muestra a un niño vestido con ropa parchada y pies descalzos que da la espalda al espectador. El niño se llama Handala, que es el nombre en árabe de la coloquíntida o tuera, una planta de sabor amargo, de modo que podríamos decir que Handala se puede traducir como amargura. El niño tiene diez años que es la edad en que al-Ali fue expulsado de Palestina y convertido en refugiado. Handala siempre mira hacia un horizonte incierto, pero se encuentra rodeado de desastre, muerte y corrupción. Sus pies desnudos van pisando directamente una tierra que lo desprecia, en la que no es bien recibido. Es el niño que no tiene lazos con el mundo, porque este lo ha sobrepasado, desarraigado y puesto en el lugar de los que sólo tienen una vida que no importa a nadie.
Miguel Ángel Hermosilla / Texto urgente: ¿Qué van a hacer con Palestina?
Filosofía, Política“Sera que la más profunda alegría
Me habrá seguido la rabia este día
La rabia simple del hombre silvestre
La rabia bomba, la rabia de muerte
La rabia imperio asesino de niños”. Silvio Rodríguez
Parafraseando a Edward Said en su bello texto sobre “la Cuestión Palestina”, la pregunta urgente en estos días de sórdida masacre palaciega; pudiera ser:
¿Qué van a hacer con Palestina?
La experiencia del pueblo palestino y su desesperada resistencia frente al ataque incesante por parte del sionismo colonial, y ante el mutismo cómplice de la comunidad internacional, y el abstracto discurso de humanismo secular que enarbolan sobre los derechos del “hombre”, en su tolerancia asesina, resultan materialmente impotente ante la arremetida de muerte que azota los territorios permanentemente ocupados de la franja de Gaza.
No al genocidio sionista en Palestina
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Mauro Salazar / Cuatro años después. La revuelta en post-hegemonía (Más allá del malestar)
Filosofía, Política1.f. Anomia, aquel pacto de las mercancías mediáticas que naturalizan el sentido común. 2. f. Anomia, un significante corporativista capaz de bloquear los flujos de metaforicidad en sus apareceres litigantes. 3. f. Anomia, un dispositivo que neutraliza los cuerpos monetarizados del “malaise”. 4. f. Anomia…recurso para restaurar el credencialismo globalizador como índice celebratorio.
Hoy nuestros expertos neoconservadores, liberales y progresistas, condenan la falta de articulación hegemónica de la insurgencia 2019, su lirismo interdicto, licencias poéticas e inusitado barbarismo. Y aunque obesas, es muy necesario abrazar tales críticas, por cuanto el demiurgo de la hegemonía busca articular voluntades colectivas, trayectorias y anudar coaliciones heterogéneas (“lo político”). Pero el Daimón del 2019 -sin fetiches y lejos de toda filosofía redentora- fue un golpe de desigualdad que develó las anorexias de nuestros rectorados y oligarquías académicas para descifrar -curatorialmente- las insubordinación de los cuerpos. De paso, quedó en evidencia el estado de los arribismos mediáticos amañado por las tribunas editoriales. En suma, la ráfaga de sucesos, desnudó diferencias irreversibles con la modernización como índice de progreso. Las economías del conocimiento -mainstream- no fueron capaces de proveer un marco interpretativo ante la caída de la episteme transicional, salvo su poderío factual.
Gerardo Muñoz / El alma divina del etrusco: sobre La Chimera (2023) de Alice Rohrwacher
Cine, Estética, FilosofíaLa Chimera (2023), la nueva cinta de Alice Rohrwacher, abre con un plano con el rostro de una joven a la intemperie. Es un rostro luminoso y radiante que por momentos se confunde con la hierba del paisaje. Inmediatamente entendemos de qué se trata de un sueño, pero la sobrecarga de su resplandor provoca el retorno de Arthur a la realidad de un viaje en el vagón de un tren con dos jóvenes de afilados perfiles: “ustedes parecen figuras de alguna antigua pintura”, les dice con una voz grave tomada por la vigilia. La dominación “etrusca” no sale de su boca, pero el espectador informado sabe que a eso alude. Solo con estas dos pinceladas de apertura, Rohrwacher nos sitúa en el corazón de La Chimera (2023): un urgeschichte poético sobre la persistencia de los estratos del pasado y de la inexorable tradición pictórica en los propios gestos. Todo el argumento paródico e infradesarrollado de la película es una aventura auxiliar para justificar esa trascendencia que reside en la epidemia del ser; a saber, que el etrusco no es un “pueblo” de la antigüedad a la sombra de la cultura Roma – un pueblo sin historia, aunque pictórico en su relación con los muertos de sepulcros soterrados – sino una tradición viva que tiene lugar cada vez que los humanos aparecen y se dejan ver. Aquí lo más inmediato: el rostro humano, la fisonomía que nos entrega el suave e involuntario paso del tiempo de las generaciones. En realidad, como en su momento vio Carlo Levi, una verdadera civilización es palpable en la manera en que transforma los rostros estampando la nueva belleza sobre los contornos del mundo [1]. El misterio etrusco del que durante tanto tiempo se ha aludido yace en el propio rostro de un ser humano entre muchos otros. En este sentido, el mayor logro de Alice Rohrwacher en La Chimera (2023) es la poética cinematográfica – una variante material y fabulada de Pasolini y la ternura teológica de Bresson – que le devuelve a la especie humana el lugar de su génesis trascendente: la superficie pictórica de un rostro inolvidable.
