T.J. Clark, profesor emérito de la Universidad de Berkeley y ex integrante del ala británica de la Internacional Situacionista, es indudablemente uno de los historiadores de arte más importantes del último medio siglo. Ha escrito una serie de libros que han transformado los debates en torno al modernismo pictórico, tales como The Painting of Modern Life: Paris in the Art of Manet and his Followers (1984),Farewell to an Idea: Episodes from a History of Modernism (1999), Picasso and Truth: From Cubism to Guernica (2013), y más recientemente Heaven on Earth: Painting and the Life to Come (2018), una colección de ensayos en los que se defiende a la pintura como una forma de imaginar la existencia en un mundo evanescente. Su último libro sobre la pintura de Cézanne, titulado If These Apples Should Fall: Cézanne and the Present (2022), extiende su mirada sobre la complejidad de las antinomias del pintor francés cuyo gesto pictórico abre nuevas posibilidades descriptivas de un mundo sensible de cara a la crisis moderna de la apariencia. En esta monografía se dibuja un Cézanne que constituye un modelo de pensamiento ante el abismo de nuestra época. La conversación a continuación con Clark recorre la compleja escena pictórica de Cézanne que hoy, más que nunca, sigue interrogando al presente.
Arte
Mauro Salazar J. / Richard. ¿Humanismo Crítico? Último pliegue
Estética, Filosofía, PolíticaEn el contexto del próximo Premio Nacional 2025, habría que descifrar los trayectos (densidad crítico-inventiva) que implica la postulación de Nelly Richard. Nuestro afán no busca una sinopsis de una obra de más de cuatro décadas, y no solo por su relevancia en el concierto local e internacional, sino por posibles omisiones al fragmento en una obra de minoridad.
Ya en Márgenes e Instituciones (1986), Richard establece una crítica a las prácticas de la representación –Escena de avanzada– imputando el duelo entre arte y pueblo. Las poéticas de la donación no son aquí pensadas como instauración, sino como herramienta derogante del lenguaje cotidiano siniestrado por los gravámenes de la dominación. Una escritura transitada -extramuros- por el desasosiego capaz de interrogar las estéticas del marco, la monumentalidad del “arte militante”, y librarse a la circulación de despistes y disyunciones para instruir un deseo de presente. Ensambles entre artes visuales (crítica, poética y narrativa) en interacción crítico-efusiva al canon y una polémica en torno a la relación entre vanguardia y modernización bajo estado de excepción. Cuerpo Correccional (1980), cual precedente al inscribir la desencialización sexo-genérica del binomio masculino/femenino. Residuos y Metáforas (1998) donde cultiva una crítica a las postales de la transición y su vocación de acuerdos enfermizos (“civiles y militares”). Una textualidad que ha interrogado los signos del fatigado realismo post-transicional y las ciencias sociales adaptativas.
Aldo Bombardiere Castro / Para escribir y resistir con el cuerpo. Janet Toro: tres escenas y una crónica
Arte, Estética, Filosofía, PolíticaPreludio
No quiero escribir esto. Me gustaría tener el ánimo suficiente, un mínimo de alegría capaz de brindar el latido más enérgico a mis arterias, pero, la verdad, no quiero escribir esto. Quisiera poder escribir con el cuerpo: no tener que escribir esto.
Creo que en la conferencia titulada Literatura + Enfermedad = Enfermedad, contenida en el libro póstumo El gaucho insufrible (2003), Roberto Bolaño señala que cuando la melancolía o la angustia nos invade, y ya no hay ganas de escribir ni ganas de follar, entonces sólo nos queda viajar.
Al final, viajar no es tan distinto de escribir ni de follar, y, tal vez, sólo en virtud de tal semejanza, la acción de viajar comparte con los otros dos la cualidad de producir una suerte de transitorio antídoto o antidepresivo contra la locura, contra la muerte y, sobre todo, contra el tedio, esa reseca desolación del alma ya desprovista de la tenue belleza que porta la melancolía.
Gerardo Muñoz / Caspar Friedrich: la pintura de los dioses del lugar
Arte, Estética, FilosofíaLa exhaustiva muestra de la obra pictórica de Caspar David Friedrich que se ha podido ver durante estos meses en el Museo Metropolitano nos brinda una oportunidad inédita para repasar el problema del paisaje en el devenir de la pintura moderna. A fin de cuentas, Friedrich es el artista que ejecuta su obra en un momento cumbre de la historia espiritual europea, cuyo síntoma más notable es la entrada de Napoleón en tierras germánicas de la mano de la síntesis especulativa que es La Fenomenología del Espíritu (1807). Los curadores han rotulado la muestra con un claro énfasis naturalista, The Soul of Nature; y, sin embargo, también se nos advierte en el texto programático de la exhibición que la obra del pintor alemán más que una revitalización de la naturaleza nos hace conscientes de la imposibilidad mediadora entre el orden de la visualidad y la inmersión total en el mundo de la naturaleza [1]. Y sí, en más de un sentido, la mano de Friedrich registra un mundo postnatural en un momento histórico en donde la inmanencia de la physis ha pasado a ser inteligible exclusivamente mediante la justificación de un ordenamiento racional (nomos naturalis).
Toni D’angela / Catástrofe, cliché, lucha
Estética, Filosofía, PolíticaAdorno, en Dialéctica negativa, publicada en la época de la escalada en Vietnam y en vísperas del mayo del 68, recordaba, junto con Engels, que la cantidad se invierte y se convierte en cualidad: los millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial y de los campos de concentración no pueden sino alterar la estructura de la vida cotidiana de un Occidente pacificado y dividido por el Muro. El asesinato burocrático e industrial de millones de personas demostró que el individuo ha sido desposeído incluso de “la última y más miserable cosa que le quedaba”. El morir de aquellos millones de seres humanos se ha quedado, por así decirlo, pegado a quienes aún viven. Los saltos trágicos y finales de Celan y Levi (“culpa radical del que fue salvado”, decía Adorno) son la manifestación más asombrosa de este “dolor incesante”, el grito de las figuras aplastadas de Bacon: cuerpos visibles que padecen una “deformación creativa por parte de la fuerza” (Gilles Deleuze, Sulla pittura, Einaudi 2024). Fuerzas invisibles que son la objetivación del estado demoníaco que los artistas, suprimiendo el espectáculo, saben capturar con alegría.
Andrés Gordillo / Éxtasis sin causa. Acerca de La Chimera (2023) de Alice Rohrwacher
Arte, Estética, FilosofíaEntre los residuos que documentan la existencia de los hablantes hay unos cuantos que cifran «el misterio etrusco» [1]. Uno de ellos es el largometraje La Chimera (2023) de Alice Rohrwacher [2]. Esta inicia, como toda película, con un fondo oscuro. Vale la pena recordar el apunte que hizo Evgen Bavčar al respecto: «Desde hace más de un siglo al ir al cine olvidamos el hecho de que por un breve instante sufrimos la experiencia de la ceguera. Aquella ceguera del cine es efímera, tiene un principio y un fin, y no nos domina ad vitam eternam, así que no presupone la privación de la libertad de la luz circundante. Sin embargo, representa un breve retorno a las tinieblas originales, mejor dicho, hace alusión a lo más oscuro e infinitamente más profundo» [3]. Es, precisamente, a esa dimensión profunda, al tiempo cósmico, al que abisma una y otra vez éste filme. Lo hace a través de lo que Gerardo Muñoz ha denominado como la vía etrusca es decir, de la retirada de la suturación metafísica cifrada históricamente en la subsunción al cálculo hacia las estelas de un silencio ligado a Ctonia, región subterránea, inframundo al que se dirige y de donde proviene la existencia [4]. Esta vía es, esencialmente, una experiencia errática, pues no es programable. Irrumpe, como quien tropieza con la raíz de un árbol al caminar, desestabilizando el andar [5]. Su signo es el de la negatividad: va hacia lo que no dice.
