Hay una calle que es como cualquier otra, una que conozco bien y que también me conoce bien. La he caminado tantas veces que sé cuantos son los pasos exactos que hay entre ella y la siguiente; lo que me demoro en atravesarla según sea el apuro, el lugar hacia donde voy, lo que debo hacer, en fin. En ella se repiten una tras otra casas pareadas, antiguas pero no tanto y que, según cuentan los vecinos, fue en principio una calle que le pertenecía al obispado (por eso, ahora entiendo, el barrio en el que está se llama “Seminario”). Al día de hoy esas casas forman un mosaico algo vintage que le dan un aire pequeño burgués. También hay una inmensa mansión estilo Art decó de principios del siglo XX que resalta por su arquitectura tan típica a la vez que impredecible. Altillos largos, ventanas sobresalientes, enormes y redondas. Es verde. Un poco más allá hay un zapatero y más acá una modista.
Chile
Alejandra Castillo / El teatro de Ernesto Orellana y su doble
Estética, FilosofíaUn número, una cifra, una fecha. Una notación numérica breve que detiene el tiempo, lo paraliza en un año, 1984. ¿Cuántos años hay en un año, cuántas vidas en él? Una a una se superponen historias, memorias, fechas ineludibles. En una sola cifra se superponen incontables vidas, algunas recordadas, muchas otras que se olvidan.
1984, año de la distopía de Orwell. 1984, primer paciente confirmado con VIH en Chile, su nombre es Edmundo Rodríguez. 1984, nacimiento de Ernesto Orellana, dramaturgo, director de teatro chileno, activista de la disidencia sexual. En esa superposición de vidas se trama la obra teatral Edmundo, un relato íntimo que en la forma de un monólogo da cuerpo y vida a la documentación del primer caso del VIH en Chile que la prensa amarillista del período llamó “cáncer gay” en exacta superposición con el “cáncer marxista” con el que la dictadura cívico militar de Pinochet nominaba a la militancia de izquierda.
Gonzalo Jara Townsend / La derecha en busca de su mito en el siglo XXI: un análisis desde el modelo maquina mitología
Filosofía, PolíticaIntroducción
En este trabajo se analizan algunos materiales presentes en las derechas para la elaboración de mitos políticos en el siglo XXI. Para ello, se utilizará el “modelo máquina mitológica”, que permitirá observar cómo se manifiestan los lugares comunes, la memoria, la orfandad y el aceleracionismo en este proceso. Con el fin de ejemplificar la configuración del mito político en la derecha contemporánea, se trabajará con dos autores de la región chilena: Hugo Herrera y Axel Kaiser. Del primero, se analizará un fragmento de la segunda edición de Octubre en Chile (2021); del segundo, un pasaje de su libro La fatal ignorancia (2014).
En primer lugar, en ambos autores se advierte un romanticismo que se manifiesta en el intento de recuperar un pasado idealizado, donde los artilugios metafísicos se transforman en herramientas para reconstruir una mística perdida. En un momento difuso, esa mística habría otorgado a un determinado espacio de creencias un espíritu único e incomparable, reservado a cierto grupo de seres humanos. Este impulso se sostiene en la comprensión -o invención- de una tradición o de una historia extraviada, lo que les permite habitar en un conflicto permanente contra todo aquello que se le opone.
Mauro Salazar J. / Carlos Peña. Sinuosidades de El Rector
Filosofía, Políticaa Javier Agüero…
En nuestro mundanal tupido las vocerías de izquierdas que, aún pululan, suelen establecer comentarios molares -obesos- para descalificar velozmente (perezas cognitivas) el campo de sus adversarios, hundirse en la demonología y estimular el negacionismo parroquial. Este ha sido el expediente más frecuentado para estigmatizar vitriólicamente a Carlos Peña González. En efecto, las críticas van desde retratar a un neoliberal –hegemón– que ha participado de las “cogniciones adaptativas”, o bien, un sujeto de permutas con elites en trayectorias liberales diferidas. También ha sido calificado como un normativista solvente que, por la vía del Kantismo (razón, modernidad, progreso, orden), oferta un somnífero a nuestra a nuestras elites -sin retrato de futuro-. Una especie de médium -principio de realidad- que establece los destinos de la quietud conteniendo los delirios partisanos. Y aunque el Rector Peña estableció juicios que nunca hemos terminado de comprender -compartir o tolerar- en el contexto de la revuelta (2019), ello incluye su furioso llamado a las fuerzas del orden, todo queda limitado a una enemización del juicio simple -donde finalmente se impone el slogan. Otros sostienen que Peña -el Rector- no es un lector fino de Jacques Ranciére, Jean-Luc Nuncy o el faro de la deconstrucción, Jacques Derrida. Casi como carta de triunfo nuestros filósofos enrostran un argot (precrítico) para desacreditar la dimensión mercurial de El Rector -en tanto abogado-. De suyo Peña, y pese a su innegable talento, no está desprovisto de corporaciones, sistema de medios y poderosas cadenas de influencia, ha cultivado el expediente del sermón para preservar la continuidad dominical de las modernizaciones.
Javier Agüero Águila / Violeta Parra y el tiempo de la flor maldita
Estética, FilosofíaFalta solo detenerse en un verso, uno solo, para que se nos revele la desproporción del mundo de Violeta Parra.
En el poema “Con mi litigio de amor”, aparecido en el libroDécimas, autobiografía en verso, (1957 y 1958), Violeta describe siempre la tesitura existencial como un invariable reflejo del mal:
“Mis venas son un infierno que arden con fuego mortal”
El verso es de una ira poética que quiebra; una gleba maldita en toda su magnitud y sin referente. Como lo decía su hermano Nicanor en una entrevista: “[…] ella no fue una estudiosa de la literatura […] No sé si conoció la palabra Rimbaud, la palabra Baudelaire […]”1. Sin embargo, si le hacemos frente al vibrato liminal que destilan estas palabras y que deambulan en la desesperación quemante del infierno, sabremos que Violeta nunca necesitó de fuegos ajenos, de clamores excéntricos o querellas prestadas.
Mauro Salazar J. / Izquierda y neo-desarrollismo. Del Consenso de Washington al Consenso de Beijing
Filosofía, PolíticaLuego del triunfo de las potencias populares en las primarias del domingo anterior, de sus desacatos y flujos expresivos, cabe consignar que la izquierda chilena ha ido tomando distancia de Caracas -como critica ordo liberal o popular- estableciendo matices y oscilaciones respecto al modelo cubano. Todo ello en medio de un rústico asedio medial –“anticomunismo”- donde las preguntas resultan tan esperables, como intensamente tediosas. Pese a estos desplazamientos, salvo honrosas excepciones, no hemos sabido de alguna alfabetización del modelo chino y sus efectos de neo-dependencia en las relaciones de intercambio (accesos o democratización del consumo). En nuestra parroquia ronda una pereza cognitiva ante un modelo rentista de “colonización blanda”, rizomática, cuya geopolítica supuestamente no alteraría materias de soberanía, garantizado el nuevo desarrollismo. Y aunque las urgencias de nuestra plaza responden a fenómenos de informalidad, migración, gobernabilidad, seguridad y ausencia de políticas de desarrollo, urge entrar a un debate que se aleje de las fabulas de Confucio -ver el estado de los keynesianos- y, de paso, transparentar el bicameralismo de la derecha chilena que, amén de criticar drásticamente la tesis doctrinal del PCCH, abunda en agravar el extractivismo (neo-desarrollista) consignando celebratoriamente las altas cifras del intercambio comercial. No se trata de la fastidiosa tarea de buscar manuales del XXI, negar los muros de la facticidad (60% de exportación hacia Asia), sino explorar experiencias sin relaciones dogmáticas en materias de neurociencias, bioética, políticas de desarrollo, servicios, régimen de universidades, cadenas de valor, IA, ahorro energético, sistema arancelario, petroquímica, ferroviario, ciberseguridad, control de las telecomunicaciones, etc. Tal tarea implica revisar restricciones y las brechas que ello implica en el caso chino. Pese a la ausencia de militarización en política exterior, de la sociedad Mao Zedong, no cabría edulcorar estos puntos cuando el 40% de las exportaciones chilenas van a la ruta de la seda.
