Federico Ferrari / Del coraje. El abc de Wittgenstein

Filosofía
"Se podría poner precio a los pensamientos.
Algunos cuestan mucho, otros menos. ¿Y con qué se pagan los pensamientos?
Creo que con coraje".
Ludwig Wittgenstein

Pensar es tener coraje. Enfrentarse a los propios miedos, a las propias profundidades de la inautenticidad. No descontarse nunca a sí mismo e, indiferente a la vida tranquila, ni siquiera a los demás. Hay crueldad en el valor, una forma de ensañamiento doloroso. La imposibilidad de callar, de no decir exactamente lo que hay que decir, cueste lo que cueste. El coraje se paga. Arruina las relaciones humanas. Le empuja a uno a la soledad. Pero el coraje nos hace un poco menos payasos de lo que somos naturalmente. Nos ofrece la oportunidad de convertirnos en hombres y mujeres decentes – ein anständiger Mensch, escribe Wittgenstein, concibiendo el pensamiento como un autodesenmascaramiento despiadado. El coraje y la decencia son dos caras de la misma moneda. La indecencia de todos los tiempos proviene de la falta de valor. Políticos sin valor, intelectuales sin valor, hombres sin valor: el fin de una civilización.

Federico Ferrari / Pompa de jabón

Estética, Filosofía

Cuanto más pasan los años, más tengo la sensación de que sólo viajamos dentro de nosotros mismos. No tanto en el sentido de que no quede nada por descubrir fuera de de nosotros. Sino, lo que es más sorprendente, porque «dentro» de nosotros hay un mundo tan desconocido que todo lo «exterior» parece un pálido reflejo en abyme de ese territorio, infinito y obscuro, al que comúnmente damos el nombre de psique. Sólo explorando las superficies impalpables y casi invisibles de la psique, sólo sacándolas de nosotros, dejándolas revolotear en el aire, somos capaces a veces, en un juego de reflejos, de ser sorprendidos por algo verdaderamente invisible. Como una reverberación esquiva en la frágil epidermis de una pompa de jabón, el invisible, el inconsciente de cualquier visión, si le prestamos atención, nos permite vislumbrar nuevos detalles, nuevos atisbos, nuevos puntos de vista. El resto es sólo un juego de luces y sombras, un caleidoscopio de distracciones que no añade nada ni quita nada. La visión sólo se da al voltear la mirada.

Federico Ferrari / Para Jean-Luc

Filosofía

Fuente: Antinomie.it

¿Ah, sí? Bon… Esta era una de las expresiones más frecuentes de Jean-Luc. Por lo general, lo pronunciaba abriendo mucho los ojos de asombro, y luego, en el punto álgido del bon, iba acompañado de una apertura de todo su cuerpo en una nueva dirección. Jean-Luc Nancy era un hombre lleno de asombro ante el mundo y de curiosidad por el otro. Cuando algo o alguien desafiaba la idea que se había formado, su primera reacción era el asombro, la suspensión de su propio prejuicio y la consiguiente apertura a un nuevo camino, una nueva posibilidad, inaugurada por el otro. Fue el otro el que lo conmovió. Jean-Luc sentía curiosidad por los demás seres humanos, incluso por los demás seres vivos. Le gustaba escuchar, observar y fotografiar. Le encantaban las videollamadas, tener la presencia del otro delante, observar su cuerpo. Yo solía burlarme de él con buen humor por esta imprudente apertura a los demás. Era capaz de hablar con cualquiera, de escuchar a cualquiera, de encontrar puntos en común con cualquiera. Todavía recuerdo lo mucho que me reí cuando vi un vídeo de una conferencia en la que alguien del público pronunciaba un discurso de varios minutos en un francés incomprensible. Pude ver la cara de Jean-Luc y tenía la mirada de alguien que no entendía nada (como era normal en aquella ocasión) y al final de la intervención de su interlocutor, sin alterarse, dijo algo así como «gracias por su pregunta y su excelente francés, pero no estoy seguro de haber entendido bien…» y luego contestó largamente, intentando una vez más que el pensamiento tuviera lugar en el intervalo que nos separa de los demás y nos hace estar con los demás.

Federico Ferrari / La realidad de las imágenes

Estética, Filosofía

El problema no es entender qué son todas estas imágenes, qué indican estos simulacros de la realidad. A estas alturas, sabemos que no tenemos ni idea: estamos simplemente inundados de ellas y a merced de ellas. Siempre habrá más de ellas. Todo pasará a través de las imágenes. Lo real se convertirá en un momento de lo imaginario y no viceversa.

La cantidad ha cambiado la calidad, como nos mostró Hegel, mucho antes que Marx. La producción en serie de imágenes ha disuelto la imagen, sus cualidades simbólicas. La sobreproducción ha creado devaluación. Cada vez se necesitan más imágenes para tener un poco de vida, una apariencia de felicidad. Rompemos, rompemos e instauramos el mundo, nuestra existencia: alguna identidad saldrá de ello.

Federico Ferrari / A excepción de mí

Filosofía, Literatura, Política

Todos estamos definitivamente cansados, preocupados y con miedo de perder nuestras vidas, nuestra vida. El gran estado de excepción ha descendido sobre nosotros. Toda la libertad se suspende para preservar la vida de todos. Algunos se están manifestando. La vida y la muerte se encuentran en las calles. Se encuentran y chocan. Cualquier cosa menos el enemigo invisible. Una apariencia de normalidad. Un poco de lucha, por favor, o me asfixiaré. Pero las fisonomías se vuelven irreconocibles. En las caras máscaras que no permiten el reciclaje del aire. Uno respira lo que tira. No hay oxígeno vital, sólo dióxido de carbono. Cada movimiento crea asfixia. Una humanidad sin rostro en la escena de la historia (historia, una ciclovía fuera de contexto). Excepto uno, desenmascarado. La única que – obtusamente ordenada – ha permanecido en un mundo que ya no existe: la cara del poder. ¡Qué estado tan excepcional! A excepción de mí.