Gerardo Muñoz / Felicidad en separación

Filosofía

Sobre Averroes intempestivo. Ensayos sobre intelecto, imaginación y potencia, Rodrigo Karmy Bolton; Benjamin Figueroa Lackington y Miguel Carmona (eds.), DobleAEditores, Santiago, 2022

¿Por qué volver Averroes en nuestro tiempo? Se pudieran enumerar muchas razones, alguna de ellas de justificación de corte universitaria o histórica. Averroes porque quiero aprender del mundo árabe medieval sin teleologías historicistas. Averroes porque es un nombre intermitente en los textos que leemos y discutimos. Averroes porque convoca, pero también hay bastante más. Decir Averroes sigue siendo nombrar uno de los márgenes de la tradición filosófica occidental, aunque también es cierto que marginados hay y siempre habrán muchos; y, sin embargo, nos seguimos ocupando de Averroes y no de los otros que en realidad no interesan. Sin embargo, es probable que no seamos nosotros los interesamos en Averroes, sino el viejo comentador quien permanece como una sombra insondable que acecha a todo pensamiento y reflexión atenta. Por eso es por lo que tienen razón los editores del excelente volumen colectivo Averroes intempestivo (Doblea editores, 2022) al decir que el averroísmo es un espectro que recorre la imaginación a pesar de carecer de una arquitectónica sistemática de conceptos morales, políticos, u ontológicos. Aunque es gracias a esta misma razón que el averroísmo sobrevivió a lo largo de siglos, tras su exilio de la universidad medieval, en el extrañamiento lingüístico de la poesía, como señalan Agamben & Brenet en Intelletto d’amore (Quodlibet, 2020).

Alexis Donoso González / MOLINA, algunas propuestas de lectura.

Literatura, Poesía

Sobre Molina, de Guillermo Enrique Fernández, Editorial Desbordes, Santiago, 2022.

La lectura no coincide con el texto, sino con una de las múltiples posibilidades de lecturas que tiene un texto. Dicho esto, quisiera proponer algo que les puede parecer raro, esto es, la idea de una lectura general en la que se incluyen dos lecturas particulares. De este modo, la lectura general que he realizado de Molina, tiene que ver con una interpretación o extravío —a la manera de Riffaterre—, con una enajenación en el texto más bien personal, que trae como consecuencias estas otras dos ideas de lectura, las que por cierto, no deseo imponer, y con las que ustedes podrían después de leer el libro, estar o no de acuerdo.

Andrea Cortellessa / Fantasma de amor

Filosofía

Quien busque a Guido Cavalcanti en Wikipedia, lo encontrará definido como «un poeta y filósofo italiano del siglo XIII» (y más adelante, en la «entrada», se recuerda la definición que de él hizo Boccaccio: «el mejor erudito que tuvo el mundo»). Y ello a pesar de que ninguna de sus obras doctrinales -si es que compuso alguna- ha llegado hasta nosotros. Pero no es necesario; es la sustancia de su poesía la que es filosófica: en un nivel que sólo alcanzará el discípulo que lo «echará del nido», Dante, y luego Leopardi. Una «línea» que de nuestra tradición literaria es la columna vertebral, como podemos ver, pero que en términos cuantitativos siempre ha sido muy minoritaria. El problema es que la koinè idealista (empezando, si nos fijamos bien, por el propio Hegel, el poeta refoulé…) siempre ha mantenido en gran desconsideración lo que Heidegger llamaría «pensamiento poético»: una koinè encarnada por nosotros de una vez por todas por el «alcalde de la literatura italiana» (como le insultó Manganelli), De Sanctis, que alabó a Cavalcanti a pesar de sus intereses filosóficos. Pero, más o menos declarada, aún hoy prevalece, para la poesía que se hace, la concepción de que los autores como Guido son «artistas y poetas sin quererlo ni saberlo»: una tesis que, según Gianfranco Contini, debería ser «más o menos derribada».

Paula Cucurella / El deseo en el Asedio. Un comentario a Asedios al Fascismo de Sergio Villalobos-Ruminott

Filosofía, Política

Por meses, he buscado una imagen o una frase para hablar de Asedios al Fascismo. La dificultad del ejercicio reside en parte en el deseo de encontrar la frase justa, la palabra justa, algo que no se pueda parafrasear, pero que a la vez explique sintéticamente una articulación compleja, dónde las partes, su función y justificación, no obedecen ni preceden un todo, que no obstante bosquejan. De modo provisional, la articulación del libro no es tan distinta de un imaginado reloj compuesto de muchos relojes; donde algunos corren más rápido que otros, no obstante, la máquina marcha. Es probable que la imagen no sea brillante, pero si me permiten explicarla, al menos, tal vez, crean que es persuasiva.

Pablo Véliz Bacigalupo / Breve ensayo de “Carta al padre y otros poemas” de Alexis Donoso González

Literatura

Nunca comprendí tu total insensibilidad frente a la pena y la vergüenza que podías causarme con tu poder (…) Tú descargabas tus palabras sin el menor reparo, nadie te daba pena, ni en ese momento ni después; frente a ti, uno estaba completamente indefenso”. Carta al padre, Franz Kafka

Bachofen postula en su libro “Ginecocracia” y “Mitología Arcaica y Derecho Materno” toda una radiografía sobre pueblos ancestrales en diversas culturas. Lo central acá, es la predominancia de la Mujer sobre el rol masculino. La idea de que esta se “vincula” con la naturaleza para quedar embarazada es atestiguada por este autor. Estamos en presencia del Matriarcado. No obstante, el hombre habrá de revelar el misterio de la fecundación y, a la postre, impondrá con su “poder eteokleico” (conciencia de su participación en el acto reproductivo) una nueva etapa en la historia, relegando la Ginecocracia al olvido, e instaurando la “pater familias”. La concepción de que el hombre o el “padre” domina el mundo está sustentada en esta idea. El padre es el artífice de una ideología tiránica, verticalizada por el dominio, la jerarquía, el poder, la desconfianza, la competencia, etc. Hasta hoy, el padre es el ícono del exterminio del amor.

Felice Cimatti / El lugar de lo humano. Agamben y lo irrealizable

Filosofía, Política

Fuente: Antinomie.it

Un bosque nevado. En realidad (esa es la cuestión, ¿qué quieres decir con «en realidad»?) no vemos un bosque, vemos árboles. Con un lado del tronco cubierto de nieve. Pero en realidad (de nuevo), ni siquiera vemos árboles, sino un signo (un icono, para usar la terminología de la semiótica) que nos muestra árboles. Así pues, en algún lugar del mundo debe haber árboles reales, que alguien ha captado a través del objetivo de un dispositivo fotográfico; árboles a los que se refiere la imagen de arriba (el signo icónico). Y por último, las palabras -es decir, otros signos, ya no icónicos- con las que comentamos la imagen, es decir, un signo más. Si ahora pensamos en el complicado y tortuoso camino semiótico que nos llevó desde aquella tarde de invierno hasta estas notas, podemos empezar a entender cuál es el problema, qué ganamos al movernos siempre entre signos de signos, y qué, en cambio, perdemos, cuando nuestro mundo está siempre hecho de signos de signos. Mientras tanto, unas líneas antes hablábamos de un bosque, un bosque nevado. Inmediatamente nos corregimos, porque en realidad no es un bosque lo que vemos, sino árboles, muchos árboles juntos. Es una vieja historia, la del bosque y los árboles. Según esta historia, si prestamos demasiada atención a los árboles, perdemos de vista el bosque, y viceversa, si sólo prestamos atención al bosque, olvidamos que también hay árboles. La historia tiene su propia razón, sin embargo, sugiere que el bosque existe por sí mismo. De hecho, ¿podemos estar tan seguros de que sin la palabra «bosque» habría un bosque?