Paula Cucurella / El deseo en el Asedio. Un comentario a Asedios al Fascismo de Sergio Villalobos-Ruminott

Filosofía, Política

Por meses, he buscado una imagen o una frase para hablar de Asedios al Fascismo. La dificultad del ejercicio reside en parte en el deseo de encontrar la frase justa, la palabra justa, algo que no se pueda parafrasear, pero que a la vez explique sintéticamente una articulación compleja, dónde las partes, su función y justificación, no obedecen ni preceden un todo, que no obstante bosquejan. De modo provisional, la articulación del libro no es tan distinta de un imaginado reloj compuesto de muchos relojes; donde algunos corren más rápido que otros, no obstante, la máquina marcha. Es probable que la imagen no sea brillante, pero si me permiten explicarla, al menos, tal vez, crean que es persuasiva.

Pablo Véliz Bacigalupo / Breve ensayo de “Carta al padre y otros poemas” de Alexis Donoso González

Literatura

Nunca comprendí tu total insensibilidad frente a la pena y la vergüenza que podías causarme con tu poder (…) Tú descargabas tus palabras sin el menor reparo, nadie te daba pena, ni en ese momento ni después; frente a ti, uno estaba completamente indefenso”. Carta al padre, Franz Kafka

Bachofen postula en su libro “Ginecocracia” y “Mitología Arcaica y Derecho Materno” toda una radiografía sobre pueblos ancestrales en diversas culturas. Lo central acá, es la predominancia de la Mujer sobre el rol masculino. La idea de que esta se “vincula” con la naturaleza para quedar embarazada es atestiguada por este autor. Estamos en presencia del Matriarcado. No obstante, el hombre habrá de revelar el misterio de la fecundación y, a la postre, impondrá con su “poder eteokleico” (conciencia de su participación en el acto reproductivo) una nueva etapa en la historia, relegando la Ginecocracia al olvido, e instaurando la “pater familias”. La concepción de que el hombre o el “padre” domina el mundo está sustentada en esta idea. El padre es el artífice de una ideología tiránica, verticalizada por el dominio, la jerarquía, el poder, la desconfianza, la competencia, etc. Hasta hoy, el padre es el ícono del exterminio del amor.

Felice Cimatti / El lugar de lo humano. Agamben y lo irrealizable

Filosofía, Política

Fuente: Antinomie.it

Un bosque nevado. En realidad (esa es la cuestión, ¿qué quieres decir con «en realidad»?) no vemos un bosque, vemos árboles. Con un lado del tronco cubierto de nieve. Pero en realidad (de nuevo), ni siquiera vemos árboles, sino un signo (un icono, para usar la terminología de la semiótica) que nos muestra árboles. Así pues, en algún lugar del mundo debe haber árboles reales, que alguien ha captado a través del objetivo de un dispositivo fotográfico; árboles a los que se refiere la imagen de arriba (el signo icónico). Y por último, las palabras -es decir, otros signos, ya no icónicos- con las que comentamos la imagen, es decir, un signo más. Si ahora pensamos en el complicado y tortuoso camino semiótico que nos llevó desde aquella tarde de invierno hasta estas notas, podemos empezar a entender cuál es el problema, qué ganamos al movernos siempre entre signos de signos, y qué, en cambio, perdemos, cuando nuestro mundo está siempre hecho de signos de signos. Mientras tanto, unas líneas antes hablábamos de un bosque, un bosque nevado. Inmediatamente nos corregimos, porque en realidad no es un bosque lo que vemos, sino árboles, muchos árboles juntos. Es una vieja historia, la del bosque y los árboles. Según esta historia, si prestamos demasiada atención a los árboles, perdemos de vista el bosque, y viceversa, si sólo prestamos atención al bosque, olvidamos que también hay árboles. La historia tiene su propia razón, sin embargo, sugiere que el bosque existe por sí mismo. De hecho, ¿podemos estar tan seguros de que sin la palabra «bosque» habría un bosque?

Luis Barrientos Lagos / Impronta de multitudes

Literatura, Poesía

Presentación del libro “CON(TRAS)HUMANTE” Ed. Desbordes (2021) Del Poeta Magalllánico Kalani Shaira

Conforme a mi más inmediata apreciación, que estimo compartible por la venidera suma de lectores de Kalani Shaira, aseguro —en el frontispicio de mis escarceo de filólogo— que los textos de este poeta son, en importante medida, tributarios de una índole literaria, de un tenor puesto en solfa o guardado en el desván del género lírico por un sinfín de poetas coetáneos suyos: la índole de poemas predecibles y sin escarpaduras que tornen insuave y escabrosa la incursión de sus lectores.

Alexis Donoso González / Sephirot

Literatura

En Infancia en Berlín hacia 1900 Walter Benjamin revivía la propia experiencia que tuvo con los libros siendo niño. En aquel tiempo, los libros, nos dice el filósofo, «no se leían de principio a fin, sino que se habitaba, se vivía entre sus líneas». De este modo sucede al entrar en la lectura de Sephirot, libro publicado por Ediciones Bogavante (2015) del ahora joven poeta Diego González Sánchez (1997), quien siendo todavía niño escribió esta poesía que, según Tomás Harris en el prólogo, puede ser leída como un «poema extenso», fragmentado en diecisiete títulos.

Luis Barrientos Lagos / FAZ, CARIZ Y ROSTRO CONJETURAL DE PAÍS DE LAS HOJAS DEL POETA ALDO GONZÁLEZ VILCHES

Literatura

Ávido de una comprensión que ventile el reservorio de ideas supuestamente anidadas en el texto que provoca mi lectura, abrigo el denodado empeño de precaverme de incurrir en ese filisteismo de la interpretación que acusaba Susan Sontag en su obra primeriza. Ese filisteismo plasmado en todo intento de amagar el talante prospectivo, el asomo en ristre del arte ( y, por supuesto, de la literatura) sobre el tapete cultural, filisteismo enderezado a la comprensión interpretativa y a radice del todo impertinente de cara a los fueros de lo incomprensible que arte y literatura comportan, a lo menos en cuanto excesivos o subvertidores de los esquemas de lo previsible por consuetudinario. Se entiende que Sontag suprematiza las capacidades creadoras como fuente de dimensiones artísticas insólitas e inesperadas, sindicando a la interpretación parasitaria que las desvirtúa conforme a la intromisión de un intelecto a caza de trasfondos y contenidos, trasfondos y contenidos por desocultar bajo las formas de su sensible apariencia. Se comprende, entonces, que Sontag proclame la superfluidad, la extemporaneidad y la nocividad de la hermenéutica de la obra, focalizada en unos recónditos y solapados contenidos en menosprecio de los superficiales esplendores del arte y la literatura.