Felice Cimatti / El lugar de lo humano. Agamben y lo irrealizable

Filosofía, Política

Fuente: Antinomie.it

Un bosque nevado. En realidad (esa es la cuestión, ¿qué quieres decir con «en realidad»?) no vemos un bosque, vemos árboles. Con un lado del tronco cubierto de nieve. Pero en realidad (de nuevo), ni siquiera vemos árboles, sino un signo (un icono, para usar la terminología de la semiótica) que nos muestra árboles. Así pues, en algún lugar del mundo debe haber árboles reales, que alguien ha captado a través del objetivo de un dispositivo fotográfico; árboles a los que se refiere la imagen de arriba (el signo icónico). Y por último, las palabras -es decir, otros signos, ya no icónicos- con las que comentamos la imagen, es decir, un signo más. Si ahora pensamos en el complicado y tortuoso camino semiótico que nos llevó desde aquella tarde de invierno hasta estas notas, podemos empezar a entender cuál es el problema, qué ganamos al movernos siempre entre signos de signos, y qué, en cambio, perdemos, cuando nuestro mundo está siempre hecho de signos de signos. Mientras tanto, unas líneas antes hablábamos de un bosque, un bosque nevado. Inmediatamente nos corregimos, porque en realidad no es un bosque lo que vemos, sino árboles, muchos árboles juntos. Es una vieja historia, la del bosque y los árboles. Según esta historia, si prestamos demasiada atención a los árboles, perdemos de vista el bosque, y viceversa, si sólo prestamos atención al bosque, olvidamos que también hay árboles. La historia tiene su propia razón, sin embargo, sugiere que el bosque existe por sí mismo. De hecho, ¿podemos estar tan seguros de que sin la palabra «bosque» habría un bosque?

Luis Barrientos Lagos / Impronta de multitudes

Literatura, Poesía

Presentación del libro “CON(TRAS)HUMANTE” Ed. Desbordes (2021) Del Poeta Magalllánico Kalani Shaira

Conforme a mi más inmediata apreciación, que estimo compartible por la venidera suma de lectores de Kalani Shaira, aseguro —en el frontispicio de mis escarceo de filólogo— que los textos de este poeta son, en importante medida, tributarios de una índole literaria, de un tenor puesto en solfa o guardado en el desván del género lírico por un sinfín de poetas coetáneos suyos: la índole de poemas predecibles y sin escarpaduras que tornen insuave y escabrosa la incursión de sus lectores.

Alexis Donoso González / Sephirot

Literatura

En Infancia en Berlín hacia 1900 Walter Benjamin revivía la propia experiencia que tuvo con los libros siendo niño. En aquel tiempo, los libros, nos dice el filósofo, «no se leían de principio a fin, sino que se habitaba, se vivía entre sus líneas». De este modo sucede al entrar en la lectura de Sephirot, libro publicado por Ediciones Bogavante (2015) del ahora joven poeta Diego González Sánchez (1997), quien siendo todavía niño escribió esta poesía que, según Tomás Harris en el prólogo, puede ser leída como un «poema extenso», fragmentado en diecisiete títulos.

Luis Barrientos Lagos / FAZ, CARIZ Y ROSTRO CONJETURAL DE PAÍS DE LAS HOJAS DEL POETA ALDO GONZÁLEZ VILCHES

Literatura

Ávido de una comprensión que ventile el reservorio de ideas supuestamente anidadas en el texto que provoca mi lectura, abrigo el denodado empeño de precaverme de incurrir en ese filisteismo de la interpretación que acusaba Susan Sontag en su obra primeriza. Ese filisteismo plasmado en todo intento de amagar el talante prospectivo, el asomo en ristre del arte ( y, por supuesto, de la literatura) sobre el tapete cultural, filisteismo enderezado a la comprensión interpretativa y a radice del todo impertinente de cara a los fueros de lo incomprensible que arte y literatura comportan, a lo menos en cuanto excesivos o subvertidores de los esquemas de lo previsible por consuetudinario. Se entiende que Sontag suprematiza las capacidades creadoras como fuente de dimensiones artísticas insólitas e inesperadas, sindicando a la interpretación parasitaria que las desvirtúa conforme a la intromisión de un intelecto a caza de trasfondos y contenidos, trasfondos y contenidos por desocultar bajo las formas de su sensible apariencia. Se comprende, entonces, que Sontag proclame la superfluidad, la extemporaneidad y la nocividad de la hermenéutica de la obra, focalizada en unos recónditos y solapados contenidos en menosprecio de los superficiales esplendores del arte y la literatura.

Graciela Andrini / Reseña de lasiniestra de Alexis Donoso González

Literatura

Autor: Alexis Donoso González / Libro: lasiniestra / Género: Poesía / Editorial Desbordes, Santiago de Chile, 2021 /142pp. www.editorialdesbordes.cl

Hay una marcada referencia a las estructuras de la mente inconsciente compartidas entre los miembros de la misma especie. Es acientífico y fatalista. Pero el yo lírico convive con intensa catarsis y provocación en un lenguaje solidario con la escatología. Lo disruptivo es todo lo que produce una interrupción súbita de algo. Eso es permanente desde la estructuración, estética, aforismos, y todas las figuras literarias empleadas. Un verdadero acierto en esta escritura que sin ninguna duda es una voz propia. Todas las estampas son obtenidas por impresión de una matriz de esa psicología colectiva que si fuese teatral “olería” a llanto, desgarro y oración. Un ritual sin principio ni fin y que reafirman todas las partes representadas. El ritmo se sostiene por la repetición en los términos anteriores de una ideología que subyace e irrumpe con voces cercanas, conocidas o no, pero tienen el poder de nombrar las cosas. Ese legislador, ese yo lírico al estilo de Platón en el Crátilo decide y en este caso de forma anárquica; que la cuestión es tal cual la decide. Así lo cree y lo estampa. Las letras, grabados y pasajes donde se mencionan autores comparten analógicamente el espacio y el tiempo que no necesariamente es este siglo. Muy por el contrario, conviven y coexisten distintos autores de distintos siglos. Existe una crítica al estilo de vida neoliberal y a su vez un constante llamado a hacer lo que el sistema neoliberal inserta y propone. Lo más visto es el uso del inglés que puede ser tomado como burlesco o no, pero figura en varios pasajes de lasiniestra. Hay cohesión y coherencia. Hay una ideología punzante que hiere en ese inconsciente colectivo o imaginario que es un llamado y advertencia lo más cercano a una revolución o un volcán latente.

Jorge Andrés Gordillo López / Historicidad y revueltas: comentario a Asedios al fascismo, de Sergio Villalobos-Ruminott

Filosofía, Política

Impartida por Theodor W. Adorno en 1959 ante el Consejo de Coordinación para la Colaboración Cristiano-Judía[1] “¿Qué significa elaborar el pasado?” es una conferencia cuya actualidad provoca planteamientos críticos acerca de cómo producir vínculos con los pasados en sociedades hechizadas por la administración y la minoría de edad. La producción de discursos acerca de los pasados genera formas de socialización y experiencias de mundo. La importancia de las tecnologías con las que se relata, la relación que se establecen con y en ellas, de no estar cargadas por una autorreflexión inmanente, desatan sus versiones devastadoras vía la razón instrumental. En este sentido, no es gratuito que Adorno haya preparado el texto para una institución que, inaugurada tras la Segunda Guerra Mundial por dos monoteísmos en alianza con el Estado y otras organizaciones, promovió la construcción de la República Federal de Alemania (1949-1990) apelando, sobre todo, a “la culpa histórica” de la “destrucción de la vida judía” sistematizada por el nacionalsocialismo. La urgencia y el cuidado del pensamiento histórico no puede ser ingenuo ante la historicidad de las condiciones de posibilidad del fascismo, pero tampoco frente a las de su actualización, las retóricas de su “superación” y las formas de confrontar su proliferación. La domesticación del pensamiento separa este problema de su concreción histórica vía resoluciones de expertos y análisis ilegibles e infumables. Ceder a la obediencia de sus formulas es asentar la dominación que viene. En palabras de Adorno: