Aldo Bombardiere Castro / Primera divagación sobre la poesía en tiempos de catástrofe: culpa

Filosofía, Poesía, Política

A pesar de hoy, a pesar de los brazos sin piel que estallan bajo o sobre las pantallas; a pesar de los ayeres, de los olvidos y de los mártires apenas recordados; a pesar de la culpa, debemos escribir sin culpa. A pesar de hoy y justamente porque hoy aún escribimos, porque aún vivimos con culpa, hemos de escribir sin culpa.

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Sí. Heráclito lo sabía: el logos modula y despliega las lenguas de fuego con que se escribe la poesía. La idea heraclítea del hombre que nunca se baña dos veces en el mismo río apunta al centelleo de un devenir. En realidad, consiste en un pensamiento y no en una idea: la frase constata algo: el devenir sólo puede empezar a ser pensado por la filosofía en virtud de imágenes poéticas. Por otra parte, la forma conceptual del concepto “devenir”, su intento de ser acuñado en calidad idea, representa un accidente más en el movimiento del kosmos. La pretensión de detener con una mano el pulso polimorfo que recorre tanto al universo como a todo ente constitutivo de éste, consiste en el acto contra el cual, sin necesidad de tocarlo, la poesía se reconoce en resistencia, siendo resistencia. Estar a la escucha del logos nada tiene que ver con intentar traducir aquello que el logos nos tiene qué decir, con desentrañar la preexistencia de su mensaje. Estar a la escucha del logos significa disponerse a resistir en tal escucha, disponerse a escuchar, antes que todo, nuestro acto de escucha y la potencia de su sutil irrupción dispuesta a lo que irrumpa. Siguiendo a Heráclito, hablamos de una pequeña guerra, del caos y el caleidoscopio dibujado por el caos mismo, donde, manteniendo el combate, uno y otro logran danzar y disolverse en sus polos contrarios. Para el escuchar poético, en verdad, no importa el contenido de lo escuchado, en cuanto concepto a comunicar, codificable o transmisible; de importar algo, sólo importa el estar atento a la escucha, incluso, cuando el susurro de lo viniente no termine, ni tampoco cese, de llegar.

Movimiento de Izquierda Órfica / Tesis colectivas sobre el fascismo. Los nuevos fascismos: tragedia y farsa al mismo tiempo

Política

Los fascismos contemporáneos no son una anomalía ni un retorno mecánico al siglo XX, sino la forma actual de la contrarrevolución en un capitalismo neoliberal ya plenamente autoritario. Frente a lecturas que separan liberalismo, neoliberalismo y fascismo como fenómenos distintos, el argumento central plantea que el neoliberalismo es una maquinaria histórica de largo plazo que necesitó —y necesita— momentos “fascistas” para consolidarse, y que hoy ha entrado en una fase donde democracia liberal y acumulación capitalista ya no son compatibles.

Desde esta tesis, se propone pensar los “nuevos fascismos” en plural, no como copias del clásico, sino como formas flexibles, ideológicamente eclécticas, ameboides y culturalmente sofisticadas, las cuales operan tanto desde el Estado como desde su interior democrático, produciendo un consenso represivo transversal que muchas veces se ve velado para las cargas ideológicas de los individuos.

El concepto de trumputinismo funciona como nombre de una configuración geopolítica y cultural global, donde Trump, Putin, Milei, Bukele, etc., no representan polos opuestos, sino variantes de una misma “guerra civil planetaria” que teóricamente guarda ciertos comunes denominadores que apuntan a la reapropiación de la tierra, el cuerpo y la subjetividad.

No obstante, es necesario hacerse y partir con una pregunta estratégica: cómo pensar la resistencia y la sublevación cuando el antifascismo clásico ha devenido impotente y cuando el enemigo ha aprendido a leer la realidad mejor que la izquierda.

Tariq Anwar / Sin nombres

Filosofía, Política

Lo que hoy se nos presenta como “incomprensible” no es, quizá, un exceso de complejidad, sino un defecto de nombres. No porque falten palabras —nunca hubo tantas—, sino porque las palabras circulan como monedas gastadas: todavía compran algo, pero ya no sabemos bien qué. Decir “los fascistas han vuelto” es verdadero y, al mismo tiempo, insuficiente. Es verdadero porque reconocemos gestos, tonos, técnicas de intimidación, el placer de la humillación pública y la promesa de una identidad compacta. Es insuficiente porque el fenómeno se ha vuelto menos un partido que una atmósfera; menos una doctrina que una disposición afectiva y administrativa que puede alojarse, sin contradicción aparente, en instituciones “democráticas”, en mercados desregulados y en plataformas que se dicen neutrales. Lo inquietante no es que regrese lo viejo, sino que lo viejo regrese como si nunca se hubiera ido: como si “fascismo” fuese el nombre tardío de una continuidad. La dificultad de nombrar no afecta sólo a las derechas. También la palabra “izquierda” parece haber perdido su referente, como esas señales en el camino que siguen en pie cuando ya no existe la carretera. Vemos revueltas, protestas, levantamientos, agrupaciones civiles de intereses precisos —a veces admirablemente precisos— y, sin embargo, dudamos: ¿es esto “la izquierda”? Sí, porque ahí está el conflicto; no, porque falta la imaginación que transforme el conflicto en mundo. Durante décadas, los partidos que hablaban en nombre de los trabajadores se especializaron en gestionar lo existente. Y gestionar lo existente no es una actividad neutral: es una pedagogía de la impotencia. Cuando una organización se acostumbra a administrar lo dado, su “realismo” se convierte en la coartada perfecta para que otros inventen —aunque sea con materiales tóxicos— las formas del deseo político.

Mauricio Amar / Fetichismo, fascismo, máquinas

Filosofía, Política

La reaparición del fascismo, por supuesto con formas de organización y violencia nuevas y ropajes quizá más coloridos, no trata tanto de la transformación del mundo, sino de su aceleración hacia la destrucción completa. Lo que Marx indicaba en el capital como fetichismo de la mercancía, debe volver a estar sobre la mesa en tanto no refiere simplemente al proceso de ocultación de los procesos que hacen posible la forma mercancía, sino a una forma en la que los humanos se constituyen, se subjetivan y relacionan entre sí y con el mundo como «cosas». Norbert Lenoir dirá que «el fetichismo es en un sentido la constitución de un mundo, de un medio en el que los humanos actúan y piensan» (Lenoir, 2018, p. 63). Este actuar y pensar se constituye como realidad objetiva de la misma manera en que circulan las mercancías. Hay algo de endurecimiento en este proceso o peor, de mutilación de aquello que es fundamentalmente sensible en toda relación. El fetichismo es, en este sentido, el modo de aparecer del mundo en la época del capitalismo y su expansión e intensidad no conocen límites.

Paola Caridi / Consejo de la Paz. La propuesta indecente

Política

“Impunidad disfrazada de diplomacia”. Eso es lo que se escucha en Gaza, gracias a los periodistas palestinos que siguen dando testimonio de lo que ocurre en la Franja. En este caso, es Tareq Abu Azzum, uno de los corresponsales de Al Jazeera English, quien sintetiza así la frustración que recorre la población, sobre todo después de que Benjamin Netanyahu fuera invitado a formar parte del Consejo de la Paz instituido por Donald Trump. ¿Cómo es posible que el autor del genocidio palestino sea invitado a llevar la “paz”? ¿No tiene Netanyahu una orden de arresto internacional en su contra, emitida por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad?

Colapso y Desvío / Canto a la muerte: el desbordamiento del tiempo

Filosofía, Política

¡Muerte en nosotros reinas; a ti van nuestras quejas! William Wordstow, 1807

¿Qué ocurre cuando se lleva el desencanto a las formas modernas del Capital hasta sus últimas consecuencias? ¿Qué estéticas surgen de la oposición irreconciliable con el presente? La teoría cultural se ha centrado desde comienzos de la década de los noventa[1] en el estudio del fenómeno del enlentecimiento de la cultura, que ha tenido como síntoma inmediato la generalización gradual e incesante hacia la nostalgia. La irreconciabilidad con el presente ha derivado en un divorcio, no solo con las formas y técnicas más actualizadas del capital, sino con la democracia liberal. A la incapacidad de adaptación simultánea a los acelerados ritmos y formas cambiantes del Capital, con el tiempo oníricamente suspendido en un presente amenazante, les suceden no únicamente el retorno a formas anticuadas de capitalismo, a modo de la recreación perpetua de su propia estructura “eterna”[2] —véase la aparente repetición de las formas militarista, patriarcal, autoritario y monárquico o hasta de relaciones feudales retornadas propias del pre-capitalismo[3]—, sino también al aumento en la presencia de formas de aniquilación (Vernichtung) arraigadas en el carácter de la sociedad.