Esta nota no pretende ser sino un apéndice al texto sobre el colapso de la universidad norteamericana, al que Rodrigo Karmy le ha replicado incorporando otras escenas. Lo que recorre implícitamente ambos textos es lo que podemos llamar la ruina del verosímil universitario. Dicho en forma de tesis: el colapso de la universidad supone el fin efectivo de su verosímil. Así, cuando Karmy habla de la desaparición del “papel” en el momento pandémico, lo que se ventila no es solo solo el quiasmo entre la hoja y el lápiz – y lo que esto implica para la memoria y la mano del ser humano – sino también el fin del “papel” que la universidad encarnó durante siglos en la constitución performática del guión modernista.
Gaza
Rodrigo Karmy Bolton / La Universidad (norteamericanizada chilena) ya ha colapsado
Filosofía, Política1.- No hay papel.
Quisiera seguir el hilo de la profunda columna de Gerardo Muñoz titulada La Universidad norteamericana ya ha colapsado, a partir de una experiencia biográfica que, me parece interesante de problematizar a propósito del colapso en curso. En el año 2020, en plena pandemia, mientras la universidad se había reducido a una pantalla, muchas veces con estudiantes que no eran más que pantallas negras premunidos de alguno que otro nombre, y con el pánico diario de que las vacunas se estaban probando y entonces nuestros múltiples dispositivos inmunitarios nos ofrecían algo más que limpieza cotidiana, sino que parecían asegurarnos una vida eterna, ocurrió una escena del todo singular. Pertenecía yo al decanato de esa época y, un día, se nos citó a una reunión de Consejo de Facultad que, entre los puntos que se debían discutir, era la exposición del encargado de la vicerrectoría de asuntos digitales que, hasta donde recuerdo y a propósito de la demanda pánica que impulsó la pandemia- nos venía a presentar una modernización de los sistemas digitales de la universidad, tan urgente como necesario.
Alberto Toscano / Colonialismo acelerado: un plan contra Palestina
Filosofía, PolíticaEstos saqueadores del mundo, después de haber destruido la tierra con sus devastaciones, ahora están saqueando el océano: impulsados por la codicia, si su enemigo es rico; por la ambición, si es pobre; insaciables tanto hacia Oriente como hacia Occidente: el único pueblo que contempla la riqueza y la miseria con la misma avidez. Saquear, masacrar, usurpar con falsos títulos —a esto lo llaman imperio; y donde hacen un desierto, lo llaman paz. Tácito, Agrícola
Lo hermoso de Gaza es que nuestras voces no la alcanzan. Nada la distrae; nada le quita el puño de la cara al enemigo. No las formas del Estado palestino que construiremos, aunque sea en el lado oriental de la luna o en el lado occidental de Marte, cuando sea explorado. Mahmoud Darwish, Silencio por Gaza
A finales de septiembre, la administración Trump publicó su plan en 21 puntos para poner fin al «conflicto de Gaza». En los últimos ocho meses, el obsceno «plan de desarrollo para Gaza» de Trump —que presentaba el territorio devastado como la «Riviera de Oriente Medio», acompañado por las ya omnipresentes y alucinadas representaciones generadas por IA de cómo debería lucir— ha servido como punto de referencia constante para la campaña israelí de limpieza étnica y genocidio.
Netanyahu y sus ministros saborearon el hecho de que la ontología inmobiliaria del plan —como Brenna Bhandar y yo delineamos en nuestro artículo Le mani sul pianeta. L’imperialismo immobiliare di Trump— excluyera el derecho internacional y previera una transferencia total de la población como preludio a un auge edificatorio.
Firas Shehadeh / The Heaviest Shrouds Are The Smallest Ones
SonidoViernes de sonidos en Ficción de la razón.
The Heaviest Shrouds Are The Smallest Ones es un álbum de duelo, ira, furia y rechazo, compuesto tras dos años de genocidio, asedio y horrores indescriptibles en Gaza. A partir de ruidos agresivos, grabaciones de campo y texturas, este lanzamiento reúne un documento sonoro que lamenta el colapso del significado mismo. Gaza ya no es un lugar, es un agujero negro. Una ruptura gravitacional que se traga la ética, la historia y el lenguaje. Este lanzamiento es un ritual fúnebre por un mundo que permitió que se produjera el genocidio en curso en Gaza. En un momento en el que la «comunidad internacional» se revela como una sociedad de vampiros y el «orden mundial» como una maquinaria de exterminio, este álbum responde con distorsión y fractura, un grito en ausencia de ley, lógica o tiempo.
Mauricio Amar / Descolonización
Filosofía, PolíticaFrantz Fanon, en su clásico Los condenados de la tierra, nos dice lo siguiente:
La descolonización no pasa jamás inadvertida puesto que afecta al ser, modifica fundamentalmente al ser, transforma a los espectadores aplastados por la falta de esencia en actores privilegiados, recogidos de manera casi grandiosa por la hoz de la historia. Introduce en el ser un nuevo ritmo propio, aportado por los nuevos hombres, un nuevo lenguaje, una nueva humanidad. La descolonización realmente es la creación de hombres nuevos. Pero esta creación no recibe su legitimidad de ninguna potencia sobrenatural: la “cosa” colonizada se convierte en hombre en el proceso mismo por el cual se libera (Fanon, 2001, p. 31).
Como en todo proceso de descolonización ocurre, el poder del colono es parcialmente consciente de que algo ha surgido en el colonizado, pero al mismo tiempo es incapaz de comprender tanto lo irreversible de su fuerza como los límites de su extensión. En parte porque ese «hombre» —digamos mejor «humano»— que ha aparecido de la «cosa», en realidad no es un humano como el colono, sino la completa deformación de la idea de humano que, ahora, viene a significar una sola idea con la liberación. El colono no es libre, no es plenamente humano. Lo que ha producido más bien es la captura de lo humano bajo una forma de perpetuación de la forma humana bajo contornos estrechos. El colono es aquel que ha sacrificado su humanidad en el camino de la negación de todo mundo posible y la invención de un infierno en la tierra. La nueva humanidad que anuncia el colonizado, en cambio, no siente vergüenza de la aventura, al contrario, la ama y a ella se lanza. Pero no se lanza sólo, sino con los otros. Si el colono es individuo, el descolonizado es multitudes. Si el colono es pureza, el descolonizado es la mezcla.
Gerardo Muñoz / La risa del palestino
Estética, Filosofía, PolíticaUna de las cosas que nunca deja de sorprenderme de los palestinos es su risa. El palestino ríe ante la catástrofe del mundo, testigo del desvanecimiento del rostro humano occidental. En un reportaje del 4 de octubre en el diario chileno La Tercera titulado “La travesía de Enas Alghoul y su familia desde Gaza en Chile” que leímos durante el desayuno, aparecían reunidos tres retratos: el rostro de la abuela Farida de ochenta años envuelta en un pañuelo de tristeza; y, a la derecha dos imágenes de jóvenes palestinas, su hija Enas y nieta Rahas en plena risa incontenida y pletórica que parecía arrojar a la misma fotografía al habla. Tres mujeres del grupo de 68 gazatíes que llegaron a Chile el pasado septiembre.
¿Qué significa reírse en la oscuridad del mundo? ¿Qué significa reír ante la facticidad del duelo y del genocidio? En primer lugar, que la existencia palestina se ha retirado de la fe política, en la medida en que la política tiene su divisa en la seriedad. Como sabemos, esta fue la contestación de Carl Schmitt al reparo que Johan Huizanga había deslizado al final de su gran monografía. El estudioso de las fiestas religiosas y del juego en la evolución de las formas mediterráneas sabía que la absolutización de lo “serio” en política llevaría a una catástrofe; una debacle que no ha cesado de acontecer hasta nuestros días. Si la risa es un retazo de redención ante la luz cegadora del presente es porque nos devuelve una conmoción contra la política de la tragedia.
