Tariq Anwar / La lengua olvidada

Filosofía

En la tradición islámica, Adán ocupa un lugar preponderante. El filósofo y místico de Murcia, Ibn ‘Arabi, en su libro Los engarces de las sabidurías [fusus al hikam] lo vincula con el «humano perfecto» [insan al kamil], lugar de encuentro entre lo divino y el mundo, un istmo [barzaj] que es también un espejo en dos sentidos, en el que Dios ve su revelación y la revelación descubre su pertenencia a Dios. Representante de lo humano en sí mismo, Adán es el padre de toda la especie, convertida a través de él, en regente [khalifa] de la tierra. De acuerdo al Corán su llegada al paraíso es por lo menos escandalosa. Los ángeles dijeron a Dios “¿Pondrás en ella –la tierra – quien la corrompa [desbastándola] y derrame sangre siendo que nosotros te alabamos y santificamos?”, frente a lo cuál Dios dijo “En verdad Yo sé lo que vosotros ignoráis” (Corán, 2, 30). Si ponemos atención a esto, en el misterio divino Dios no tiene sólo un propósito para el humano. No está determinado a cometer el bien pero, por cierto, tampoco el mal. Es un ser que se sitúa también como un barzaj, más acá del bien y del mal. Es un ser cuya naturaleza es la apertura, la potencia expuesta por su posición límite.

Giorgio Agamben / ¿Soy armenio, soy italiano?

Filosofía

Mi relación con Armenia -ante todo con la lengua armenia- tiene algo de íntimo y de legendario. Hace muchos años, Gianfranco Contini, un filólogo al que tenía y tengo en la más alta estima, me dijo que el apellido Agamben es sin duda de origen armenio. El apellido armenio Aganbeghyan se acortaría a Agamben, al igual que el apellido italiano Gianni deriva del armenio Gianighyan. Esto me lo confirmó más tarde, no sin cierta sorna, un monje del convento de la Isola degli Armeni de Venecia. En las tradiciones de mi familia, sin embargo, no había rastro de tal origen y el nombre -que somos los únicos que lo tenemos en Italia- se explicaba de otras formas más fantásticas, tal vez inventadas para ocultar el origen exótico.

Miguel Ángel Hermosilla / El lenguaje de lo viviente y la poesía en las cosas. De la escritura de Damsi Figueroa

Filosofía, Poesía

“Me trajo el mar su palabra reventada,

Su latir, su pausa, su castigo”.

Damsi Figueroa Verdugo. Muerte Natural. Ed. Delarchivo. 2020.

Escribir, sería una operación de lenguaje inscrita en el temblar primero de la vibración del rayo clavada en una superficie. Esa intuición heraclitiana de Gonzalo Rojas que moviliza el relámpago de su fuego imaginal, es al mismo tiempo el aire que mueve los labios del asombro y la escritura de Damsi Figueroa Verdugo1. El temblor de sus palabras corta el vuelo en distintas direcciones y zigzaguea el ritmo creativo del nombre que desata el soplo sitarino de su logos vendaval.

Así nacía la poesía dentro de mí, como una isla especular que me latía, como un volcán silencioso de lava y de preguntas”2.

Magaly Ruiz Mella / Historias mapuche. Eliana, el Mapuzungun. Una vida posible

Estética, Filosofía

Sobre Epew Txem Kulelu. Historias Mapuche de Eliana Albino Caniu, 2018

Los momentos de vigor son esenciales para la «comunidad de los afectos». No son ficciones, menos si distan de estar anclados en las distopías del presente. Bajo la biblioteca de la modernidad, la amistad es catalogada como un lugar enrarecido que occidente ha declarado una “cama mullida”. Un encuentro en la diferencia, en los incordios, en relaciones que hacen del otro la perpetuación de la sombra, o bien, contienen las diferencias en una “política de los afectos” (lugar de la máscara). La amistad “sería” una zona gris que abunda en pactos de productividad, en porosidades. Querríamos instalar otra ética de los afectos territoriales.

Magaly Ruiz Mella / Lingüístico y creativo: un ser humano al fin

Filosofía

El libro Cantos de Vida y Esperanza, publicado en 1905 contiene uno de los poemas íconos del poeta nicaragüense, Rubén Darío que lleva por título Lo Fatal. Los primeros versos dicen lo siguiente:

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.”

Si nos concentramos en algunas palabras de estos versos nos damos cuenta que el sufrimiento del yo lírico es ser consciente de la vida. Pero por qué este dolor y de dónde proviene este dolor. La respuesta está en el verso “ni mayor pesadumbre que la vida consciente”.

Giorgio Agamben / Comas y llamas

Filosofía, Política

A un amigo que le hablaba del bombardeo de Shanghai por los japoneses, Karl Kraus le contestó: «Sé que nada tiene sentido si la casa se incendia. Pero mientras sea posible, cuido las comas, porque si los que tuvieron que hacerlo se hubieran preocupado de que todas las comas estuvieran en el lugar correcto, Shanghai no se habría incendiado». Como siempre, el chiste esconde aquí una verdad que vale la pena recordar. Los hombres tienen su morada vital en el lenguaje, y si piensan y actúan mal, es porque su relación con su lenguaje está corrompida y viciada en primer lugar. Hace tiempo que vivimos en una lengua empobrecida y devastada, todos los pueblos, como decía Scholem de Israel, caminan hoy ciegos y sordos sobre el abismo de su lengua, y es posible que esta lengua traicionada se esté vengando de algún modo, y que su venganza sea tanto más despiadada cuanto más la hayan estropeado y descuidado los hombres. Todos nos damos cuenta, más o menos claramente, de que nuestra lengua se ha reducido a un pequeño número de latiguillos, que el vocabulario nunca ha sido tan estrecho y gastado, que la fraseología de los medios de comunicación impone su miserable norma por doquier, que las conferencias sobre Dante se dan en mal inglés en las aulas universitarias: ¿cómo, en tales condiciones, puede alguien esperar ser capaz de formular un pensamiento correcto y actuar en consecuencia con probidad y prudencia? Tampoco es de extrañar que quienes manejan semejante lenguaje hayan perdido toda conciencia de la relación entre el lenguaje y la verdad y, por tanto, crean que pueden utilizar palabras que ya no se corresponden con ninguna realidad, hasta el punto de no darse cuenta de que están mintiendo. La verdad de la que hablamos aquí no es sólo la correspondencia entre el discurso y los hechos, sino, incluso antes, el recuerdo del apóstrofe que el lenguaje dirige al niño que pronuncia con emoción sus primeras palabras. Los hombres que han perdido todo recuerdo de esta llamada sumisa, exigente y amorosa son literalmente capaces, como hemos visto en los últimos años, de cualquier maldad.