
No al genocidio sionista en Palestina
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1.f. Anomia, aquel pacto de las mercancías mediáticas que naturalizan el sentido común. 2. f. Anomia, un significante corporativista capaz de bloquear los flujos de metaforicidad en sus apareceres litigantes. 3. f. Anomia, un dispositivo que neutraliza los cuerpos monetarizados del “malaise”. 4. f. Anomia…recurso para restaurar el credencialismo globalizador como índice celebratorio.
Hoy nuestros expertos neoconservadores, liberales y progresistas, condenan la falta de articulación hegemónica de la insurgencia 2019, su lirismo interdicto, licencias poéticas e inusitado barbarismo. Y aunque obesas, es muy necesario abrazar tales críticas, por cuanto el demiurgo de la hegemonía busca articular voluntades colectivas, trayectorias y anudar coaliciones heterogéneas (“lo político”). Pero el Daimón del 2019 -sin fetiches y lejos de toda filosofía redentora- fue un golpe de desigualdad que develó las anorexias de nuestros rectorados y oligarquías académicas para descifrar -curatorialmente- las insubordinación de los cuerpos. De paso, quedó en evidencia el estado de los arribismos mediáticos amañado por las tribunas editoriales. En suma, la ráfaga de sucesos, desnudó diferencias irreversibles con la modernización como índice de progreso. Las economías del conocimiento -mainstream- no fueron capaces de proveer un marco interpretativo ante la caída de la episteme transicional, salvo su poderío factual.
La Chimera (2023), la nueva cinta de Alice Rohrwacher, abre con un plano con el rostro de una joven a la intemperie. Es un rostro luminoso y radiante que por momentos se confunde con la hierba del paisaje. Inmediatamente entendemos de qué se trata de un sueño, pero la sobrecarga de su resplandor provoca el retorno de Arthur a la realidad de un viaje en el vagón de un tren con dos jóvenes de afilados perfiles: “ustedes parecen figuras de alguna antigua pintura”, les dice con una voz grave tomada por la vigilia. La dominación “etrusca” no sale de su boca, pero el espectador informado sabe que a eso alude. Solo con estas dos pinceladas de apertura, Rohrwacher nos sitúa en el corazón de La Chimera (2023): un urgeschichte poético sobre la persistencia de los estratos del pasado y de la inexorable tradición pictórica en los propios gestos. Todo el argumento paródico e infradesarrollado de la película es una aventura auxiliar para justificar esa trascendencia que reside en la epidemia del ser; a saber, que el etrusco no es un “pueblo” de la antigüedad a la sombra de la cultura Roma – un pueblo sin historia, aunque pictórico en su relación con los muertos de sepulcros soterrados – sino una tradición viva que tiene lugar cada vez que los humanos aparecen y se dejan ver. Aquí lo más inmediato: el rostro humano, la fisonomía que nos entrega el suave e involuntario paso del tiempo de las generaciones. En realidad, como en su momento vio Carlo Levi, una verdadera civilización es palpable en la manera en que transforma los rostros estampando la nueva belleza sobre los contornos del mundo [1]. El misterio etrusco del que durante tanto tiempo se ha aludido yace en el propio rostro de un ser humano entre muchos otros. En este sentido, el mayor logro de Alice Rohrwacher en La Chimera (2023) es la poética cinematográfica – una variante material y fabulada de Pasolini y la ternura teológica de Bresson – que le devuelve a la especie humana el lugar de su génesis trascendente: la superficie pictórica de un rostro inolvidable.
Al cierre de la última mesa de La comuna planetaria, conferencia internacional de conversaciones críticas realizado en la Universidad de Chile durante la semana pasada, Jaime Bassa, ex vicepresidente de la frustrada Convención Constitucional, deslizaba un gesto. Por medio de una pregunta, cuya enunciación es tan clara y directa como profundo y pausado su sentido, invitaba a reflexionar a la diversidad de fuerzas de izquierda. Dicha pregunta consiste en lo siguiente: ¿Cuán neoliberales somos?
Hace algunos meses en un coloquio sobre la Nakba, es decir, la Catástrofe palestina que da inicio a Israel y a la puesta en marcha por el sionismo de una fase decisiva de la limpieza étnica hacia los palestinos, una persona del público preguntó ¿que debemos entender por resistencia? A pesar que usamos este concepto de manera frecuente, se podría decir, parafraseando la idea del ser de Aristóteles que la resistencia se puede decir de muchas formas. Pero esto no soluciona un problema que hoy se vuelve urgente dado el abismo al que nos precipita el capitalismo tardío en términos climáticos y de reconfiguración de conceptos que habíamos entendido por mucho tiempo como dados: lo humano, la naturaleza, la política, entre muchos otros. Frente a esta compleja situación, la resistencia o las resistencias deben volver a ser pensadas e imaginadas. Quizá consista la resistencia en esto mismo, porque parece ser inseparable de la crítica, pero sería bueno echar un vistazo tanto a esa cercanía como su distancia.