Todos estamos en el infierno, pero algunos parecen pensar que aquí no hay nada más que hacer que estudiar y describir minuciosamente a los demonios, su horrible aspecto, sus feroces comportamientos, sus infames maquinaciones. Tal vez se engañan creyendo que de esta manera pueden escapar del infierno, y no se dan cuenta de que lo que los ocupa por completo no es más que el peor de los castigos que los demonios han ideado para atormentarlos. Como el campesino de la parábola kafkiana, no hacen más que contar las pulgas en la solapa del guardián. Cabe decir que tampoco están en lo correcto aquellos que, en el infierno, pasan su tiempo describiendo a los ángeles del paraíso; también este es un castigo, aparentemente menos cruel, pero no menos odioso que el otro.
Filosofía política
Nicolás Ried Soto / La destrucción de la casa. Sobre The Brutalist
Cine, Estética, Filosofía, Política1. En una conferencia dictada en un país nórdico, el apacible filósofo Emmanuel Lévinas se alteró de manera inesperada ante una pregunta. Tras brindar una charla acerca de la imposibilidad de la justicia, un asistente alzó la mano y le preguntó -emulando el tono calmo del filósofo- por una experiencia que él recuerda en uno de sus últimos libros, en la que menciona la casa que podía ver desde su habitación de infancia. Cuando el curioso asistente pronunció la palabra “casa”, una energía se apoderó del filósofo y le hizo perder la serenidad que lo caracterizaba: «¡La casa! ¡La casa! ¡La maldita casa!», gritó. El público, estupefacto ante su insólito cambio de humor, dio por terminada la conferencia.
Quizá Lévinas se ofuscó por el cambio de tema y consideró que la pregunta era impertinente. La vejez entrega ciertos derechos. Sin embargo, él también pronunció la palabra, “casa”, y fue eso lo que lo irritó. El recuerdo que evoca en el libro referido tiene relación con la imposibilidad de capturar la experiencia del Otro: ver una casa desde un punto de vista durante mucho tiempo, nos entrega una idea de la casa, su fachada, su primera forma que se destruye cuando la vemos desde otro punto de vista. Lévinas relata que vio esa casa de infancia desde la calle, muchos años después, pero lo relevante no es lo obvio (que la casa tiene más de una fachada posible, dependiendo del punto de vista), sino el hecho de que la experiencia diferente, con el paso de los años, carga con otras experiencias: en el caso de Lévinas, haber esta encerrado en campos de concentración durante el régimen nacionalsocialista alemán. Dicha experiencia del horror tiene, entre otras, la forma de una ausencia de casa: aunque los edificios que componían los campos de concentración podrían funcionar como casas (muros y un techo que resguardan de la intemperie; ventanas y puertas que permiten el acceso y el egreso; habitaciones que permiten la alimentación, el aseo y el descanso), estaban muy lejos de serlo por la forma de vida que ofrecían, una negación de la vida en la que ningún “yo” es posible. Escribió Lévinas:
Giorgio Agamben / El resto de Israel
Filosofía, PolíticaEn aquel día,
el resto de Israel y los supervivientes de la casa de Jacob
no se apoyarán más en quienes los han golpeado,
sino que se apoyarán en el Señor,
en el Santo de Israel, con lealtad.
Volverá el resto, el resto de Jacob, al Dios fuerte.
Pues aunque tu pueblo, oh Israel,
fuera como la arena del mar,
solo un resto se salvará. Isaías 10, 20-22
Conversaciones a la intemperie / El paradigma Palestina de Mauricio Amar Díaz
Filosofía, PolíticaEn Conversaciones a la intemperie, del 17, Instituto, Gerardo Muñoz recibió a Rodrigo Karmy y Aldo Bombardiere Castro y Mauricio Amar Díaz para abordar la situación actual de Palestina y el mundo a propósito del libro El paradigma Palestina: Sionismo, colonización y resistencias (DobleAEditores, 2024). En Ficción de la razón les dejamos la grabación del encuentro para que escuhen y compartan.
Gerardo Muñoz / Los balleneros del mundo
Filosofía, Literatura, PolíticaRodrigo Karmy me da el pie forzado: “¿Cuál es la figura genealógica que mejor recuerda a esa forma de enemistad? El pirata”. Y en efecto, hay que entender los acelerados procesos en curso como extensas coreografías civilizatorias que ahora, en pleno chisporroteo y agitación, encuentran un temible punto de legibilidad. ¿En qué sentido asistimos a un orden integral de piratas, como sugiere Karmy que leamos el dominio de la política imperial y del imperio de la política? En este punto me gustaría recordar un brillante y ya olvidado libro de Charles Olson titulado Call Me Ishmael (1947), en el que ofrece una interpretación aguda de la esencia y orientación del Americanismo como civilización planetaria. Y es que a diferencia de tantos otros – pensamos en Max Weber sobre el calvinismo y la deificatio comunitaria; o en los marxistas sobre el modo de producción fordista y la revolución pasiva; e incluso si pensamos en la economía del espectáculo y el psiquismo de la cultura de masas – para Olson, quien da un necesario paso atrás, la civilización desplegada por el Americanismo es esencialmente un régimen de producción que nace de la extracción del aceite de las ballenas en el siglo diecinueve [1].
Stefano Catucci / ¿Es Elon Musk nuestro destino?
Filosofía, PolíticaEn un libro de 1993, Moralités postmodernes, Jean-François Lyotard cuenta una fábula que transcurre cuando se acerca el final del ciclo de vida del Sol, dentro de 4.500 millones de años. Es la historia de un éxodo desde la Tierra cuyos protagonistas ya no son humanos, sino dos energías en perpetua lucha entre sí: por un lado, la entropía, que no cesa de impulsar la destrucción de los sistemas, sean vivos o inertes; por el otro, el proceso discontinuo —y en el fondo sumamente improbable— que tiende a crear nuevos sistemas multiplicando sus diferencias. La fábula no dice en qué se habrían transformado para entonces, un futuro ni siquiera imaginable, “lo Humano y su Cerebro, o más bien el Cerebro y su Humano”. Lo que describe Lyotard, en cambio, es la aparición de una crisis actual que no puede comprenderse ni con las herramientas de la ciencia ni con las de la política o la ética. Una crisis de la verdad, crisis de la soberanía estatal y territorial, crisis de la forma de gobierno que nos pareció la más adecuada para satisfacer un proyecto de emancipación: la democracia. Para Lyotard, la despedida de la modernidad, el tránsito hacia moralidades posmodernas, coincide con nuestra salida de la Tierra: no dentro de unos miles de millones de años, sino ahora, cuando al mirar nuestro planeta desde fuera no nos descubrimos unidos por un mismo destino en un planeta frágil, sino como una especie que se puede extinguir y, en definitiva, sustituir.
