Mauricio Amar / Hacer la barbarie

Filosofía, Política

En su infame texto de 1896, El Estado judío, Theordor Herzl –que daría cuerpo al proyecto colonial sionista en Palestina– afirmaba que «Para Europa formaríamos allí un baluarte contra el Asia; estaríamos al servicio de los puestos de avanzada de la cultura contra la barbarie. En tanto que Estado neutral, mantendríamos relación con toda Europa, que tendría que garantizar nuestra existencia»1. Evidentemente las lecturas que se pueden hacer de esta cita tan simple son muchas, partiendo del reconocimiento por parte de Herzl del colonialismo sionista como un asunto europeo, al punto que serán estos los que garanticen su permanencia (hoy, sabemos, ese apoyo proviene principalmente de Estados Unidos). Lo que resulta tremendamente revelador, sin embargo, es la división que establece el autor respecto a civilización y barbarie, que había justificado hasta entonces los más terribles sometimientos, vejaciones y genocidios a diversos pueblos en todo el mundo, incluso en Europa. Y es que el colonialismo, donde vaya, lleva civilización precisamente como barbarie. Como decía Walter Benjamin en su VII tesis Sobre el concepto de historia «no existe un documento de la cultura que no lo sea a la vez de la barbarie». Civilización y barbarie, bajo los términos impuestos por Herzl pertenecen a la misma gramática y aunque el sionista quisiera establecer una separación dicotómica entre ambos, en realidad civilización como barbarie o barbarie como civilización es lo que realmente constituye el proyecto colonial europeo. Y aún así, el mismo Benjamin nos invita a pensar de otra manera la barbarie, una con la que la separación de Herzl podría coincidir y con la que, sin embargo, podríamos llegar a representarnos.

Gerardo Muñoz / Universidad sin verosímil

Filosofía, Política

Esta nota no pretende ser sino un apéndice al texto sobre el colapso de la universidad norteamericana, al que Rodrigo Karmy le ha replicado incorporando otras escenas. Lo que recorre implícitamente ambos textos es lo que podemos llamar la ruina del verosímil universitario. Dicho en forma de tesis: el colapso de la universidad supone el fin efectivo de su verosímil. Así, cuando Karmy habla de la desaparición del “papel” en el momento pandémico, lo que se ventila no es solo solo el quiasmo entre la hoja y el lápiz – y lo que esto implica para la memoria y la mano del ser humano – sino también el fin del “papel” que la universidad encarnó durante siglos en la constitución performática del guión modernista.

Rodrigo Karmy Bolton / La Universidad (norteamericanizada chilena) ya ha colapsado

Filosofía, Política

1.- No hay papel.

Quisiera seguir el hilo de la profunda columna de Gerardo Muñoz titulada La Universidad norteamericana ya ha colapsado, a partir de una experiencia biográfica que, me parece interesante de problematizar a propósito del colapso en curso. En el año 2020, en plena pandemia, mientras la universidad se había reducido a una pantalla, muchas veces con estudiantes que no eran más que pantallas negras premunidos de alguno que otro nombre, y con el pánico diario de que las vacunas se estaban probando y entonces nuestros múltiples dispositivos inmunitarios nos ofrecían algo más que limpieza cotidiana, sino que parecían asegurarnos una vida eterna, ocurrió una escena del todo singular. Pertenecía yo al decanato de esa época y, un día, se nos citó a una reunión de Consejo de Facultad que, entre los puntos que se debían discutir, era la exposición del encargado de la vicerrectoría de asuntos digitales que, hasta donde recuerdo y a propósito de la demanda pánica que impulsó la pandemia- nos venía a presentar una modernización de los sistemas digitales de la universidad, tan urgente como necesario.

Alberto Toscano / Colonialismo acelerado: un plan contra Palestina

Filosofía, Política

Estos saqueadores del mundo, después de haber destruido la tierra con sus devastaciones, ahora están saqueando el océano: impulsados por la codicia, si su enemigo es rico; por la ambición, si es pobre; insaciables tanto hacia Oriente como hacia Occidente: el único pueblo que contempla la riqueza y la miseria con la misma avidez. Saquear, masacrar, usurpar con falsos títulos —a esto lo llaman imperio; y donde hacen un desierto, lo llaman paz. Tácito, Agrícola

Lo hermoso de Gaza es que nuestras voces no la alcanzan. Nada la distrae; nada le quita el puño de la cara al enemigo. No las formas del Estado palestino que construiremos, aunque sea en el lado oriental de la luna o en el lado occidental de Marte, cuando sea explorado. Mahmoud Darwish, Silencio por Gaza

A finales de septiembre, la administración Trump publicó su plan en 21 puntos para poner fin al «conflicto de Gaza». En los últimos ocho meses, el obsceno «plan de desarrollo para Gaza» de Trump —que presentaba el territorio devastado como la «Riviera de Oriente Medio», acompañado por las ya omnipresentes y alucinadas representaciones generadas por IA de cómo debería lucir— ha servido como punto de referencia constante para la campaña israelí de limpieza étnica y genocidio.

Netanyahu y sus ministros saborearon el hecho de que la ontología inmobiliaria del plan —como Brenna Bhandar y yo delineamos en nuestro artículo Le mani sul pianeta. L’imperialismo immobiliare di Trump— excluyera el derecho internacional y previera una transferencia total de la población como preludio a un auge edificatorio.

Firas Shehadeh / The Heaviest Shrouds Are The Smallest Ones

Sonido

Viernes de sonidos en Ficción de la razón.

The Heaviest Shrouds Are The Smallest Ones es un álbum de duelo, ira, furia y rechazo, compuesto tras dos años de genocidio, asedio y horrores indescriptibles en Gaza. A partir de ruidos agresivos, grabaciones de campo y texturas, este lanzamiento reúne un documento sonoro que lamenta el colapso del significado mismo. Gaza ya no es un lugar, es un agujero negro. Una ruptura gravitacional que se traga la ética, la historia y el lenguaje. Este lanzamiento es un ritual fúnebre por un mundo que permitió que se produjera el genocidio en curso en Gaza. En un momento en el que la «comunidad internacional» se revela como una sociedad de vampiros y el «orden mundial» como una maquinaria de exterminio, este álbum responde con distorsión y fractura, un grito en ausencia de ley, lógica o tiempo.

Mauricio Amar / Descolonización

Filosofía, Política

Frantz Fanon, en su clásico Los condenados de la tierra, nos dice lo siguiente:

La descolonización no pasa jamás inadvertida puesto que afecta al ser, modifica fundamentalmente al ser, transforma a los espectadores aplastados por la falta de esencia en actores privilegiados, recogidos de manera casi grandiosa por la hoz de la historia. Introduce en el ser un nuevo ritmo propio, aportado por los nuevos hombres, un nuevo lenguaje, una nueva humanidad. La descolonización realmente es la creación de hombres nuevos. Pero esta creación no recibe su legitimidad de ninguna potencia sobrenatural: la “cosa” colonizada se convierte en hombre en el proceso mismo por el cual se libera (Fanon, 2001, p. 31).

Como en todo proceso de descolonización ocurre, el poder del colono es parcialmente consciente de que algo ha surgido en el colonizado, pero al mismo tiempo es incapaz de comprender tanto lo irreversible de su fuerza como los límites de su extensión. En parte porque ese «hombre» —digamos mejor «humano»— que ha aparecido de la «cosa», en realidad no es un humano como el colono, sino la completa deformación de la idea de humano que, ahora, viene a significar una sola idea con la liberación. El colono no es libre, no es plenamente humano. Lo que ha producido más bien es la captura de lo humano bajo una forma de perpetuación de la forma humana bajo contornos estrechos. El colono es aquel que ha sacrificado su humanidad en el camino de la negación de todo mundo posible y la invención de un infierno en la tierra. La nueva humanidad que anuncia el colonizado, en cambio, no siente vergüenza de la aventura, al contrario, la ama y a ella se lanza. Pero no se lanza sólo, sino con los otros. Si el colono es individuo, el descolonizado es multitudes. Si el colono es pureza, el descolonizado es la mezcla.